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Los tres «cristianos» y el conflicto moro: la marginalización de los musulmanes en Filipinas

El origen de este conflicto se encuentra en las políticas coloniales españolas, que marginalizaron a los musulmanes del sur del archipiélago, algo que continuó con el periodo colonial estadounidense y, más recientemente, con la propia República de Filipinas. Con los acontecimientos recientes, la paz está más cerca que nunca.

Filipinas es el país con mayor población cristiana de Asia, así como el único con una mayoría cristiana en la región. No obstante, hay una minoría significativa en el país que profesa la religión musulmana: los moros. ​Moro es el nombre con el que se suele conocer a los grupos etnolingüísticos musulmanes filipinos y es un término que crearon los colonizadores españoles en el siglo XVI para describir a la población musulmana del sur de Filipinas. Por tanto, los moros no son un grupo homogéneo y unitario, sino que es el nombre genérico que se les da a todos los musulmanes filipinos.

De esta forma, existen varios grupos etnolingüísticos, aunque tres grupos constituyen la mayoría: los manguindanaos, los maranos y los tausug. Las áreas Moro del sur de Filipinas se han definido ampliamente como los territorios de Mindanao, así como las islas circundantes en el archipiélago de Sulu. Incluyen las cinco provincias donde los musulmanes siguen siendo mayoría: Maguindanao, Basilan, Tawi-Tawi, Lanao Del Sur y Sulu.

Mapa de Filipinas que muestra las áreas donde sigue habiendo una mayoría de los musulmanes moros en Mindanao. Fuente: Prince Denison/Wikimedia

El profesor Joseph Liow destaca tres características de estas regiones. En primer lugar, aquí se concentra la gran mayoría de los musulmanes filipinos, que, según la mayoría de las cifras del censo, ascienden a entre cuatro y cinco millones, aunque los musulmanes en realidad solo forman mayorías numéricas en las cinco provincias antes mencionadas. En segundo lugar, estas son áreas identificadas entre las más pobres de Filipinas. En tercer y último lugar, hasta hace relativamente poco, grandes segmentos de la población local, conocida en el léxico actual colectivamente como Bangsamoro, han estado librando una rebelión armada prolongada contra la autoridad central desde la época de los intentos españoles de colonizar la región.

A pesar de la diferenciación de los musulmanes frente a la mayoría cristiana de Filipinas, estos no han estado históricamente unidos y los diversos grupos etnolingüísticos han sido a menudo hostiles entre sí. Sin embargo, han compartido una hostilidad común hacia las autoridades centrales —los conocidos como tres “cristianos”—: los españoles primero, los estadounidenses después y, finalmente, contra el gobierno central de Filipinas tras la independencia formal del país.

Desde finales de los años sesenta, estas regiones han experimentado continuos enfrentamientos que han provocado desplazamientos masivos, afectando sobre todo a las poblaciones musulmanas. Estas regiones, además, han escapado del ​boom económico filipino, que ha estado en constante crecimiento durante la última década, con aproximadamente un 6% de media anual de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB). Esto contrasta con Bangsamoro, que ha sido la única región en todo Filipinas donde la pobreza ha aumentado, con un PIB per cápita nominal parecido al de Haití, uno de los países más pobres del mundo.

El primer “cristiano”: el legado español en el conflicto

Cuando los españoles llegaron, el islam ya llevaba en el sur de Filipinas más de dos siglos, siendo la primera religión monoteísta que llegó al archipiélago. El islam llegó a Filipinas a través de comerciantes árabes y misioneros islámicos, que navegaron hacia el archipiélago de Sulu, Mindanao y las Bisayas en algún momento del decimotercer siglo. Los moros desarrollaron un sistema religioso, social y político centralizado basado en el Corán. De esta forma, surgieron varios sultanatos similares a los que se desarrollaron en lo que ahora son Indonesia y Malasia, siendo los sultanes tanto líderes religiosos como líderes seculares​.

Con la conquista española en el siglo XVI, el dominio colonial influyó en la composición étnica y religiosa de Filipinas, principalmente mediante la introducción del cristianismo. Las políticas coloniales, incluyendo los títulos de propiedad y el patrocinio, crearon prejuicios profundamente arraigados entre los diferentes grupos etnolingüísticos, particularmente hacia aquellos que se resistieron a la conversión al catolicismo. El cristianismo llevado por los colonizadores occidentales, según los profesores Jamon y Mirandilla, ha moldeado la identidad filipina moderna y ahora es uno de sus principales elementos definitorios.

Los colonizadores españoles, mediante sus frailes, predicaron y difundieron la fe católica, siendo la fundamentación de la conquista la “civilización y la cristianización de las tierras paganas”. Los misioneros cristianos —los frailes españoles (1521-1898) y, posteriormente, los pastores protestantes estadounidenses (1898-1946)— usurparon el rol de los babaylanes (los chamanes tradicionales filipinos precoloniales) y destruyeron a los sultanes musulmanes. En esta labor, las iglesias católicas y protestantes ayudaron a legitimar el control político de los colonizadores y el dominio de las élites políticas filipinas.

España y Filipinas. Pintura de Juan Luna.

No obstante, durante los más de trescientos años que duró la colonización española, los españoles no lograron someter a las poblaciones musulmanas de las islas meridionales y solo lograron una conquista superficial en las últimas décadas del siglo XIX. Cuando llegaron a Filipinas, lo hicieron por el norte y, al principio, buscaron también incorporar los territorios al sur. A pesar de establecer ciertos puntos de control, no poseían los recursos suficientes para infligir una derrota definitiva a los líderes locales. La población tampoco estaba por la labor, lo que imposibilitó la cristianización y esto se convirtió en el factor de la resistencia frente a los españoles.

Sólo desde 1850, en el final de su periodo colonial, los españoles iniciaron una serie de expediciones militares y navales y, en 1890, ocho años antes de la guerra contra Estados Unidos, conquistaron Mindanao y Sulu, estableciendo unas posiciones navales y militares para prevenir acciones hostiles contra sus territorios del norte. La conquista de estos territorios, sin embargo, no estuvo acompañada de un intento por reemplazar a los líderes tradicionales locales.

El segundo “cristiano”: el periodo colonial estadounidense

Cuando llegaron los estadounidenses, desde un principio, se acercaron a los filipinos cristianos y musulmanes como entidades claramente separadas con historias dispares. Los estadounidenses pensaron que era mejor neutralizar la amenaza de los moros reconociendo formalmente la excepción musulmana y prometiendo una autonomía provisional. No obstante, esta política fue descartada posteriormente, ya que los estadounidenses la consideraron ineficaz. Por ello, Washington restableció el patrón español de buscar el control político total sobre la zona musulmana. Los estadounidenses, preocupados por la resistencia musulmana a su presencia, iniciaron una serie de acciones militares y policiales contra los líderes musulmanes que les desafiaban.

Por tanto, una tendencia histórica dentro de Mindanao ha sido el desplazamiento de los moros, tanto territorial como política y socialmente. Este desplazamiento se inició en el siglo XIX con la relativa conquista española, pero se desarrolló y aceleró, principalmente, durante la colonización estadounidense.

En la primera década del siglo XX, las autoridades coloniales estadounidenses iniciaron políticas para reubicar a habitantes de las islas del norte en Mindanao. Asimismo, el desarrollo de la agricultura de plantaciones a gran escala para la exportación comercial proporcionó un incentivo adicional para la inmigración de los cristianos del norte hacia el sur. A través de estas políticas de reasentamiento, los moros no solo perdieron gran parte de sus tierras, sino que también se convirtieron en minorías en su propio hogar. De alrededor del 76% de la población mora en 1903, se pasó al 19% en la isla de Mindanao en 1990.  

El período americano duró hasta 1946, cuando la soberanía pasó a la República de Filipinas, que incorporó la región de Mindanao-Sulu a pesar del poco entusiasmo de la población musulmana. La decisión de incorporar los territorios del sur a una nación más grande se tomó ya en 1915, y los funcionarios filipinos del norte hispanizado habían tomado el control sobre la nación emergente. En este sentido, la independencia del país y el establecimiento de un gobierno autóctono no supuso ni mucho menos el fin de la marginalización de los musulmanes filipinos, lo que condujo en último término al nacimiento del Frente Nacional de Liberación Mora (FNLM) y a uno de los conflictos más largos de la historia mundial reciente.

El tercer “cristiano” y la continuidad de la marginalización

Desde la década de 1930 en adelante, la migración de colonos cristianos de las islas Bisayas y Luzón y las políticas de tierras discriminatorias empujaron a los moros a una porción cada vez más reducida del centro de Mindanao y el archipiélago de Sulu. Después de que Filipinas lograra la independencia en 1946, la población musulmana se volvió progresivamente más marginada por el gobierno central. En este periodo surge el nacionalismo y la identidad mora, inicialmente entre los intelectuales musulmanes.

La bandera de los Estados Unidos de América se baja mientras que la bandera de Filipinas se iza durante las ceremonias del Día de la Independencia el 4 de julio de 1946. Fuente: Biblioteca y Museo Presidencial de Filipinas

En la década de los años cincuenta, las disparidades económicas entre los musulmanes filipinos y los cristianos generadas por la migración cristiana al sur musulmán ya se estaban volviendo notorias. El Congreso de Filipinas, impulsado por la intensificación del «bandidaje» musulmán en Mindanao y Sulu, nombró un Comité Especial para investigar las causas de esas disparidades y sus posibles soluciones. El Comité adoptó el discurso colonial del atraso musulmán y propuso la integración como solución en su informe. Este informe reconoció la pobreza que asolaba a los musulmanes filipinos, pero ignoró la evidencia que vincula el empobrecimiento relativo de los musulmanes con la inmigración cristiana y culpó solo a la cultura musulmana como causa de la pobreza

El Comité Especial recomendó la creación de becas universitarias como principal instrumento de política para lograr la integración. Así, el gobierno filipino poscolonial continuó la práctica establecida por primera vez durante el período estadounidense de «desarrollar» a los musulmanes filipinos no proporcionándoles los recursos materiales de Occidente, sino esforzándose por eliminar (mediante la provisión selectiva de educación universitaria) las discapacidades culturales que “obstaculizaban” su avance e, indirectamente, el de la nación filipina.

La formación del Frente Nacional de Liberación Mora

En 1968, se produjo la masacre de Jabidah, en la que los reclutas moros del ejército filipino fueron asesinados por sus oficiales al mando cuando se amotinaron. Esta masacre causó la ira de los moros. Nur Misuari —profesor universitario de Sulu que enseñaba en Manila—, junto con otros moros, se movilizaron en apoyo de la secesión. Un año después, en 1969, Nur Misuari y otras ochenta y nueve personas recibieron entrenamiento militar en Malasia, conformando el núcleo del Frente Nacional de Liberación Mora (FNLM), que se estableció en 1971. Mientras tanto, la violencia entre los moros y los cristianos se intensificó en Mindanao. Con esto, el presidente filipino Ferdinanz Marcos utilizó estos disturbios para declarar la ley marcial en 1972, lo que dio inicio a la insurgencia. El FNLM, con el apoyo de Malasia y Libia, se convirtió en el abanderado del movimiento separatista armado.

Nur Misuari en 2009. Fuente: Keith Bacongco/Wikimedia

El resultado fue una guerra de guerrillas a gran escala y el FNLM proclamó a Mindanao, Sulu y Palawan como Bangsamoro. El conflicto dejó 120.000 muertos, además de más de un millón de refugiados internos y la huida de más de 100.000 filipinos musulmanes a Malasia. Además, el conflicto tuvo un gran coste para el gobierno central de Marcos, ya que se estima que hasta tres cuartas partes de las fuerzas armadas tuvieron que desplegarse en el sur de Filipinas. En 1976, la lucha se estancó, sin que ninguno de los bandos pudiera infringir una derrota crítica al otro.

El FNLM contó con el apoyo internacional de varios estados musulmanes y también de un influyente organismo internacional: la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) —que, además, sería posteriormente el instrumento por el cual se desarrolló principalmente la participación internacional en el proceso de paz con el FNLM—. En marzo de 1973, en la cuarta Conferencia Islámica de ministros de relaciones exteriores en Libia, se estableció una comisión cuatripartita (compuesta por Libia, Arabia Saudí, Senegal y Somalia) que expresó su profunda preocupación por los informes de represión y exterminio masivo de musulmanes en el sur de Filipinas.

En junio de 1974, en la quinta Conferencia Islámica de ministros de relaciones exteriores en Malasia, se llamaba a la solución del conflicto dentro del marco de la soberanía nacional y la integridad territorial de Filipinas. Esto tuvo una gran importancia en las negociaciones, ya que marcó la línea roja del gobierno filipino y socavó el posible deseo de una independencia de los musulmanes filipinos. Así, la diplomacia continuó mientras los combates en tierra proseguían y, en 1976, se llegó al Acuerdo de Trípoli, por el cual se establecería un gobierno autónomo tras un plebiscito en trece provincias y nueve ciudades por todo Mindanao y Palawan.  

El alto al fuego entró en vigor en 1977, pero duró únicamente 9 meses. En febrero de ese año se iniciaron las negociaciones para la implementación del acuerdo de paz, no obstante, estas fracasaron pronto debido a la divergencia en las interpretaciones del acuerdo. El gobierno de Marcos procedió entonces a implementar el Acuerdo de Trípoli en sus propios términos mediante la creación de dos regiones autónomas especiales, una para Mindanao Central y otra para Sulu, que fueron dirigidas por élites moras “cooptadas”. El combate se reanudó, pero no al mismo nivel que en el momento pre-acuerdo de paz.

Las escisiones del FNLM y el inicio de las negociaciones de paz

El Frente Nacional de Liberación Mora se dividió a lo largo de líneas étnicas y geográficas en 1984. Hashim Salamat, quien se desempeñaba como jefe de relaciones exteriores del FNLM, se separó de esta para establecer el Frente Islámico de Liberación Mora (FILM), llevándose consigo las fuerzas centrales con base en Mindanao y estableciendo una escisión. Esta rivalidad ha complicado las negociaciones desde entonces.

Emblema del FILM. Fuente: Jaume Ollé/Wikimedia

Otro grupo escindido del FNLM llamado Abu Sayyaf, dirigido por el erudito musulmán Abdurajak Janjalani, surgió aproximadamente al mismo tiempo que el FILM con el objetivo de la independencia completa y el establecimiento de un estado islámico en Mindanao. Este grupo causó grandes estragos durante los últimos años del siglo XX y los primeros años del nuevo milenio, organizando secuestros, toma de rehenes y atentados terroristas. De hecho, tras los atentados del 11-S, este grupo fue vinculado a al-Qaeda, debido al hecho de que varios de sus líderes fueron entrenados en Oriente Medio bajo los auspicios de la asistencia de Osama bin Laden.

En 1986, se iniciaba un proceso democrático por el cual se terminaba con el régimen de Marcos, pero no así con el conflicto moro. En el proceso de elaboración de la nueva Constitución para Filipinas, se incluyeron disposiciones de autonomía para la Mindanao musulmana. No obstante, en las negociaciones del gobierno central con el FNLM, se llegó al Acuerdo de Yeda (Arabia Saudí), por el cual se suspendía la autonomía hasta que el FNLM realizara las consultas pertinentes al Mindanao musulmán. El problema principal se encontraba en que el FNLM quería incorporar algunas provincias con mayoría cristiana.

Finalmente, el gobierno filipino estableció la región autónoma a pesar de la oposición del FNLM. En 1989, el Congreso filipino aprobó una ley por la cual se creaba la Región Autónoma del Mindanao Musulmán (RAMM). En el plebiscito, sólo Sulu, Tawi-Tawi Maguindanao y Lanao del Sur (a excepción de la ciudad de Marawi) votaron para unirse. Por el contrario, las dos principales ciudades del centro de Mindanao, la ciudad de Cotabato y la ciudad de Marawi se quedaron fuera. Así, esta región autónoma no logró satisfacer las aspiraciones nacionalistas moras, por lo que las organizaciones insurgentes siguieron disponiendo del apoyo popular.

En 1996, el gobierno central y el FNLM llegaron a un nuevo acuerdo de paz en Indonesia, por el cual, el gobierno central filipino se comprometía a ampliar las zonas autónomas a las acordadas en el acuerdo de 1976. Sin embargo, este acuerdo volvió a fallar, ya que las ayudas prometidas por el gobierno central no fueron materializadas, debido a la corrupción y a la violencia que persistió en ambos bandos.

Mientras tanto, las divisiones dentro del FNLM se acentuaban. El más radical FILM reclamaba una autonomía y una gobernanza islámica, y colocó la lucha contra el gobierno central bajo la bandera de la yihad. Durante mediados de los años 90, el FILM había ido ganando posiciones controlando partes estratégicas en el centro de Mindanao y se opuso firmemente al acuerdo negociado entre el gobierno central y el FNLM en Indonesia. En 1997, el gobierno central negoció un alto el fuego con el FILM, sin embargo, en 1999, un nuevo gobierno en Manila, encabezado por Joseph Estrada, se opuso a realizar nuevas concesiones. Así, el nuevo presidente Estrada lanzó una guerra total contra el grupo en el año 2000.

La nueva Región Autónoma de Bangsamoro en el Mindanao Musulmán

El gran momento para resolver la cuestión de Mindanao comenzó a mediados de 2010, cuando el presidente Benigno Aquino III asumió la presidencia. El gobierno filipino y el FILM firmaron el acuerdo marco en octubre de 2012 y el acuerdo global en marzo de 2014. Estos acuerdos establecieron una visión de una región autónoma más grande y poderosa llamada “Bangsamoro”. El FILM hizo concesiones significativas para asegurar el acuerdo, ya que consideraban que el presidente Aquino podría y estaría dispuesto a implementar los acuerdos en su totalidad, a diferencia de sus predecesores.

El acuerdo de paz firmado en 2014 constituyó el gran hito para la consecución de la paz, tan necesaria en la región musulmana de Filipinas. Este acuerdo prevé la constitución de una región autónoma mucho más ambiciosa que los acuerdos anteriores con competencias exclusivas: fuerzas policiales regionales, un sistema parlamentario y una independencia fiscal respecto al gobierno central, además de un sistema judicial provisto de preceptos islámicos.

En 2015, un suceso pondría en peligro el proceso de paz para Mindanao. A finales de enero de ese año, comandos de la policía filipina entraron en una aldea bajo el control del FILM para matar al extremista malayo Zulkifly bin Hir y a su aliado local Basit Usman. Esta operación policial no fue comunicada al FILM y el resultado fue desastroso. 44 policías, 17 miembros del FILM y 5 civiles murieron en la operación, desatando una crisis en el proceso de paz y en la credibilidad del FILM frente a los legisladores y políticos, así como en el público filipino en general.

De esta forma, las presiones y el cuestionamiento sobre la constitucionalidad del acuerdo comenzaron a aflorar en Filipinas. En junio de 2015, un grupo de ex políticos y funcionarios de la iglesia católica presentaron una petición ante la Corte Suprema desafiando la constitucionalidad de los acuerdos de paz y solicitando a los jueces que emitieran una orden de restricción temporal para evitar su implementación.

En el momento del incidente, Filipinas estaba entrando en su temporada de elecciones con varios senadores postulándose a la presidencia. Se iniciaron innumerables investigaciones y audiencias en el Congreso, y el apoyo político a la aprobación de la Ley Básica se evaporó. El FILM trató de mostrar su buena voluntad desmantelando las armas pesadas, pero el entorno político era tan tóxico para el proceso de paz que dificultó enormemente este proceso. El sentimiento anti-FILM sólo fue frenado gracias a los esfuerzos de los líderes de las Fuerzas Armadas de Filipinas.

Aunque simpatizaba con la difícil situación del Bangsamoro, el presidente Rodrigo Duterte, que fue elegido en mayo de 2016, envió mensajes contradictorios sobre el proceso de paz del FILM. Si bien no se opuso al acuerdo de paz en principio, le preocupaba que consumiera el capital político que necesitaba para lograr su principal objetivo legislativo: una enmienda constitucional para establecer un sistema federal.

No obstante, a mediados de 2017 ocurrió un suceso que propició el aceleramiento del proceso de paz e hizo ver tanto al gobierno central como al FILM la importancia y la necesidad de garantizar la paz y la seguridad en el sur de Filipinas. En mayo de 2017, una serie de combatientes moros y extranjeros venidos de Yemen y Chechenia que habían jurado fidelidad al DAESH lanzaron una ofensiva contra la ciudad de Marawi que pilló por sorpresa a las fuerzas filipinas. El ejército filipino lanzó una contraofensiva para recuperar la ciudad, dando lugar a un conflicto que duró cinco meses.

Un edificio en Marawi es incendiado por los ataques aéreos llevados a cabo por la Fuerza Aérea de Filipinas. Fuente: Mark Jhomel/Wikimedia

A mediados de 2018, el Congreso de Filipinas aprobaba finalmente la legislación para la implementación del acuerdo de paz y, en enero de 2019, la Región Autónoma de Bangsamoro del Mindanao Musulmán se estableció formalmente por plebiscito. Esta nueva región estaría gobernada por la Autoridad de Transición en Bangsamoro, un parlamento interino hasta la celebración de elecciones en 2022. Esta autoridad de transición ha pretendido ser inclusiva, ya que dentro del parlamento se han incluido tanto antiguos funcionarios de la Región Autónoma del Mindanao Musulmán, como a miembros del FNLM y del FILM.

Perspectivas futuras: por fin, ¿un acuerdo de paz duradero?

La reciente aprobación de la Región Autónoma de Bangsamoro en el Mindanao Musulmán ha sido un gran logro para la consecución de una paz larga y duradera para una región que ha estado asolada por un conflicto desde hace cincuenta años y cuyos habitantes musulmanes han sufrido un largo periodo de marginación y olvido. No obstante, el proceso de paz en el que está envuelto esta región no carece de ciertas dificultades para su conclusión. Podemos destacar cuatro principales dificultades.

Mapa que muestra las unidades de gobierno local de la Región Autónoma de Bangsamoro en Mindanao Musulmán, incluida la Zona Geográfica Especial en Cotabato. Fuente: Wikimedia

En primer lugar, la analista Miyoko Tamaguchi señala que al igual que en otros procesos de paz, una primera dificultad que enfrenta el proceso de paz en el Mindanao Musulmán es el referido a la transición de los rebeldes armados en gobernantes o políticos y de una organización revolucionaria en una forma de gobierno. A este respecto, el presidente del FILM, Murad Ebrahim señalaba en una entrevista: “el primer desafío al que nos enfrentamos es la propia vida de oficina. Es un desafío transformar nuestra organización en una estructura de gobierno. Como jefe de gobierno, mi vida es diferente a lo que era como jefe de una organización revolucionaria”.

En segundo lugar, otra dificultad radica en el alto nivel de terrorismo en Filipinas, sobre todo en Mindanao. Durante los últimos años, además de los cinco meses de ocupación de la ciudad de Marawi por parte del DAESH, Filipinas ha sufrido notables ataques terroristas. A pesar del rechazo por parte de los dirigentes del FILM a estos ataques, muchos de los integrantes de los grupos terroristas que actúan en Filipinas eran anteriores miembros del FILM. Por ello, es crucial que la nueva administración de la transición y el gobierno surgido a partir de las elecciones de 2022 adopten una postura firme frente al terrorismo islámico para ganar una credibilidad tanto para con el gobierno central de Manila como con la sociedad internacional.

En tercer lugar, tras pocos meses de funcionamiento del gobierno de transición, la crisis de la COVID-19 ha afectado enormemente a la región debido a su débil sistema de atención sanitaria. Precisamente, el 29 de octubre de 2021, el gobierno de Filipinas anunció el retraso de las primeras elecciones en Bangsamoro a petición de las autoridades de la región autónoma, aludiendo a las dificultades que la pandemia había ocasionado en su hoja de ruta.

En cuarto lugar, la analista Katrina Auditor señala la lenta llegada de los fondos prometidos por el gobierno de Manila para la reconstrucción de la ciudad de Marawi destruida por los combates. Tres años después del conflicto, la ciudad sigue en ruinas y 125.000 de sus habitantes siguen desplazados. De esta forma, el descontento público podría alimentar la militancia y los puntos de vista radicales, que podrían conducir a más violencia en la región.

En conclusión, tras cinco décadas de conflicto, la paz está más cerca que nunca, pero no hay que descuidar las posibles dificultades que puedan surgir en el proceso de paz, por lo que en ambos bandos debe haber una predisposición para resolver los puntos de fricción. El diálogo interreligioso y el entendimiento mutuo entre las diferentes culturas religiosas debe sentar la base para una convivencia pacífica futura y el desarrollo económico, el bienestar y la mejora de vida de los musulmanes en Filipinas deben ser los objetivos que guíen el interés tanto del gobierno de Manila como del gobierno de la nueva Región Autónoma de Bangsamoro del Mindanao Musulmán tras siglos de marginación y opresión.

Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

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