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El Afganistán Talibán (I): Orígenes y apogeo del movimiento

Los Talibán han tomado Afganistán, Estados Unidos ha sido derrotado y el régimen anterior ha caído. Para entender este hecho tan fundamental, en este artículo se trata de introducir el origen del movimiento, así como la historia de cómo logró derrotar a todos sus rivales en los años noventa para convertirse en dueño del país.

El pasado 15 de agosto, ante la incredulidad de la comunidad internacional, Kabul se rendía a los Talibán. Casi 20 años después del inicio de la intervención estadounidense contra el grupo fundamentalista y sus socios de Al-Qaeda como respuesta al atentado contra las Torres Gemelas, el Estado afgano y todos los cimientos establecidos por Washington y sus aliados se derrumbaban como un castillo de naipes. En poco más de 10 días, tras varios años de avances, aplicando a la perfección la máxima maoísta de rodear las ciudades desde el campo, los Talibán lograron tomar ciudad tras ciudad sin encontrar resistencia.

Las Fuerzas Armadas (FF. AA.) afganas, pese a estar mucho mejor preparadas, se fueron rindiendo en masa según avanzaban los insurgentes. Ni siquiera algunos de los señores de la guerra más poderosos y legendarios, apoyados en sus propias milicias, como Ismail Khan en Herat o el General Abdul Rashid Dostum en Mazar-e-Sharif, fueron rivales. Una vez los Talibán rodearon Kabul, el último territorio bajo “control” gubernamental, se produjo un éxodo masivo de las principales figuras del régimen, empezando por el Presidente, Ashraf Ghani. Era así como finalizaba la farsa de un proceso de construcción del Estado (state-building) estadounidense que estaba destinado a fracasar desde el inicio. La propaganda gubernamental de Kabul, que hablaba de decenas de miles de bajas entre los Talibán y de “retiradas estratégicas”, y la estadounidense, que presentaba la existencia de un régimen prodemocrático y que defendía los Derechos Humanos y de la mujer, caían por su propio peso mientras la milicia fundamentalista entraba en la capital sin disparar un solo tiro.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? ¿Cómo un grupo de fanáticos islamistas ha conseguido derrotar a la gran potencia de nuestros tiempos? ¿Cómo un Gobierno que recibió tanta ayuda ha podido caer tan rápidamente? ¿Qué pasará ahora con Afganistán tras la toma del poder por parte de los Talibán? ¿volverán a gobernar como lo hicieron antaño, sin ningún respeto hacia las minorías y las mujeres e imponiendo la versión más estricta del islam en el mundo? Todas estas preguntas surgen a la hora de tratar de entender el desencadenamiento de los acontecimientos en Afganistán. Y, en este sentido, responderlas para ayudar a comprender la situación será el objetivo de una serie de tres artículos que serán publicados por el Observatorio de Política de Asia-Pacífico.

En este primer artículo, exploraremos los orígenes del movimiento, así como su espectacular toma del poder en los años noventa en un Afganistán destrozado tras la intervención soviética y el dominio de los señores de la guerra.

En un segundo artículo, centraremos la mirada en la caída y regreso de los Talibán. Para ello, trataremos la intervención estadounidense tras el 11-S y el nuevo régimen que se instauró en el país para después atender la nueva insurgencia Talibán y las razones de su éxito.

Por último, en un tercer artículo abordaremos el nuevo Gobierno Talibán, con todas sus contradicciones, retos y riesgos que puede suponer para la población de un país que lleva 40 años asolado por la guerra.

Los orígenes de los Talibán

El movimiento Talibán nació en 1994 bajo el liderazgo de un humilde Mulá de pueblo y veterano de la guerra contra la URSS, Mohammed Omar. Este grupo nacía en la provincia de Kandahar, en pleno Pastunistán —es decir, la región geográfica entre Afganistán y Pakistán habitada por la etnia pastún— como respuesta al caos que se vivía en el sur del país tras 15 años de guerra. Dominadas por señores de la guerra y milicias criminales, la población de estas regiones vivía en un estado de miedo constante, amenazadas por las extorsiones, secuestros, asesinatos y violaciones de mujeres y niños por parte de estos grupos.

Fue en ese contexto en el que el Mulá Omar y los estudiantes de su madrassa o escuela islámica comenzaron un movimiento estudiantil que aspiraba a traer la paz a la región de la mano de la Sharia o ley islámica. Este grupo engrosó sus filas gracias a los muchos jóvenes afganos que habían tenido que abandonar la región debido a la violencia de la guerra contra la URSS y, después, de los señores de la guerra, refugiándose en Pakistán. Por entonces, las dos provincias fronterizas pakistanís con Afganistán, Baluchistán y Jaiber Pastunjuá —entonces conocida como North-West Frontier Province—, se habían llenado de madrassas de la mano del partido islamista deobandí Jamiat-e-Ulema (JEU) y con el apoyo de Islamabad; y fue en estas madrassas donde todos estos jóvenes afganos estudiaron y se formaron en un islam fundamentalista y muy influido por los usos y costumbres del pueblo pastún o pashtunwali —precisamente de donde provienen algunas de las leyes de los Talibán más polémicas, como la imposición del burqa, o la reclusión de las mujeres en sus hogares— de la mano de Mulás en muchos casos con escasa instrucción en la teología islámica y en los grandes debates académicos. Concretamente, es destacable la madrassa Dar-ul-Uloom Haqqania perteneciente a Samiul Haq, uno de los líderes más poderosos de JEU. Aquí, recibieron su formación muchos de los futuros líderes del movimiento Talibán y de la Red Haqqani.

Así, aunque buena parte del liderazgo del movimiento estaba constituido por veteranos de la yihad contra Moscú —si bien ocupando posiciones poco importantes dentro de las distintas facciones muyahidín, como el caso de Omar, que se uniría a Hezb-e-Islami Khalis—, las bases del movimiento estaban formadas por jóvenes refugiados desamparados cuya única fuente de apoyo se basó en las madrassas, donde se radicalizaron,y a quienes Omar les proporcionó una hermandad, los Talibán, y una raison d’être como muyahidines que iban a “salvar” Afganistán y a instaurar un Emirato. Este grupo de “justicieros” recibió inicialmente mucho apoyo popular en Kandahar y el resto del sur del país al acabar con la tiranía de los señores de la guerra y traer orden, paz y —si bien una interpretación fundamentalista— justicia. Pero, además, es fundamental entender a los Talibán y el apoyo que recibieron en estas regiones dentro del contexto étnico-tribal afgano.

Kandahar, la segunda ciudad más grande de Afganistán, está habitada por los pastunes durranis, la tribu pastún más predominante. Estos, con base en Kandahar, habían dominado Afganistán durante más de 200 años, de la mano de las dinastías Durraní (1747-1823) y Barakzai (1823-1973) y, posteriormente, del Gobierno republicano de Mohammed Daud Khan (1973-1978), que habían gobernado el país muchas veces en base a sus intereses étnico-tribales pastunes, marginando en buena medida al resto de la sociedad afgana. No obstante, la Revolución comunista de Saur (1978) y, sobre todo, la intervención soviética (1979), les desposeyó en favor de otras tribus y etnias. Mientras los soviéticos llevaron al poder a los tayikos de Parcham —facción del Partido Democrático Popular de Afganistán— y se apoyaron en otros grupos como los uzbekos, los rebeldes kandaharís no se vieron particularmente favorecidos por la ayuda extranjera de EE. UU., Pakistán o Arabia Saudí, entre otros, que recibieron muyahidines como Gulbuddin Hekmatyar (pastún de la tribu Gilzhai), Ahmad Shah Masud (tayiko) o Islamil Khan (tayiko), quienes tuvieron una mayor prominencia dentro de los Siete de Peshawar, la principal agrupación de partidos y movimientos muyahidín. Para colmo, en 1992, tras la caída del Gobierno pro-soviético de Mohammad Najibullah —que intentó, frustradamente, acercarse a los pastún—, quienes tomaron Kabul no fueron pastunes sino los tayikos de Jamiat-e-Islami, liderados por Burhanuddin Rabbani y el propio Masud. Así, este sentimiento de frustración de un pueblo orgulloso y acostumbrado al poder como los pastunes kandaharís no hizo sino aumentar el apoyo a un grupo local, los Talibán, que aspiraba a tomar todo el país.

Mapa étnico de Afganistán y Pakistán

Fuente: World Future Fund

Además, para completar esta tormenta perfecta, por entonces Pakistán —que, junto a EE. UU., se encargó de financiar y armar a los grupos muyahidín, incluidos algunos de los más extremistas como Hezb-e-Islami Khalis, Hezb-e-Islami Gulbuddin o la Red Haqqani— buscaba un nuevo “campeón” en Afganistán. Los motivos eran muchos, ya sea asegurarse profundidad estratégica en las montañas afganas en caso de conflicto militar conIndia, proteger a los grupos yihadistas cachemiros que se encontraban en Afganistán, satisfacer los intereses de la mafia del transporte —interesados en que hubiera estabilidad en el país para poder llevar contrabando entre Pakistán y Asia Central—, el potente lobby pro-pastún en las FF. AA. pakistanís —no hay que olvidar que, como consecuencia del imperialismo británico, que impuso la línea Durand como frontera arbitraria con Afganistán, Pakistán también cuenta con una población pastún significativa— o la mayor relevancia que entonces había adquirido el ya mencionado JEU, que pasó a ser socio de Gobierno de la Primera Ministra Benazir Bhutto. El hecho es que Islamabad, ya cansado de su aliado Hekmatyar, en quien habían apostado tras la caída de Kabul en 1992 en manos tayikas para lograr un Gobierno pastún pro-pakistaní, pero cuya popularidad e imagen estaban por los suelos —en buena medida por su incesante bombardeo de Kabul—, pasó a apoyar activamente a los Talibán, especialmente a través del Inter-Services Intelligence(ISI), el servicio secreto del país, apoyándoles tanto diplomáticamente como con el envío de armas y estudiantes de las madrassas fronterizas como fuente incesante de soldados. La lista de socios internacionales se completó, posteriormente, con Arabia Saudí, que pasó a apoyar a los Talibán al considerar su islam deobandí como simpatizante del wahabismo predominante en el Reino.

Al mismo tiempo, el grupo se benefició enormemente del dinero que obtenían de la mafia del transporte por permitir que cruzara su territorio el contrabando de todo tipo de bienes entre Asia Central, Irán y Pakistán. Pero la auténtica “gallina de los huevos de oro” fue el opio. Desde la guerra afgano-soviética, la plantación de amapolas fue ganando terreno ante la destrucción que sufrieron las plantaciones tradicionales del país, especialmente en Kandahar, y el aprovechamiento de los beneficios económicos del opio por parte de los muyahidines para financiar el esfuerzo de guerra. Los Talibán no solo no censuraron estas prácticas, pese a ser haram, sino que las fomentaron, aumentando la producción. En este sentido, el grupo comenzó a gravar el tráfico de opio con el zakat o impuesto islámico, recibiendo ingentes cantidades de dinero con el que financiar sus campañas militares. La idea era simple, mientras el opio fuera exportado y no consumido por afganos los Talibán harían la vista gorda y se llevarían un trozo del pastel.

Así, la legitimidad que los Talibán obtuvieron en el “cinturón pastún” afgano al poner fin al caos y representar las aspiraciones de un pueblo acostumbrado al poder, pero ahora desposeído, así como el apoyo activo de Islamabad y Riad y los fondos obtenidos del contrabando y el opio, todo ello en un contexto de Guerra Civil entre muchos bandos, fueron los ingredientes del éxito inicial Talibán.

Talibán contra Alianza del Norte

Mientras los Talibán se impusieron como fuerza hegemónica en el sur, derrotando a todos los caudillos locales, el resto del país se veía dominado por toda una serie de señores de la guerra que controlaban distintos territorios y competían por hacerse con el poder en el país, bajo alianzas líquidas y múltiples traiciones. Rabbani presidía formalmente el Gobierno, mientras Masud hacía las veces de su General; Hekmatyar y su Hezb-e-Islami era fuerte en territorios pastunes y se encontraba a las puertas de Kabul, bombardeando la ciudad sin cuartel, lo que le ganó el sobrenombre de “el carnicero de Kabul”; Dostum —quien había sido uno de los principales valedores de Najibullah hasta que en 1992 le traicionó, lo que desde entonces haría constantemente, cambiando de alianzas varias veces entre 1992 y 1996— se encontraba en Mazar y, con base en la población uzbeka del país, constituía la principal fuerza en el norte; Ismail Khan gobernaba Herat y sus alrededores, y los hazaras —una minoría étnica afgana de habla persa y religión chií que se considera que surgió de la mano del mestizaje de la población local y los guerreros turco-mongoles de Gengis Khan—, organizados en torno a Hezb-e Wahdat, eran fuertes en el Hazarajat, con base en Bamiyán.

Los Talibán, por su parte, con la inexorable ayuda pakistaní y saudí, fueron poco a poco sometiendo a varios de estos grupos, ganando terreno a Hekmatyar en el sur, tomando la tercera ciudad más importante del país, Herat —antaño capital del sultanato timúrida—, y posteriormente, tras varios intentos y después de sufrir varias derrotas, expulsando a Masud fuera de Kabul en 1996, haciéndose así con la capital, todo ello mientras seguían expandiéndose hacia el este y el oeste del país.

Ante el rápido avance Talibán y la amenaza que suponía, los grupos que se mantenían en pie formaron una alianza anti-Talibán conocida como la Alianza del Norte, que recibió apoyo de países como Irán, Rusia, India, Tayikistán o Uzbekistán. No obstante, sus divisiones internas, aprovechadas por los Talibán, así como el inexorable apoyo pakistaní permitieron al grupo avanzar poco a poco, logrando importantes victorias en el norte en zonas como Mazar o el Hazarajat, donde llevaron a cabo auténticas matanzas de hazaras, tayikos y uzbekos. Finalmente, Ahmad Shah Masud, que desde la caída de Kabul se había refugiado en el Valle de Panjshir, desde donde, al igual que había hecho antaño con la URSS, lideró una durísima resistencia contra los Talibán, sería asesinado un 9 de septiembre de 2001 de la mano de Al Qaeda, tras lo cual todo parecía indicar que el resto del país caería como fruta madura en manos del Emirato Islámico de los Talibán. La victoria definitiva estaba cerca.

Mapa: La Guerra Civil afgana y el avance de los Talibán (1992-2001)

Fuente: Wikipedia

Conclusión

De esta forma, aprovechando el caos que se vivía en el país originado por la intervención de potencias extranjeras como la URSS, EE. UU., Arabia Saudí y Pakistán, un pequeño grupo religioso en un territorio marginal consiguió en apenas 7 años hacerse con la práctica totalidad del país. Víctima de los intereses geopolíticos de actores externos, Afganistán, antaño tierra de poetas, científicos y legendarios gobernantes, se había convertido en el hogar de una de las expresiones más extremistas del islam que seguía al pie de la letra la Sharía y la mezclaba con las leyes tribales de los pastunes, lo que entre otras cosas obligaba a las mujeres a quedarse en sus casas o, si no, a llevar burqas; prohibía cualquier tipo de entretenimiento, desde la música al deporte; forzaba a los hombres a llevar barbas islámicas; perseguía otras expresiones religiosas, particularmente a los chiíes, etc.

Y así, tras años de inestabilidad, el Emirato parecía una realidad que, antes o después, tendría que ser aceptada por sus vecinos y el resto de la comunidad internacional —hasta entonces reticentes a reconocer el nuevo régimen—, mientras la Alianza del Norte aparentaba estar herida de muerte.

No obstante, el 11 de septiembre de 2001 la suerte de los Talibán y Afganistán cambió completamente. Como veremos en el siguiente artículo de esta serie, una de las principales figuras extranjeras de la guerra afgano-soviética y aliado del Mulá Omar, Osama Bin Laden, utilizaría el territorio afgano como base de uno de los mayores atentados terroristas nunca vistos directamente dirigido contra el corazón de la potencia hegemónica mundial, Estados Unidos. Washington respondería con una intervención militar que nuevamente pondría el país patas arriba, trayendo un nuevo régimen y un nuevo episodio a una guerra aparentemente interminable.

Nota 1: En esta serie de artículos se ha preferido utilizar “Talibán” en lugar de “Talibanes” respetando el origen de la palabra, que ya implica pluralidad al provenir del plural de estudiante (ṭālib طالب) en pastún: ṭālibān (طالبان).

Nota 2: La fuente principal para este artículo se ha basado en el excelente libro del periodista Ahmed Rashid, Los talibán: Islam, petróleo y fundamentalismo en el Asia Central, cuya lectura recomiendo encarecidamente para todo aquel que quiera ampliar sobre los orígenes de este movimiento.

Por Manuel Fernández Illera

Graduado en Relaciones Internacionales con especial interés en Asia-Pacífico, Rusia y el espacio postsoviético, la región MENA y la UE.

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