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El legado de Syngman Rhee en el conflicto coreano

Tras casi siete décadas de separación, la cuestión intercoreana sigue sin resolverse. Los gobiernos conservadores surcoreanos han tendido históricamente a adoptar una línea dura en la política intercoreana, marcada principalmente por las tesis de Syngman Rhee — una de las figuras más prominentes del nacionalismo coreano—, lo que ha imposibilitado un avance efectivo en la resolución del conflicto.

El domingo 26 de septiembre, la subdirectora del departamento de propaganda y agitación del Partido del Trabajo de Corea,  Kim Yo-jong, la hermana del líder supremo Kim Jong-un, planteó la posible organización de una cumbre intercoreana, e incluso anunció la posibilidad de declarar el fin de la guerra de Corea a partir de un tratado de paz. No obstante, la euforia se disipó pronto. Dos factores claves han limitado continuamente la posibilidad de avanzar efectivamente hacia una finalización del conflicto que va camino de cumplir tres cuartos de siglo. Por un lado, que las palabras de los dirigentes norcoreanos no se han correspondido con las acciones. Pocos días después, el miércoles 29, Pyongyang anunció el lanzamiento de un misil hipersónico en el mar de Japón, algo que enfrió las negociaciones. Por otro, la influencia que ejerce el pensamiento del primer líder de la República de Corea (Corea del Sur), Sygnman Rhee, y cómo la cuestión intercoreana ha ido cambiando en la opinión pública surcoreana a lo largo del tiempo.

Sygnman Rhee es considerado una de las figuras más prominentes e intelectuales del movimiento nacionalista coreano en el contexto de la lucha de los coreanos en el exilio para la liberación del país de la ocupación japonesa. Su activismo le llevó a los EE.UU. donde ejerció una gran influencia diplomática en las sucesivas administraciones estadounidenses, desde la presidencia de Theodore Roosevelt a Dwight Eisenhower. Su mentalidad anticomunista y prooccidental le convirtió en el primer presidente de la República de Corea, cargo que ejerció durante 12 años ininterrumpidos, desde la fundación de este nuevo estado en 1948 hasta la revolución o el movimiento de abril que lo derribó y le obligó a exiliarse a Hawái, donde vivió hasta su muerte en 1965.

61 años después de que el helicóptero de la CIA lo evacuara de la Casa Azul (residencia oficial del presidente de la República de Corea), su legado aún es objeto de discusión y controversia, estando marcado por las tensiones de la guerra fría, la división y guerra de Corea. Los errores que se destacan más de Rhee se concentran en su autoritarismo, corrupción, fraude electoral, la persecución y represión de los ciudadanos, tales como la masacre de la Liga Bodoo, así como un retraso económico y empobrecimiento estructural de la sociedad. Por otro lado, las valoraciones positivas de su presidencia se centran en el liderazgo de la República de Corea durante la guerra, la mejora de las relaciones con los EE.UU. a partir de la firma del Tratado de Defensa Mutua y su lucha por la independencia de la nación.

Sus políticas fueron apoyadas por los sectores conservadores de la sociedad coreana, así como por las fuerzas de seguridad e inteligencia, que generalmente apoyaban la tesis nacionalista de Rhee, bajo la cual, la península de Corea debía ser reunificada bajo el liderazgo de Seúl y el sistema político surcoreano. Un contexto, que, en cierto modo, explica, una de las razones de la propia guerra: un choque entre el nacionalismo de Rhee y el de su homólogo norcoreano, Kim Il-sung.

El contexto actual difiere radicalmente. La península de Corea aún conserva rasgos característicos de la guerra fría, cómo la llamada comúnmente última frontera, es decir, la frontera que separa a ambas Coreas en el paralelo 38. Sin embargo, el derrumbe de la URSS y las deficiencias económicas estructurales que sufre la República Democrática Popular de Corea (Corea del Norte) hacen que una potencial reunificación pase necesariamente por el colapso de Corea del Norte o su absorción por parte del sur. Un acontecimiento que no ha tenido lugar debido a la obtención de la bomba atómica y de hidrógeno por parte de Pyongyang, así como el ascenso de China como nueva gran potencia regional, la cual ha buscado mantener un estado tapón para evitar una frontera directa con un aliado estratégico de Washington.

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El nuevo orden post guerra fría ha cambiado los objetivos de ambas Coreas. Pyongyang ha renunciado a la reunificación por la fuerza, orientando sus esfuerzos en la supervivencia del país y a mantener su soberanía sobre el territorio norcoreano. La política de Seúl, sin embargo, no ha sido constante, sino que ha dependido en gran medida del partido del gobierno. Por un lado, los dirigentes que se opusieron al autoritarismo de Park Chung-hee tras la restauración de Yushin o la revolución de Octubre, como Kim Dae-jung o Roh Moo-hyun, han desplegado la política del sol, orientada a obtener un mayor contacto político entre los dos Estados, junto con el impulso de proyectos económicos y políticos conjuntos. Sin embargo, los ejecutivos conservadores posteriores de Lee Myung-bak y de la presidenta Park Geun-hye han abandonado esta política, reemplazándola por política de línea dura en consonancia con la visión de Tokio y de Washington en contra del régimen de Pyongyang, siguiendo las líneas políticas que Rhee defendió durante su mandato.

La posibilidad de la firma de un tratado de paz, a pesar de la nueva política del presidente surcoreano actual, —que, como veremos, se basa en una reedición de la política del sol, conocida como política de la luna—,  Moon Jae-in, se encuentra llena de dificultades, tanto internas como externas. Internamente, los sectores conservadores defienden la absorción del estado de Corea del Norte por parte del sur, en un marco similar al que tuvo lugar en Alemania, tras la caída del muro de Berlín. Los sectores más jóvenes de la sociedad, quienes han crecido en democracia, tampoco muestran interés en el fin de la guerra o una potencial reunificación debido a los problemas internos que atraviesa el país a raíz del agotamiento del milagro del río Han y la falta de oportunidades para los sectores que pertenecen a las denominadas “cucharas de la tierra”, movilizadas contra la falta de ascenso social, frente a las “cucharas de oro”, que disponen de la gran parte de los privilegios. De hecho, según el Pew Research Center, ya antes de la pandemia, la sociedad coreana formaba parte del sector que mostraba más pesimismo en relación con la reducción de la brecha de desigualdad entre las dos cucharas.

Externamente, el fin del conflicto podría generar cierta controversia, ya que las visiones de las grandes potencias que participan en las negociaciones de paz bajo el marco del diálogo de los seis no coinciden en el fin de la guerra, sino que se centran en la desnuclearización de la península, un elemento que Pyongyang no está dispuesto a renunciar como afirmó el presidente ruso, Vladimir Putin, para quien los norcoreanos “antes comerían hierba” que renunciar a aquello que ellos consideran la garantía de vida del país y del régimen.

El contexto abre la puerta a preguntarse el interés del presidente actual para llegar a un acuerdo entre las dos Coreas y poner fin a un conflicto de casi 80 años. La visión nacionalista de Rhee se encuentra, muy presente dentro de los sectores conservadores, junto con los problemas internos económicos y sociales a los que la nueva política económica de Moon, basada en las tesis neo keynesianas, no ha podido dar respuesta. Igualmente, su política exterior se ha caracterizado por la guerra comercial y el recrudecimiento de las tensiones con Tokio, o la humillación que recibió Seúl accediendo a la demanda de Donald Trump de incrementar el coste de mantenimiento de los cerca de 28.500 militares estadounidenses que permanecen en territorio surcoreano.

Las elecciones presidenciales de Corea del Sur se encuentran previstas en el 9 de marzo del 2022. Las limitaciones constitucionales impiden a Moon postularse para un nuevo mandato. Asimismo, la aprobación del Partido Democrático ha retrocedido como resultado de las crisis de la vivienda y una pérdida de apoyo por parte de los sectores sociales que apoyaban a la formación, como los jóvenes, que cada vez se ven más atraídos por los conservadores del Partido del Pueblo Popular que sostiene la tesis nacionalista de Rhee.

Probablemente, el impulso de las relaciones bilaterales entre Seúl y Pyongyang y la posición que Seúl ha adoptado abandonado a los activistas surcoreanos, y apoyando las críticas de Pyongyang, obedecen a la necesidad de Moon de dejar un legado positivo, en un contexto, en que su política se ha caracterizado por algunos fracasos significativos, tanto interna como externamente. Ante esta tesitura y la imposibilidad de volver a presentarse, el presidente surcoreano busca impulsar un acuerdo con Pyongyang que pueda acabar con el conflicto como su principal legado. A pesar del esfuerzo, es improbable que se pueda firmar un acuerdo de paz que ponga fin a la guerra, debido a que es un camino que ya se ha explorado, principalmente, durante la ya mencionada política del sol.

El resultado de las elecciones presidenciales, con un Partido Popular del Pueblo al alza, puede variar significativamente la aproximación de la política de Seúl hacia Pyongyang, que podría originar la vuelta de la línea dura y el refuerzo de la alianza Washington-Seúl, donde el presidente estadounidense actual, Joe Biden, ha abandonado la aproximación entre Washington y Pyongyang de Trump, intentado reforzar los lazos con Seúl. Unas tesis que se ven reforzadas como resultado de las recientes pruebas balísticas y nucleares que está desarrollando el régimen de Pyongyang y que ha obligado al ejecutivo de Moon a reconfigurar su política de defensa con la aprobación de los presupuestos militares más expansivos de la historia de la República de Corea y el diseño de nuevas armas estratégicas, como una cúpula de hierro similar a la israelí, y volver a reforzar los lazos con Washington a través del impulso de las maniobras militares conjuntas que ambos Estados realizan anualmente para disuadir a Pyongyang de impulsar acciones agresivas contra Seúl.

Considerándolo todo, la afirmación de Kim Yo-jong sobre la disponibilidad de Pyongyang de llegar a un acuerdo con el sur para poner fin a la guerra genera un gran escepticismo como resultado de las ya mencionadas pruebas nucleares. Del mismo modo, la política de aproximación intercoreana del presidente Moon parece que no ha dado los resultados esperados, puesto que, Corea del Norte no ha renunciado a su agresividad y al desarrollo de nuevos arsenales. Como se ha visto la idea nacionalista de Rhee, de defender la existencia de una única Corea y de un único gobierno legítimo de Corea aún está muy presente.

A pesar del simbolismo que la figura de Rhee ostenta en la historia de la Corea contemporánea, ésta es vista con indiferencia por gran parte de la sociedad, las nuevas generaciones principalmente. No así su tesis nacionalista. Por esa razón, la firma de un hipotético tratado de paz que finalice el conflicto, prolongado durante casi 70 años, es altamente improbable, ya que, por un lado, Pyongyang jamás va a aceptar un tratado que implique la renuncia a su soberanía, por otro, un acuerdo que renuncie a la desaparición de Corea del Norte y la unificación, no va a generar un amplio consenso en la sociedad surcoreana. Así, todo parece indicar la permanencia del statu quo a largo plazo. Entonces, es mejor no hacerse ilusiones con el fin de la guerra de Corea, mientras perviva la tesis de Rhee.

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