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Fumio Kishida: retos, objetivos y expectativas del nuevo PM japonés

Fumio Kishida, con una amplia trayectoria en los sucesivos gobiernos del PLD en Japón, será el sustituto de Yoshihide Suga tras renunciar éste a presentarse a las elecciones del 31 de octubre. Uno de los puntos centrales de su gabinete será la política exterior, cuyos ejes centrales serán las relaciones con EE. UU., China y Corea del Sur.

El 29 de septiembre tuvo lugar la convención del Partido Liberal Democrático Japonés (PLD) para elegir al sucesor de Yoshihide Suga debido a la decisión de éste de renunciar a un segundo mandato. Cuatro candidatos se postularon para el liderazgo del partido y como candidato al cargo de primer ministro para la próxima legislatura. Los dos principales aspirantes fueron Fumio Kishida, de la facción conservadora y elitista del partido, y el ministro de vacunación del ejecutivo de Suga, Taro Kono, quien se perfilaba como el candidato favorito y que ostentaba más apoyo de las bases.

La victoria de Kishida abre la puerta a garantizar la continuidad del legado político de Shinzo Abe y Yoshihide Suga, frente a la visión reformista que representaba Taro Kono. Kishida, de 64 años, se caracterizó por servir en diferentes ejecutivos en la ocupación del cargo de ministro de Estado para los asuntos de Okinawa y los territorios de norte, política de ciencia y tecnología, política de calidad de vida y reforma regulatoria en el ejecutivo de Yasuo Fukuda, y, posteriormente, ministro de Asuntos Exteriores durante el primer gabinete de Abe, cargo que ejerció desde 2012 hasta 2017.

La carrera política de Kishida le ha consolidado como una figura de relevancia dentro del PLD, ya siendo en las primarias de 2020 para elegir al sucesor de Abe uno de los candidatos favoritos, aunque, entonces, fue derrotado por Suga. Un año después, finalmente, Kishida ha conseguido llegar a la posición a la que aspiró hace un año.

El programa esgrimido por Kishida durante la campaña presenta similitudes importantes con las políticas que inició Abe. Internamente, ha prometido luchar contra la desigualdad social, acrecentada por la pandemia, a partir de un incremento salarial, así como la apuesta por el plan de estímulos públicos como instrumento financiero para impulsar un crecimiento económico que pueda garantizar la estabilidad económica que el país no encuentra desde hace más de tres décadas. Un plan económico que toma como referente las líneas maestras del “Abenomics” basado en una política fiscal flexible, una política monetaria expansiva y una estrategia de crecimiento a partir del despliegue políticas económicas expansivas. Asimismo, afirmó que la lucha contra la pandemia de la COVID-19 constituirá su principal prioridad, conjuntamente con la reactivación económica.

Sin embargo, el programa de Kishida se ha centrado más abiertamente en el campo de las relaciones exteriores que a nivel interno. Aunque la constitución del nuevo gabinete ministerial ha abierto la puerta a la entrada de un gran número de ministros noveles, dos de las carteras más relevantes para la política japonesa, la de exteriores y la de defensa, seguirán ocupadas por los ministros que han ejercido el cargo durante el anterior gabinete, Toshimitsu Motegi y Nobuo Kishi respectivamente.

Los objetivos en política exterior del gabinete de Kishida están orientados a impulsar la actividad exterior de Japón con el objetivo de obtener un mayor papel global. Como ministro de asuntos exteriores, Kishida fue una figura clave en el desarrollo de las iniciativas puestas en marcha por Shinzo Abe para reforzar las alianzas japonesas en la región del Indo-Pacífico, a partir del desarrollo de las iniciativas del Indo-Pacífico Libre y Abierto (FOIP, por sus siglas en inglés) y del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD por sus siglas en inglés) con Estados Unidos, India y Australia.

Del mismo modo, la dirección de la actividad diplomática por parte del nuevo primer ministro obtuvo importantes logros tales como la mejora de las relaciones diplomáticas con Moscú, con quien oficialmente el país aún se encuentra en guerra debido a la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre la soberanía de los Territorios del Norte/Islas Kuriles, ocupados por la URSS tras de la derrota del Imperio Japonés en la Segunda Guerra Mundial. Igualmente, durante el tiempo en el que Kishida dirigió la actividad exterior se constató una mejora de las relaciones bilaterales entre Tokio y Seúl junto con el distanciamiento con Beijing, donde las relaciones pasaron a estar caracterizadas por la competitividad y la rivalidad que han enterrado los principios que guiaron las relaciones bilaterales definidas por Zhao Ziyang —ex primer ministro chino (1980-1987) y ex secretario general del Partido Comunista de China (1987-1990)— en su visita a Tokio en 1982.

Los principios políticos bajo los que Kishida quiere guiar su doctrina de política exterior están conformados por la protección de los valores básicos tales como la democracia, la defensa de la paz y la estabilidad y abordar cuestiones globales como el cambio climático. Una doctrina que distancia a Tokio de Beijing y Pyongyang, contra los que Tokio quiere mantenerse firme a partir del impulso de las capacidades defensivas de las Fuerzas de Autodefensa Japonesas (JSDF por sus siglas en inglés) así como las relaciones bilaterales entre Tokio y Washington, a partir de la mejora del Tratado de Seguridad Japón-EE.UU. como piedra angular de la seguridad del país nipón. El anuncio del nuevo primer ministro japonés ha sido recibido con gran entusiasmo por parte de la administración Biden, donde el propio presidente estadounidense felicitó al nuevo primer ministro japonés, expresando la voluntad de expandir la cooperación bilateral y consolidar la alianza Japón-EE. UU como piedra angular de la paz y la seguridad en el Indo-Pacifico y el mundo.

Por otro lado, al igual que Shinzo Abe y Yoshihide Suga, Fumio Kishida también es miembro de la organización ultraconservadora Nippon Kigai caracterizada por la propugnación del revisionismo histórico en torno a los crímenes y atrocidades cometidos por el ejército imperial japonés sobre el pueblo chino y coreano durante la Segunda Guerra Mundial. Esta postura y el apoyo del partido por parte de las organizaciones de ultraderecha japonesa, tales como los Uyoku Dantai (literalmente grupos de derecha), pueden causar un incremento de las tensiones entre Beijing y Tokio como resultado del problema histórico que ambos países arrastran desde las guerras sino-japonesas y el ascenso de la República Popular China como superpotencia a partir del inicio de la segunda década del siglo XXI.

Los mensajes hacia la República Popular China fueron ambiguos durante la campaña de Kishida. Por un lado, hubo el reconocimiento, por parte de Tokio a Beijing, como su principal socio comercial, enfatizándolo como “un socio de enorme importancia”, y recalcó el interés de “mantener una relación estable” y el diálogo como instrumento para encontrar soluciones mutuas. No obstante, la creación de la nueva cartera de Seguridad Económica, gestionada por Takayushi Kobayashi, orientada al impulso de las relaciones económicas y comerciales tanto con Washington como con Taipéi, busca aminorar la dependencia comercial con Beijing.

Hacer un pronóstico sobre el desarrollo de las relaciones entre Seúl y Tokio es complicado a pesar de la oferta de Seúl de impulsar una cooperación activa. Por un lado, ciertamente, durante el primer mandato de Shinzo Abe, las relaciones bilaterales entre Tokio y Seúl fueron de las mejores desde la firma del tratado de Relaciones básicas entre Corea y Japón en 1965. Por otro, la dirección del ministerio de asuntos exteriores japonés, bajo Kishida, coincidió con el gobierno liberal del partido Saenuri y el liderazgo de la presidenta Park Gyun-hye, hija del dictador Park Chung-hee, quien fue miembro del ejército japonés durante la ocupación de Manchuria.

Actualmente, las relaciones bilaterales presentan serias dificultades como resultado del resurgimiento de disputas históricas, como la compensación económica por el caso de las mujeres de confort o la solicitud de Seúl al Comité Olímpico Internacional (COI) para impedir la entrada de la bandera del sol naciente debido a ser un símbolo asociado a la ocupación japonesa de Corea y reabrir cicatrices y dolor a los que sufrieron las atrocidades del ejército imperial. Además, en Japón han ganado peso los Zaitokukai (Zainichi Tokkō o Yurusanai Shimin no Kai / Asociación de ciudadanos contra los privilegios de los Zainichi) que se oponen a la inmigración coreana y los privilegios que esta minoría tiene en Japón. Por tanto, a pesar de la voluntad de Kishida de mejorar las relaciones, estas dependerán, ciertamente, tanto del gobierno japonés que surja de las elecciones de noviembre como de las presidenciales surcoreanas previstas para marzo de 2022.

A pesar de las previsiones y pronósticos sobre la doctrina política de Kishida, habrá que esperar al resultado electoral y la consecuente formación de gobierno debido a la influencia que puedan ejercer los potenciales socios de coalición, en caso de que, el PLD los necesite para investir a Kishida. Durante las últimas legislaturas, los sucesivos ejecutivos del PLD han sido apoyados por un socio minoritario, Kōmeitō, quienes muestran una firme oposición al rearme de Japón, así como a la hipotética posibilidad de que éste se convierta en una potencia nuclear.

Con todo, la campaña para las primarias ha permitido esbozar los principios que configurarán su doctrina en política exterior e interior. Sin embargo, todavía no se pueden sacar conclusiones claras, ya que estas dependerán de todo un conjunto de factores endógenos que todavía no han tenido lugar, y, por tanto, sólo permiten hacer hipótesis. A primera vista, sin embargo, se augura una continuidad de los principios de la política exterior que Shinzo Abe inició y que Yoshihide Suga continuó.

Probablemente, se verá un reforzamiento de los lazos con las potencias liberales en un intento de buscar instrumentos y alianzas que permitan a Japón reducir su dependencia económica con la República Popular China y de incrementar sus capacidades defensivas frente a la creciente asertividad de Beijing en la región y la agresividad de Pyongyang con los continuos lanzamientos de misiles y pruebas balísticas en el mar de Japón. Para ello será clave el reforzamiento del eje Washington-Tokio.

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