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¿Se convertirá Vietnam en el socio estratégico de Japón en el Mar de la China Meridional?

La adopción de la Doctrina Masayoshi en Japón a finales de los 70 reforzó un eje Washington-Tokio-Pekín para hacer frente a la URSS. Con el reciente reforzamiento de las relaciones entre Japón y Vietnam, ¿podría esperarse una reedición de esta doctrina y un nuevo eje Washington-Tokio-Hanoi para frenar el ascenso chino?

El fin de la Segunda Guerra Mundial causó la derrota del Imperio Japonés y su posterior ocupación por parte de los EE. UU., quienes establecieron las fundaciones políticas y jurídicas del nuevo estado japonés a partir de la redacción del borrador constitucional, y su posterior aprobación en 1947. En 1948, Shigeru Yoshida se convirtió en el primer ministro japonés y fue el dirigente que estableció los objetivos del país en la postguerra. Estos principios quedaron enmarcados bajo la doctrina Yoshida que, en esencia, defendía la necesidad de apostar por el crecimiento económico para modernizar una nación destruida por la guerra, al tiempo que renunciaba al militarismo y expansionismo que Japón había desplegado tras su victoria en la primera guerra sino-japonesa de 1894.

Sin embargo, para garantizar unas elevadas tasas de crecimiento, la economía japonesa tenía una gran dependencia de las exportaciones hacia sus vecinos asiáticos. No obstante, ni China ni Corea podían satisfacer la oferta de los productos japoneses, debido a sus maltrechas economías. Como consecuencia, y para cumplir los objetivos del crecimiento, Japón se vio obligado a buscar nuevos mercados, principalmente en el Sudeste Asiático, que pudiesen incrementar la demanda de productos industriales japoneses.

La Doctrina Fukuda en el Sudeste Asiático: un nuevo mercado para las exportaciones japonesas

La necesidad de la búsqueda de nuevos mercados de Japón para la exportación de sus productos y mantener unas tasas elevadas de crecimiento económico lo llevó a intentar restablecer las dañadas relaciones con las antiguas colonias del Imperio en el Sudeste Asiático. La visita del primer ministro japonés, Kakuei Tanaka, en enero de 1974 a Filipinas para la promoción de la amistad mutua y la cooperación se encontró con fuertes abucheos por parte de los filipinos, que no olvidaban la actitud de los oficiales del Ejército Imperial Japonés durante la Segunda Guerra Mundial.

La visita de Tanaka forzó a Japón a intentar elaborar una nueva aproximación hacia la región. Esta tuvo lugar bajo el liderazgo del Primer Ministro, Takeo Fukuda, quien estableció el marco de las relaciones de Japón con las antiguas colonias de la ASEAN, que posteriormente se conocería como la doctrina Fukuda. En un discurso en Manila, Fukuda presentó a Japón como un país comprometido con la paz, que nunca se convertiría en una potencia militar, y llamó al establecimiento de una relación de confianza mutua con los países del Sudeste Asiático en amplias áreas.

Finalmente, Japón cooperaría positivamente con la ASEAN y sus países miembros en sus propios esfuerzos, es decir, como un socio igual. En esencia, se trataba de renunciar a los conceptos expuestos por los intelectuales de la Asociación de Apoyo al Régimen Imperial (Taisei Yokusankei), tales como la Gran Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental (Dai-tō-a Kyōeiken), impulsada por el primer ministro japonés durante gran parte de la guerra, Hideki Tojo, o la idea de la creación de una única entidad panasiática, conocida como toyo, bajo el liderazgo de Japón, expuesta por Shumei Ōkawa.

La doctrina Fukuda constituyó las bases de las relaciones futuras entre los países de la ASEAN y Japón. Con Vietnam, estas relaciones se iniciaron más pronto. Durante la guerra de Vietnam, la presión del Partido Comunista Japonés evitó que el primer ministro del Partido Liberal Democrático (PLD), Eisaku Sato, apoyara a las fuerzas de los EE. UU., como sí hizo Seúl. El papel de Tokio durante la guerra se sintetizó en fomentar una solución negociada. Su papel como potencia que demandaba el cese de las hostilidades llevó a Tokio y Hanói al establecimiento de relaciones diplomáticas en 1973. Sin embargo, no hubo una aceleración en el impulso de la cooperación, debido a la naturaleza ideológica del régimen de Hanói, que seguía, inicialmente, las tesis del marxismo-leninismo, así como los cambios que tenían lugar en las relaciones entre Pekín y Washington como resultado de la visita de Nixon a Pekín en 1972 y el comunicado de Shanghái.

La Doctrina Masayoshi: la participación japonesa en el crecimiento chino

En el año 1979, el presidente Jimmy Carter y Deng Xiaoping entablaron relaciones diplomáticas entre los dos países. Deng había sustituido el dogmatismo ideológico de Mao Zedong por el pragmatismo. Su política de los 24 caracteres se centró en la renuncia de liderazgo en política exterior. Las contribuciones de Deng se basaron en el desarrollo de las 4 modernizaciones (agricultura, industria, defensa nacional y ciencia/tecnología), junto con la creación de las Zonas Económicas Especiales, cuyo objetivo se orientó a la obtención de Inversión Extranjera Directa para mejorar la maltrecha economía china. En este contexto, el primer ministro japonés, Ohira Masayoshi planteó los principios de su doctrina hacia Pekín centrada en una inversión masiva para la modernización de China como medio más eficiente para reforzar el eje Washington-Tokio-Pekín frente a la Unión Soviética— a la que los tres querían contener en Asia—, al tiempo que Tokio se garantizaba que esta ayuda económica no sería utilizada para propósitos militares.

De la mano de la doctrina Masayoshi, las relaciones entre Tokio y Pekín fueron de las más cálidas de la historia, como se vio reflejado en la visita de Zhao Ziyang, primer ministro chino (1980-1987) y, posteriormente, secretario general del Partido Comunista de China (1987-1990), en 1982 o la visita del emperador japonés, Akihito, a la capital china en 1992, donde expresó un profundo arrepentimiento y pesar por las atrocidades cometidas por los japoneses durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa al pueblo chino.

Durante la década de los 80, las relaciones japonesas fueron más tensas con Washington, con quien inició una guerra comercial. La derrota de Tokio en la guerra comercial con los EE.UU., materializada en los Acuerdos de Plaza, significó el fin del crecimiento económico japonés y le hizo entrar en “la década perdida”, donde el país se estancó, y, pese a la aplicación de todo tipo de políticas económicas (desde las más ortodoxas del neoliberalismo a las que defienden una mayor intervención del Estado en la regulación de la actividad económica), no han podido dar respuesta a la inestabilidad económica que el país vive desde entonces. Una situación que contrasta con el rápido crecimiento chino. Este crecimiento, tanto en sus capacidades de poder duro como blando y las limitaciones constitucionales japonesas causaron que dirigentes del PLD, como el primer ministro Junichiro Koizumi, recuperaran principios del nacionalismo japonés de extrema derecha con las visitas al santuario Yasukuni (donde están enterrados 13 criminales de guerra de clase A) y que empezaron a tensar las relaciones entre Tokio y Pekín.

Tensión al alza entre China y Japón

El mes de abril fue un mes nefasto para la relación bilateral China-Japón. Varios hechos han enturbiado y han tensionado al máximo los lazos, generando uno de los peores momentos desde el choque en el Mar de China Oriental a principios de la década de 2010. En la reciente reunión del presidente Joe Biden con […]

El cambio más destacado tuvo lugar en el año 2013 cuando Xi Jinping fue nombrado presidente y Shinzo Abe, por su parte, alcanzó el cargo de Primer Ministro. Desde ese momento, las relaciones se han caracterizado por la competitividad en un contexto de rivalidad sistemática. Durante la última década, Pekín ha aumentado su inversión en la mejora de sus capacidades navales, propuso el trazado de la línea de los 9 puntos en el Mar de la China Meridional y Xi ha expresado su voluntad de transformar a China en una superpotencia capaz de rivalizar con los EE. UU. para el año 2049, con motivo del centenario de la fundación de la República popular China (RPCh). Por su parte, Tokio ha creado las iniciativas del Libre-Abierto Indo Pacífico y el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD) para contener a Pekín de sus aspiraciones territoriales, al tiempo que ha reforzado los lazos bilaterales económicos y de seguridad con otros países de la región, como la India, Australia, Mongolia o la Federación Rusa.

La política hacia Vietnam, ¿una mezcla de la Doctrina Fukuda y la Doctrina Masayoshi?

China siempre ha visto a Vietnam como su hermano pequeño con el objetivo de construir relaciones similares a las que tuvieron lugar al inicio de la alianza sino-soviética, ya que ambos han seguido procesos de modernización similares. Por un lado, Pekín apostó por la reforma y apertura de Deng Xiaoping, mientras que en Vietnam se adoptó el programa Doi Moi (renovación). No obstante, las relaciones Pekín-Hanói siempre se han caracterizado por la rivalidad. Pese al apoyo de Moscú y Pekín a Ho Chi Minh en la conferencia de Ginebra de 1954, y a la oferta de Mao de suministrar asesores militares al inicio de la guerra como instructores para los generales del ejército norvietnamita, Ho Chi Minh optó por la ayuda soviética. Además, en el marco de la ruptura sino-soviética, Hanói apoyó a Moscú frente a Mao. Finalmente, en 1979, tras la invasión vietnamita de la Camboya de los jemeres rojos, China llevó a cabo incursiones y escaramuzas en la frontera entre ambos países.

Del mismo modo, las reclamaciones territoriales de China, defendidas más asertivamente desde que Xi Jinping sustituyó la política de los 24 caracteres por la política de «luchar por el éxito» (fen fa you wei) en la disputa por la soberanía sobre los islotes y los bancos de arena de las islas Paracelso y Spratly —que Vietnam también reclama—, así como la expansión de Pekín por todo el Indo-Pacífico de la mano del “collar de perlas” han causado alarma tanto en Tokio como Hanói, quienes han decidido impulsar sus relaciones para contener el ascenso chino.

En enero de 2013, Shinzo Abe decidió organizar su primera visita oficial a Hanói con el objetivo de impulsar los lazos de cooperación económica a partir del apoyo al desarrollo social y económico, al tiempo que acordaron el impulso del diálogo y la cooperación en amplias áreas de seguridad, junto con el avance de la Asociación Estratégica para intensificar y fortalecer la cooperación y el trabajo conjunto para garantizar la paz y la estabilidad y lograr la prosperidad en la región de Asia Pacífico.

Igualmente, en octubre de 2020, Yoshihide Suga organizó su primera visita oficial a Vietnam, donde hizo un discurso titulado: Construyendo Juntos el Indo-Pacífico. Aquí, Suga remarcó los esfuerzos de Abe para la mejora de las relaciones bilaterales entre Hanói y Tokio, a partir del espíritu del trabajo por la gente. Además, definió las relaciones bilaterales como relaciones «corazón a corazón», asumiendo una relación de igualdad y demostrando que la doctrina Fukuda aún se encuentra presente en Tokio. Del mismo modo, insistió en el impulso de proyectos conjuntos en el ámbito de la tecnología y la conectividad digital, a partir de reforzar las bases del desarrollo social y económico de Vietnam, incrementando el papel de Japón como inversor y dando ayuda extranjera.

La primera visita de nuevos jefes de gobiernos o jefes de estado tienen una fuerte simbología política, ya que, en cierto modo, demuestran con qué países o estados quieren dar prioridad en el desarrollo de las relaciones. En este caso, el que tanto Shinzo Abe como Yoshihide Suga hayan elegido Vietnam denota el interés que Japón tiene en la búsqueda de un socio en el Mar de la China Meridional que pueda contener el ascenso de Pekín en la región. En este contexto tenemos que preguntarnos si Tokio está impulsando una nueva doctrina Masayoshi que intente reforzar los lazos Washington-Tokio-Hanói frente a Pekín ante la imposibilidad de crear una organización militar asiática como la OTAN, debido a las rencillas entre los diferentes actores regionales.

A pesar del impulso que han recibido las relaciones Tokio-Hanói, la nueva aproximación presenta una diferencia significativa con los principios de la doctrina Masayoshi ya que como se ha visto, Pekín no podía utilizar la ayuda japonesa para el desarrollo de sus capacidades militares. Sin embargo, debido a la imposibilidad de Tokio de apoyar a Hanói en un hipotético conflicto con Pekín, ante las limitaciones en defensa establecidas por la Constitución, ha impulsado los intercambios militares para reforzar a las Fuerzas Armadas de la República Democrática de Vietnam. Estas relaciones en materia militar se vieron materializadas en la firma de un acuerdo militar estratégico, calificado por el propio Yoshihide Suga como la «piedra angular» para conseguir el objetivo de un Indo-Pacífico libre y abierto. Igualmente, el pacto permite la exportación de equipamiento y tecnología militar fabricada en Japón para monitorear las acciones de Pekín en el mar de la China Meridional.

Con todo, se puede definir que la nueva doctrina que ha asumido Japón hacia Vietnam presenta similitudes con la doctrina de Masayoshi, centrada en la ayuda económica japonesa hacia el desarrollo para mejorar las capacidades de Hanói frente a la creciente asertividad de Pekín, aunque rompiendo con el principio de prohibición de la utilización de la ayuda japonesa para fines militares. Del mismo modo, toma el marco de la doctrina Fukuda al tratar las relaciones con Vietnam entre socios iguales.

Una vez que el PLD ha sido la fuerza política más votada en las elecciones de 2021 y tomando en consideración que Fumio Kishida fue ministro de asuntos exteriores del ejecutivo de Abe, es probable que tanto Tokio como Hanói sigan impulsando sus relaciones a partir los principios que marcó Abe primero y Suga después. Hanói se convertirá, probablemente, en un socio clave para contener el ascenso de Pekín, tal como se hizo en su momento con la Unión Soviética, y garantizar la libertad de navegación y las rutas comerciales, que, como consecuencia de su insularidad, son vitales para Tokio para impulsar sus relaciones comerciales.

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