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La remodelación de la política exterior china durante la era Xi Jinping

Xi se ha convertido en el líder con más poder en China desde Mao. Su llegada ha supuesto el abandono definitivo del anterior paradigma de política exterior que estaba vigente desde Deng Xiaoping. Los efectos más inmediatos de esta remodelación han sido una mayor concienciación china como superpotencia y un mayor papel en el escenario internacional.

Hace dos siglos, Napoleón Bonaparte señaló: “China es un gigante dormido. Déjenla dormir, porque cuando despierte, sacudirá el mundo”. Hoy, sin duda, el gigante asiático ha despertado. Setenta y dos años después del establecimiento de la República Popular de China (RPCh), apoyado por su rápido crecimiento económico durante las últimas tres décadas, se ha posicionado como un actor clave en la escena internacional que podría redefinir el orden global y convertirse en uno de los vectores fundamentales de cambio en la Sociedad Internacional.

En este sentido, Xi Jinping se ha convertido en el nuevo “Gran Timonel” que busca dirigir a China hacia la soñada modernización y la recuperación de su posición de liderazgo en el mundo. En este artículo se estudiarán las ideas en política exterior que ha traído consigo el nuevo líder chino y cómo esto ha afectado y sigue afectando a la posición de China en el mundo. Pero antes, es necesario pararnos en el que había sido el gran arquitecto de la política exterior china previa a Xi y quien había puesto las bases del impresionante crecimiento chino: Deng Xiaoping.

Deng Xiaoping y su ruptura con la política exterior maoísta

Tras el caos que la Revolución Cultural provocó en China en los últimos años de la época maoísta, el ascenso de Deng Xiaoping como líder del Partido Comunista Chino (PCCh) permitió un cambio radical tanto en la política interna como en la política exterior favorecido en gran parte por el definitivo cisma sino-soviético,  la visita de Nixon a China y la posterior mejora de las relaciones con Occidente y la admisión de la RPCh en la ONU en sustitución de la República de China (Taiwán).

Deng inició un giro pragmático abandonando la política maoísta de apoyo masivo a los partidos y movimientos insurgentes comunistas de todo el mundo, en especial en el Sudeste Asiático, algo que le originó numerosos enemigos en la región. La decisión más importante en materia de política exterior que refleja el pragmatismo de Deng fue el韬光养晦,有所作为 (taoguang yanghui, yousuo zuowei), una frase hecha china [成语, chengyu] que suele traducirse en Occidente como “esconde tu fuerza y espera tu tiempo”. En definitiva, “mantener un perfil bajo” (MPF) hasta que las circunstancias permitieran lo contrario. El efecto más inmediato de esta política fue centrar los esfuerzos nacionales en el desarrollo económico del país iniciado en 1978 con la ampliamente conocida “reforma y apertura económica”, principal medida en materia de política interior.

En gran medida, este paradigma fue mantenido por los dos presidentes chinos posteriores: Jiang Zemin (1993-2003) y Hu Jintao (2003-2013). Al igual que Deng, ambos centraron sus esfuerzos en el crecimiento económico nacional, en integrar al país dentro de la economía internacional y en crear un entorno exterior estable y pacífico prolongado para acompañar la modernización de China. Esta política, entre otras cosas, permitió que, paulatinamente, más países comenzaran a reconocer a la RPCh y que ésta ingresara en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el año 2001.

Fuente: Wikimedia Commons  https://commons.wikimedia.org/w/index.php?title=File:China_vs_Taiwan,_global_struggle_for_recognition.png&oldid=568816679 

Sin embargo, el final de la primera década y los principios de la segunda década del siglo XXI, durante el final del mandato de Hu Jintao, en el periodo comprendido entre finales de 2009 y 2010, dio comienzo a un cambio sustancial en la política exterior china, surgiendo una postura más asertiva sobre toda una serie de cuestiones bilaterales, regionales y mundiales, coincidiendo temporalmente con el sorpasso de China a Japón como segunda economía mundial, siendo únicamente superada por Estados Unidos.

Entre las diferentes cuestiones destacan principalmente las del Mar de China Oriental (MChO) y el Mar de China Meridional (MChM). En el caso del MChO, en septiembre de 2010, un barco pesquero chino colisionó con dos barcos de la Guardia Costera japonesa, lo que inició un conflicto diplomático entre ambas naciones. Por otro lado, en el MChM, a partir del año 2009, China adoptó una posición mucho más asertiva en sus reclamaciones a partir de la inclusión de un mapa con la “línea de nueve puntos”, por la cual reclama más del 90% del citado mar. Estas acciones denotaban una mayor confianza por parte de Beijing en sus reclamaciones a nivel internacional.

Fuente: File: 9 dotted line. Png. (20 de septiembre de 2020). Wikipedia Commons, the free media repository.

La llegada de Xi Jinping: la constitución de una nueva superpotencia

El giro definitivo en la política exterior china vino con la llegada de Xi Jinping a la presidencia china en 2013. En un discurso en la Conferencia de Asuntos Exteriores del PCCh el 24 de octubre de 2013, Xi presentó formalmente la estrategia de fenfayouwei 奋发有为 –luchar por el logro-éxito (LPL)–, por el que abandonó oficialmente la estrategia de perfil bajo de Deng. En este giro, encontramos también los dos objetivos internos de la China de Xi: alcanzar el “sueño chino” (zhongguo meng 中国梦) y el “gran rejuvenecimiento de la nación china” (zhonghua renmin weida fuxing 中华人民伟大复兴).

El objetivo final de estos dos conceptos del xiismo es volver a situar a China como una gran potencia. En definitiva, dejar atrás completamente el “siglo de humillación nacional” (bainian guochi 百年国耻), en la que las potencias occidentales intervinieron y sometieron a la “nación del centro”. Para ello, el gobierno chino ha puesto en marcha proyectos nacionales como el Made in China 2025, con el que busca transformarse en un fabricante de productos de alto valor. Además, tal como señala Xulio Ríos, esta idea de progreso nacional está unida con una identidad autóctona, es decir, la modernización está unida al creciente nacionalismo y la creciente concienciación nacional de la larga tradición china.

Según uno de los principales académicos de las Relaciones Internacionales en China, Yan Xuetong, la principal diferencia entre las políticas de MPF y LPL es que el primero se centra en las ganancias económicas mientras que el segundo busca fortalecer y aumentar el apoyo político en el exterior, incluso a expensas de los beneficios económicos. En este sentido, los dos conceptos fundamentales en la política exterior del LPL de Xi son el “nuevo tipo de relaciones entre grandes potencias” (xinxing daguo waijiao 新型大国外交) y el “win-win” (ganancia-ganancia).

El primer concepto hace referencia a una progresiva concienciación como gran potencia en la diplomacia nacional —así como en la sociedad en general, promovido lógicamente por el Partido Comunista Chino (PCCh)—, asumiendo mayores responsabilidades a nivel internacional. En el periodo inmediatamente posterior a la Guerra Fría, el término “diplomacia de potencias” (daguo waijiao大国外交) hacía referencia a aquellos países que los oficiales chinos consideraban más poderosos que ellos, tales como EE. UU., Rusia o incluso Francia, Alemania y el Reino Unido. Sin embargo, desde la llegada de Xi el término “potencia” también se utiliza para la propia China, algo que quedó especialmente patente en la primera reunión en persona entre China y EE. UU. en Anchorage (Alaska) tras la toma de posesión de Joe Biden. En la apertura de la reunión, el director chino de la Comisión Central de Asuntos Exteriores, Yang Jiechi, señaló: “China y EE. UU. son países importantes y asumen importantes responsabilidades”. En definitiva, con esta nueva estrategia, China busca tratar de tú a tú a Estados Unidos.

Para retornar a la posición que le corresponde, es necesario que China haga “amigos” en el exterior. Según Yan, bajo la condición de una igual fuerza, un Estado “moral” puede hacer más amigos a nivel internacional y, por tanto, obtener un mayor apoyo. Por lo general, apunta Yan, las potencias que buscan hacer más amigos dedicarán mayor atención a la moralidad que aquellas que apuntan únicamente a los intereses económicos. En ese sentido, para que un Estado pueda ejercer un dominio global sostenible, es necesario establecer una fundación moral, mientras que el mantenimiento de un crédito estratégico alto es el mínimo moral requerido para dicha fundación, es decir, debe convertirse en un ejemplo para el resto de los integrantes del sistema internacional. A pesar de que Beijing sigue sin tener formalmente aliados —más allá de Corea del Norte, reliquia de la Guerra Fría—, durante los últimos años, está creando una red de asociaciones estratégicas, normalmente reconocible bajo el término de ironclad friendship (amistad de hierro), que es utilizado frecuentemente por los oficiales chinos para referirse a países como Pakistán o Camboya.

En segundo término, siguiendo con Yan, el concepto de win-win está íntimamente relacionado con cuatro caracteres chinos: 亲 qin (ser cercano), 诚cheng (credibilidad), 惠hui (beneficio) y 容rong (inclusividad). Para alcanzar su “diplomacia de potencia”, Xi ha incorporado a la política exterior china elementos idealistas y morales, es decir, China no debe buscar únicamente sus intereses, sino que debe perseguir también la justicia. Así, Beijing ha puesto un especial énfasis en una mayor proactividad en la gobernanza mundial mediante la creación de proyectos como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) o el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB).

La China de Xi busca presentarse al mundo en desarrollo como una alternativa al modelo de desarrollo económico de Occidente. Así, se muestra a sí misma como un país que ha conseguido pasar del subdesarrollo a un desarrollo económico meteórico en un tiempo récord y sin haber precisado de la ayuda de los países occidentales. Por tanto, China se presenta al mundo en desarrollo como un igual. Asimismo, busca otorgar razones y enseñar los beneficios de establecer relaciones diplomáticas con ella —principalmente económicos— para aislar definitivamente a Taiwán. Entre los últimos socios que Beijing ha conseguido arrebatarle a Taipéi se encuentran Kiribati y las Islas Salomón en el año 2019, reduciendo así la lista de países que reconocen a la República de China a únicamente quince —incluyendo a la Santa Sede—, todos ellos países pequeños de poca importancia internacional.

Por otro lado, la expresión de la “comunidad de futuro compartido para la humanidad” (renlei mingyun gongtongti 人类命运共同体) es fundamental dentro de la estrategia del win-win, pues en su objetivo de convertirse en potencia, China debe ofrecer una visión propia sobre el desarrollo futuro del mundo. Para muchos analistas, el concepto tiene un significado vago y consideran que la diplomacia china lo utiliza de manera poco estricta. Sin embargo, del discurso de Xi podemos deducir que busca ofrecer una cosmovisión china en la que el desarrollo pacífico sea inclusivo y que exista un “beneficio mutuo” en las relaciones con China, ofreciendo una visión del mundo alternativa y moralista, en contraposición a la visión estadounidense.

En este “destino común”, los países vecinos tienen una gran importancia. Ya en 2013, poco después de asumir el cargo de presidente, Xi hizo hincapié en la importancia de los países vecinos en su política exterior y señaló la necesidad de desarrollar unas “relaciones políticas más amistosas, lazos económicos más fuertes, una cooperación de seguridad más profunda y unos contactos más estrechos entre las personas”. Para Yan, este discurso significa que China debe acercarse más a sus vecinos, construir una credibilidad estratégica, brindarles beneficios del crecimiento económico de China y desarrollar la cooperación regional. No obstante, la política de vecindad china ha provocado unas relaciones de doble vertiente contradictorias entre sí. Por un lado, su política exterior ha supuesto la continuidad de una mayor asertividad iniciada en la época de Hu en el MChM a través de la construcción de numerosas islas artificiales militarizadas o con las crecientes tensiones en sus relaciones con la India, pero, por otro, ha sido capaz de desarrollar un mayor compromiso con las naciones del Sudeste Asiático. El anuncio de la BRI y una coyuntura política favorable (a China) en varios países de la región permitió crear mayores lazos a pesar de la creciente tensión con los países marítimos de la ASEAN.

Especialmente pragmático es el caso de Filipinas, donde tras el gobierno de Benigno Aquino III, que incluso llevó la cuestión del MChM al Tribunal de La Haya, China ha establecido unas grandes relaciones con la Filipinas de Rodrigo Duterte, que ambos han llegado a calificar como la “era dorada” de las relaciones bilaterales. Otro ejemplo es Tailandia, donde el gobierno militar surgido del golpe de Estado de 2014 inició un acercamiento masivo a Beijing.

En definitiva, Xi ha proclamado una “nueva era” (xin shidai 新时代) en la política exterior china. Tras “levantarse” (zhan qilai 站起来) en la era Mao, “hacerse rico” (fu qilai 富起来) en la era Deng, según el propio Xi, ha llegado la hora de que China “se haga fuerte” (qiang qilai 强起来). Por tanto, el “tiempo” que vaticinaba Deng en su “esconde tu fuerza y espera tu tiempo” ha llegado en la era Xi. Este giro en la política exterior china, no obstante, no ha estado libre de tensiones. La postura cada vez más asertiva de China en las cuestiones internacionales y su progresiva concienciación como una nueva superpotencia ha provocado los recelos de la otrora única hegemonía tras el final de la Guerra Fría, Estados Unidos. Por tanto, el principal objetivo de la Sociedad Internacional en el futuro será evitar la temida “trampa de Tucídides”, es decir, el enfrentamiento entre una potencia en ascenso (China) y un hegemón en declive (EE. UU.). 

Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

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