Categorías
Artículos Asia Oriental Seguridad y defensa Sudeste Asiático

La proyección ártica de las potencias de Asia-Pacífico, ¿qué intereses encuentran en el Polo Norte?

Desde el año 2013 China, Japón, Corea del Sur y Singapur son observadores permanentes del Consejo Ártico, principal foro político de la región. A medida que el deshielo aumenta, se acrecienta el papel de estas potencias en una región que les es lejana, donde pueden sacar rédito de esta desgracia ambiental, y la situación política de la región empuja a estos países hacia el Ártico.

El Ártico es una región que rodea el Polo Norte y que se la suele situar a partir de los 66º 33’ de latitud Norte. Dicha región está constituida principalmente por el Océano Glaciar Ártico y el conjunto de mares adyacentes al mismo, unas aguas que normalmente han permanecido, en mayor o menor medida, cubiertas por hielo y que se encuentran encerradas por las partes más septentrionales del continente euroasiático, por el continente americano y por la isla de Groenlandia.

El Océano Glacial Ártico visto desde el rompehielos Xue Long. Foto: Timo Palo/Wikimedia

No obstante, el Ártico está viviendo un proceso de deshielo. Esto es un hecho indiscutible. Según datos del Centro Nacional de Hielo y Nieve de Estados Unidos, cada vez es menor la extensión de hielo marino en la región ártica, ubicándose el mínimo histórico en el mes de septiembre del año 2012. El origen de este deshielo del Ártico hay que ubicarlo en el fenómeno más general del calentamiento global. El calentamiento global es, además, más pronunciado en los polos de la Tierra y, a su vez, es a partir de su deshielo como se ve más potenciado el cambio climático. Por tanto, el deshielo del Ártico es un proceso que se retroalimenta y se estima que será más acuciante con el paso de los años amenazando con ello la vida tal y como ahora la conocemos.

La extensión del hielo marino ártico en septiembre de 2011 y su superficie media para este mes durante los años 1979-2000. Imagen en nota de prensa de USA Climate.Gov, 2/10/2011.

Sin embargo, el deshielo del Ártico no solo ha supuesto que el mayor “refrigerador global” se halle en peligro. También ha conllevado efectos más “benignos”. Entre ellos, la apertura progresiva de nuevas rutas marítimas en el “techo del planeta”, las cuales implican, en teoría, un menor recorrido. Son dos rutas las que principalmente se están despejando. Por un lado, la llamada Ruta del Noreste, que es un sustitutivo de la que atraviesa el Canal de Suez, cruza toda Euroasia por medio de la costa norte rusa, penetrando por el Atlántico Norte y deparando en el Pacífico a través del estrecho de Bering, y su recorrido es un 40% menor que la distancia de la ruta convencional. Por otro lado, la del Noroeste, que es una alternativa a los viajes que se realizan desde la costa oriental americana a Asia-Pacífico a través del Canal de Panamá, es un 15% más corta.

Las rutas marítimas del Ártico: la Ruta Noreste, la Ruta Noroeste y la Ruta Transpolar. Imagen obtenida del trabajo de Kristin Heske (2015).

Al despeje de rutas por el deshielo se le suma el acceso a una ingente cantidad de recursos naturales que han permanecido escondidos tras el hielo marino, destacando importantes depósitos de hidrocarburos, minerales y pesqueros. La mayoría de trabajos sobre el Ártico subrayan la relevancia de que en esta región haya entre el 25 y el 30% del gas natural total existente en la Tierra, y el 13% del petróleo. En concreto, el informe U.S. Geological Survey de 2008 estima que el total de petróleo y gas natural sin descubrir en el Ártico es de 90.000 millones de barriles de crudo, 1,669 billones de pies cúbicos de gas y 44.000 millones de barriles de gas líquido.

Conscientes de estas consecuencias “positivas”, China, Japón, Corea del Sur y Singapur han puesto su mirada en el Ártico. En particular, por dos motivos principales:

En primer lugar, los Estados anteriormente citados son potencias comerciales a nivel global. Todos ellos se encuentran entre los 20 primeros países con mayor volumen de exportaciones en el año 2019, siendo China la potencia mercader por excelencia —sus exportaciones sumaron un valor total de 2.498.414 millones de $, casi el doble que las de EE. UU., segunda potencia exportadora—. Además, la mayor parte de su tráfico comercial lo realizan por vía marítima. De hecho, el 80% del tráfico mundial de mercancías se efectúa por mar. Y, llegados a este punto, recordemos que las nuevas rutas marítimas que el deshielo del Ártico despejará, en comparación a las rutas convencionales, suponen un acortamiento de la distancia entre puntos de destino. Y, claro, a menor distancia recorrida, menor tiempo de transporte y menor consumo de combustible; por ende, menores costes de transporte, algo que es crucial para potencias comerciales como lo son los Estados de Asia-Pacífico.

Por ejemplo, un viaje desde Tianjin (China) a Hamburgo (Europa) y a Nueva York (costa este americana) a partir de las nuevas rutas árticas cambiaría del siguiente modo:

En segundo lugar, todas estas potencias asiáticas son dependientes energéticamente, es decir, no cuentan con recursos energéticos autóctonos suficientes para satisfacer su gran demanda energética, con lo cual son importadores netos de energía. En el caso de Japón, Corea del Sur y Singapur, llegan a importar más del 80% de la energía que consumen, según datos del Banco Mundial. Con respecto a China, aunque es un gran productor de energía, su oferta no cubre suficientemente bien las necesidades energéticas de una economía en constante crecimiento económico y todavía fuertemente industrializada —el sector secundario suponía el 39% del PIB en el 2019—, con una creciente clase media consumidora, y cada vez menos sujeta a su principal, pero más contaminante, fuente de energía autóctona, el carbón. No en vano China es el principal consumidor de energía a nivel mundial y el que más CO2 emite a la atmósfera.

Así pues, las enormes reservas de hidrocarburos que se hallan tras el hielo marino del Ártico son un suculento recurso que, mediante su importación o explotación directa junto con otros actores, podría garantizar la vitalidad de sus respectivas economías. De ahí que estén tan interesadas por que estos hidrocarburos se exploren y extraigan. Así mismo, del Ártico podrían obtener otras materias primas que son clave para sus industrias nacionales. Es el caso, por ejemplo, de las llamadas “tierras raras”, un conjunto de minerales que son empleados de forma masiva en la industria de la alta tecnología y la innovación, o en las tecnologías verdes. Sobre ellos, China ha puesto su mirada estratégica con el fin de acapararlos, lo que le ha conducido a realizar maniobras políticas y económicas en Groenlandia, donde se hallan el 10% de las reservas mundiales de “tierras raras”, como así señalan autores como Josep Baqués.

Como motivo adicional, la inestabilidad internacional en Asia-Pacífico empuja a estos países hacia el Ártico. Las disputas territoriales que China mantiene abiertas con Japón por la soberanía de las islas Senkaku en el Mar Oriental de China, así como las pretensiones de Beijing en el Mar Meridional de China sobre el archipiélago de las Paracelso y las Spratly en contraposición de otras potencias ribereñas del Sudeste Asiático (Vietnam, Malasia, Indonesia, Filipinas y Brunéi), son el factor principal de la mencionada inestabilidad. Esto genera gran inseguridad en la continuidad del tráfico marítimo que parte de estos mares hacia el Índico, más aún si tenemos en cuenta la existencia de diversos puntos de estrangulamiento (choke points), como el Estrecho de Malaca, que resultan fácilmente bloqueables. A ello se agrega la piratería en el Sudeste Asiático, que es un factor adicional de inseguridad en el tráfico marítimo de las rutas convencionales.

En contraposición, el Ártico es un espacio alejado de estas disputas regionales, y libre de fenómenos irregulares que pueden perturbar el tráfico comercial. Supone una vía alternativa de aprovisionamiento y envío de contenedores, evitando así que cualquier eventual problema en los mares de China o en el paso de Malaca genere una incomunicación total hacia el exterior. Por ello, el Ártico posee un valor agregado de seguridad que China, Japón, Corea del Sur y Singapur tienen en alta estima.

Finalmente, el interés de estos cuatro se ha materializado en una penetración progresiva en los asuntos del Ártico. El año 2013 fue una fecha clave, pues fue cuando se les reconoció oficialmente como observadores permanentes del Consejo Ártico, máximo foro político de la región. Desde entonces han establecido relaciones y zanjado diversos acuerdos con Estados árticos, especialmente con Rusia, con el fin de participar en los beneficios del deshielo. Un ejemplo paradigmático es el proyecto Yamal LNG, que lanzó su producción en diciembre del año 2017. Este proyecto, con accionariado ruso y chino, consiste en un complejo formado por campos de producción de gas natural en el este de la península de Yamal (Siberia Occidental, Rusia), y una planta de licuado y un puerto logístico en Sabetta, desde donde se licua y traslada el gas extraído a Asia Oriental, empleando como medio de transporte rompehielos metaneros construidos por compañías surcoreanas.

No obstante, el broche final a la injerencia de Asia-Pacífico en el Ártico ha sido el lanzamiento chino de la Ruta de la Seda Polar, hecho público en el año 2018 en la China´s Arctic Policy. La Ruta de la Seda Polar es la tercera versión de la Belt and Road Iniciative, y consistiría en un programa internacional liderado por China para construir conjuntamente las rutas marítimas árticas y contribuir así al desarrollo social y económico sostenible del Ártico. Por tanto, si este programa se llegara a cumplir, posiblemente veamos en el futuro más proyectos del estilo Yamal LNG. De hecho, en el año 2019 ya se confirmó el desarrollo de un nuevo proyecto en la península siberiana de Guida, el Arctic LNG 2, el cual comenzaría su producción a partir de 2023 y consistiría también en una joint venture —constituida por empresas rusas (Novatek) y partners internacionales (chino, japoneses y franceses) — dedicada a la producción y exportación de gas natural. En definitiva, progresivamente veremos cómo los designios políticos y económicos del Ártico están siendo controlados por varios Estados de Asia-Pacífico, unas potencias cuanto menos ajenas geográficamente al Círculo Polar Ártico.

Por Rubén Fuster Leal

Licenciado en el Máster Universitario de Seguridad, Defensa y Geoestrategia, y doble graduado en Historia y Ciencia Política. Apasionado de las ciencias sociales, especialmente de la política y las relaciones internacionales. Analista de seguridad y defensa como vocación, investigador como hobby.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s