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La Nueva Política del Sur: cómo Corea del Sur busca convertirse en una potencia media regional

Buscando romper con su dependencia con respecto de sus vecinos inmediatos y obtener nuevos mercados para impulsar su economía, Moon Jae-in ha lanzado la Nueva Política del Sur, dirigida hacia la ASEAN e India, tratando de demostrar así el estatus de Corea del Sur como Potencia Media.

La aparición de Corea como sujeto político tiene lugar a partir de la unificación de los tres reinos por la dinastía Koryo a principios del siglo X. A pesar de ello, el nuevo estado nunca fue poderoso y su supervivencia dependió enormemente del vasallaje que mostraba hacia el Imperio Chino. Este hecho explica la definición tradicional de Corea como un reino ermitaño. Igualmente, su localización geográfica la ha situado en un entorno geopolítico complicado, ya que siempre se ha encontrado rodeada de vecinos poderosos, principalmente China y Japón cuando este último cambió la política del sakuko (aislamiento) para convertirse en la potencia hegemónica en Asia tras la Restauración Meiji. La situación geopolítica de Corea se ha definido como una gamba (Corea) entre dos ballenas (China y Japón).

73 años después de la fundación de la República de Corea, ésta presenta enormes diferencias con el pasado. Entre ellas podrían destacarse la transformación económica, que la coloca como la 4ª economía asiática en términos de Producto Interior Bruto (PIB), o los avances en defensa, que han derivado en la disposición de uno de los ejércitos mejor equipados y preparados del mundo. Sin embargo, pese a las transformaciones que ha experimentado desde las reformas económicas de Park Chung-hee, Seúl aún no ha sido capaz de superar el hecho de ser la gamba entre las ballenas, a pesar de que Japón se encuentra imposibilitado para llevar a cabo nuevas tentativas expansionistas y la seguridad y defensa de Corea están garantizadas por el tratado de Seguridad EE. UU.- República de Corea, en vigor desde la firma del armisticio de la guerra de Corea.

Por otro lado, su economía es altamente dependiente de las exportaciones hacia la República Popular China (RPCh), quien es su principal cliente (24,5% de las exportaciones de Corea tienen la RPCh como receptor) y proveedor (22,2% de las importaciones totales). Una situación, que en el nuevo contexto de rivalidad política (en torno al conflicto con Pyongyang) y económica (guerra comercial) entre Washington y Pekín vuelven a situar a Seúl en la posición de la gamba entre dos ballenas, puesto que un hipotético conflicto entre las dos grandes potencias mundiales tendría fuertes implicaciones para el país.

En 2017, las tensiones entre Washington y Pyongyang derivadas de la aceleración del programa nuclear y de las pruebas balísticas del último se saldaron con sanciones comerciales de Pekín hacia sectores estratégicos, como las ventas minoristas, de las que dependen la gran parte de las exportaciones de Seúl. Este contexto y la llegada de Moon Jae-in obligaron a reformular los principios de la política exterior de Corea del Sur con el objetivo de evitar la dependencia de los principales países de la región: EE. UU., China, Corea del Norte y, en menor medida, Rusia.

Ciertamente, la llegada de Moon a la presidencia de la República abrió nuevas expectativas que recordaban a los principios de la política de Roh Moo-hyun, con quien el actual presidente trabajó como jefe de personal y asesor presidencial. La precampaña mostró signos de distanciamiento con la línea dura de sus predecesores, Lee Myung-bak y Park Geung-hye, configurando una política de acercamiento con el norte, conocida como “la política de la luna”.

No obstante, el mandato del actual presidente se ha caracterizado por las limitaciones y el agotamiento del milagro del río Han, junto con la necesidad de impulsar reformas económicas. Como ya se ha mencionado, las sanciones impuestas por Pekín como represalia por el apoyo de Seúl a Washington en relación a las sanciones que la Casa Azul y la Casa Blanca impusieron a Pekín por su falta de compromiso con el desarme nuclear de Pyongyang tuvieron un efecto desastroso en la economía surcoreana como resultado de su dependencia de las exportaciones hacia la RPCh. Así, Seúl se ha visto obligado a buscar nuevos mercados para la exportación de sus productos que le permitieran aminorar su dependencia estructural del mercado chino.

La política exterior de Moon Jae-In hacia Corea del Norte: una brecha más allá de lo fronterizo

La política exterior es un elemento central de la política interna de Corea del Sur, llegando a ser incluso decisoria en los resultados de las elecciones. Los recientes cambios en la misma por parte del gobierno del presidente Moon Jae-in han roto con años de doctrina, lo que ha podido tener un coste político elevado, cuyas consecuencias solo el futuro podrá ser capaz de clarificar. […]

La Nueva Política del Sur: en la búsqueda de nuevos mercados

El área por el que Moon Jae-in ha intentado expandirse se concentra en la región del Sudeste Asiático e India. En cuanto a la Asociación de Países del Sudeste Asiático (ASEAN), Corea del Sur ya participa a través del formato de ASEAN + 3 junto con China y Japón desde 1997. Sin embargo, Seúl ha tratado de liderar las relaciones, puesto que intenta emplear su poder blando en su orientación hacia la región. El hecho de que Corea del Sur se haya convertido en el único estado del mundo que ha pasado en una sola generación de ser un receptor neto de ayuda al desarrollo —cabe destacar que, en 1953, el PIB de Corea del Sur era equivalente a los países más pobres de todo el mundo, con niveles de PIB per cápita equivalentes a los de Ghana— a convertirse en un donante neto le otorga una posición privilegiada para animar a los estados de la ASEAN a aplicar su modelo para mejorar sus economías. Del mismo modo, tanto la ASEAN como India presentan un dinamismo económico muy atractivo para las empresas surcoreanas.

En el caso de la India, Seúl valora positivamente el volumen del mercado (más de mil millones de potenciales consumidores), junto con la apuesta de Nueva Delhi por implementar e impulsar industrias tecnológicas potentes. Asimismo, la cooperación en materia nuclear conjunta de sus dos grandes rivales, Corea del Norte y Pakistán, respectivamente, ayuda al impulso de los vínculos entre Seúl y Nueva Delhi.

La Nueva Política del Sur se ha manifestado en la puesta en marcha de la primera cumbre de Busan —que reunió a los jefes de gobierno de todos los países de la ASEAN con Seúl—, donde se acordó el impulso de una  asociación estratégica para reforzar la cooperación regional para la paz y la estabilidad mediante la coordinación continua entre Corea y los miembros de la ASEAN, junto con el impulso del diálogo y la cooperación de los Estados de la ASEAN para apoyar la completa desnuclearización de la península de Corea y la paz regional.

El Sudeste Asiático representa, como ya se ha mencionado, una de las regiones más atractivas a nivel económico del mundo. Un hecho que se traduce en la presencia de los llamados nuevos tigres asiáticos (tales como, Vietnam, Tailandia, Indonesia, Filipinas o Malasia), quienes, pese a no seguir los patrones de los tres grandes milagros económicos de Asia (Japón, Corea del Sur y China), se están consolidando como economías dinámicas con altos niveles de crecimiento. Además, ciertos vectores como el demográfico y el geográfico, así como la implicación de los gobiernos en el crecimiento y desarrollo económico, sitúan a Asia como la región más dinámica del planeta. Esto se debe al despliegue de las industrias económicas del futuro conectadas con la digitalización, que la pueden consolidar como el motor económico global, en detrimento de las regiones industrializadas que han marcado las reglas de la economía con centro en Europa y en Norteamérica.

Esta importancia económica ha causado que Seúl se encuentre interesado en jugar un papel de potencia media (Middle Power en inglés) y convertirse en un socio comercial y diplomático potente para estos Estados, que todavía disponen de unos niveles de Índice de Desarrollo Humano atrasados en relación con otras regiones.

La lucha por el poder: ¿tiene sitio Corea del Sur?

Corea del Sur no es el único estado interesado en aprovechar el potencial del mercado de la región del Sudeste Asiático, puesto que Tokio y Pekín tampoco quieren renunciar a establecer potentes lazos con estos estados para su desarrollo económico. Las relaciones entre Tokio y la ASEAN se remontan a 1977, con la aprobación de la doctrina Fukuda, que marcó los principios que guiarían las relaciones de Tokio con estos estados. Asimismo, la República Popular China ha obtenido unas buenas relaciones con estos países debido a la inversión en sistemas de infraestructura y logísticos para mejorar las infraestructuras de estos estados, consideradas esenciales para la mejora de sus Índices de Desarrollo Humano.

La influencia china en el Sudeste Asiático

La creciente competición sinoestadounidense, con su proyección en el Pacífico y, sobre todo, en el Sudeste Asiático, va a marcar el desarrollo de la Sociedad Internacional en los años venideros. La influencia china, especialmente tras la llegada de Xi Jinping al poder, en la región ha aumentado exponencialmente durante los últimos años en todos y cada uno de los ámbitos que conforman las relaciones bilaterales, […]

Lo mismo puede decirse de EE. UU., que considera a los países de Asia-Pacífico como estratégicamente esenciales para su seguridad y la defensa de su hegemonía para frenar el ascenso de Pekín en la región, tal como se vio en la pérdida de peso de la tradicional alianza atlántica por la política del “Pivote hacia Asia” anunciada por el presidente Obama y la firma de acuerdos comerciales relevantes como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).

Incluso Rusia ha mostrado interés en aumentar su presencia regional con el despliegue de la política del “giro hacia el este”, donde el Kremlin percibe que una ASEAN más fuerte económicamente actuaría como un contrapeso importante a las tentativas de Washington y Pekín para convertirse en la potencia hegemónica de la región y mantener el equilibrio de poder regional, como demuestra la importancia que está adquiriendo Hanói en la política exterior de la Federación Rusa.

Estos hechos están poniendo de manifiesto las dificultades que tiene Seúl para impulsar rápidamente los lazos con los países de la región, puesto que la doctrina política de Moon sintetizada en la Nueva Política del Sur es de nueva implantación y hace que Corea del Sur sea un socio relativamente nuevo en la región en contraste con las demás grandes potencias.

¿Un fracaso de Moon Jae-in?

Con todo, a poco menos de medio año para la expiración del mandato político de Moon Jae-in, se puede hacer un balance de los resultados de la Nueva Política del Sur. Entre los aspectos positivos del lanzamiento de la iniciativa está el hecho de que esta nueva política ha permitido dar visibilidad a la voluntad de Seúl de presentarse como una potencia media ampliando su área de actuación, que hasta entonces se encontraba reducida a la región de Asia Oriental.

No obstante, en cierto modo ha representado un fracaso debido a su incapacidad para dar respuesta a sus objetivos principales, ya que Corea del Sur aún depende enormemente de las exportaciones hacia China y de las importaciones japonesas y chinas. Igualmente, el impulso a la participación de más estados regionales para frenar y disuadir a Corea del Norte de continuar en sus provocaciones no ha tenido el efecto deseado, puesto que Pyongyang ha continuado con su agresividad a partir del desarrollo de nuevas pruebas nucleares y balísticas.

De la misma manera, el orden de Asia-Pacífico sigue demandando la presencia de Washington como una condición sine qua non para evitar la hegemonía de Pekín, ya que no hay ninguna potencia que por sí misma pueda hacerle frente. Una situación que connota el hecho de que la seguridad y defensa de Seúl se encuentre garantizada por el Tratado de Seguridad con Washington y que la limita enormemente para desplegar una política de defensa autónoma sin tener presente a su socio estadounidense.

Por tanto, se puede afirmar que cinco años después de la puesta en marcha del gran proyecto de política exterior de Moon Jae-in, éste no ha dado los resultados esperados, ya que, a fin de cuentas, Corea del Sur sigue en la misma tesitura en la que se encontraba antes del lanzamiento de la Nueva Política del Sur.

Hacer un pronóstico sobre la continuidad de la Nueva Política del Sur por parte del próximo presidente es difícil. Por un lado, ciertamente, Corea del Sur no puede renunciar a jugar un papel comercial relevante con los estados del Sudeste Asiático pero, al mismo tiempo, se ha visto que la economía del país todavía está muy vinculada a los flujos comerciales y la exportación (31,23% del PIB surcoreano corresponde a exportaciones) con Pekín y Tokio, principalmente.

Paralelamente, la búsqueda de nuevos mercados para las exportaciones no actúa como una garantía para solucionar el problema de la economía surcoreana, ya que ésta debe buscar nuevas formas de crecimiento que permitan reducir su enorme dependencia de las exportaciones, tales como el impulso de la demanda interna o la inversión, especialmente en el refuerzo y la productividad del tejido productivo de las PYMES surcoreanas, quienes actualmente no pueden competir en modo alguno con los grandes conglomerados empresariales (cheabols).

En dicho contexto, tal vez debemos preguntarnos si, como resultado de las limitaciones y los síntomas de agotamiento del milagro económico surcoreano, Seúl debería renunciar a ejercer una influencia de potencia media en cuanto a su política exterior y orientarse a la gestión de los problemas económicos internos, tales como las desigualdades sociales o el reparto más equitativo de la riqueza para volver a impulsar su economía y evitar la dependencia comercial tan elevada del país.

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