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Treinta años de crecimiento del gasto de defensa en China ¿Superará a EE. UU. en presupuesto militar?

EE. UU. lleva muchos años siendo, indiscutiblemente, el país que más invierte en Defensa, pudiendo así sostener el ejército mejor preparado del mundo. No obstante, el ascenso económico ha permitido a China aumentar su propio presupuesto, y por ende mejorar sus Fuerzas Armadas, a un ritmo frenético. ¿Podrá Beijing llegar a superar el gasto en Defensa estadounidense?

A fines de la Guerra Fría los analistas de defensa norteamericanos tildaron al Ejército de Liberación Popular como una fuerza masiva pero arcaica y, por tanto, no competitiva con las fuerzas armadas estadounidenses. Transcurridos treinta años de inversión económica, el Ejecutivo de Xi Jinping ha declarado como meta que el ELP sea una fuerza militar global de primer nivel para el año 2049. De momento, es la segunda potencia mundial en gasto de defensa, y probablemente en el 2049 sea la primera poniendo en serios aprietos la supremacía militar estadounidense.

Si observamos la evolución del gasto de defensa de China y EE.UU. a lo largo de treinta años (1989 – 2019), veríamos dos aspectos que diferencian a uno y otro país. Por un lado, el gasto militar de EE.UU. en ese periodo de tiempo ha sido, sin lugar a dudas, mucho más elevado que el gasto chino. Pero, por otro lado, el gasto de defensa chino ha crecido de una manera más estable y alcista que el estadounidense; es decir, se aprecian distintas tendencias de evolución de gasto.

EE.UU. desde la Guerra Fría ha mantenido su supremacía militar en el mundo, algo que, en parte, ha logrado gracias a su elevadísimo presupuesto en Defensa. Y es que en las últimas tres décadas su gasto militar ha supuesto aproximadamente más del 40% del gasto militar mundial, siendo así el Estado que más dinero ha gastado en Defensa. Para hacernos una idea, su gasto de defensa total en 2010 —año del pico máximo de gasto tras la Guerra Fría— fue de 849.867 millones de $ (a precios constantes del año 2018), una cifra casi billonaria, superior al PIB de algunos países pobres. Ahora bien, en la evolución del gasto estadounidense se observan diversas fluctuaciones.

Gasto total anual de defensa (en millones de dólares a precios constantes del año 2018) de EE.UU. en el periodo 1989-2019, y su coincidencia con 4 hitos cronológicos. Fuente: elaboración propia a partir de la base de datos de gasto militar del SIPRI.     

Tales fluctuaciones corresponden a diversas coyunturas históricas. El fin de la Guerra Fría trajo consigo el cobro de los dividendos de la paz y, con ello, la reducción del gasto de defensa. Luego, en 2001, tras el 11-S y la declaración de guerra al terrorismo por el presidente George W. Bush, el gasto de defensa experimentó un enorme crecimiento. Las campañas militares en Afganistán e Irak agudizaron el incremento. Después, la Administración Obama se comprometió nuevamente a la contracción del gasto, y pudo lograrlo a partir de las primeras retiradas de las fuerzas norteamericanas en Irak y Afganistán. Sin embargo, a partir de 2017, la presidencia de Trump y su retórica de la competitividad estratégico frente a las grandes potencias —China y Rusia— supusieron una nueva alza en el gasto de defensa. Asumiendo la multipolaridad existente en el orden internacional y el cada vez mayor repliegue estadounidense, la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 ofrece un enfoque hipercompetitivo, en el cual se hace imperativo destinar más recursos a la seguridad y la defensa. Y, como asume el propio documento, la supremacía militar es uno de los pilares principales de la seguridad nacional estadounidense.

No obstante, el gasto de defensa estadounidense en 2019 (718.689 millones de $, a precios constantes del año 2018) fue tan solo un 10% más que el valor absoluto de gasto en el año final de la Guerra Fría, 1989. Visto en perspectiva temporal, el gasto de defensa no ha experimentado un gran cambio en los últimos 30 años, actualmente sigue siendo semejante a los años últimos de enfrentamiento contra el bloque comunista. En ese sentido, el gasto militar apenas ha crecido, su evolución es fluctuante, y se observa la incapacidad del país por mantener un ritmo sostenido de crecimiento.

La clase política estadounidense se ha mostrado más proclive al control e, incluso, reducción del gasto de defensa que a su incremento. No en vano ha sido un enorme lastre en las finanzas del país al haber implicado más del 3,5% del PIB. De hecho, el reciente crecimiento del gasto militar es bastante ligero. Asimismo, desde el pivote asiático de Obama el país es cada vez más selectivo en sus compromisos y objetivos de defensa internacionales. Con todo, el desgaste del liderazgo estadounidense también se observa cuantitativamente por medio de sus cifras de gasto de defensa.

Gasto total anual de defensa (en millones de dólares a precios constantes del año 2018) de China en el periodo 1989-2019. Fuente: elaboración propia a partir de la base de datos de gasto militar del SIPRI.

Por el contrario, la evolución del gasto de defensa chino se aprecia mucho más expansiva. Ha crecido a un ritmo constante, inalterado durante las tres décadas pasadas. Tan solo hubo dos años —1993 y 1994— con crecimiento anual negativo. En consecuencia, el máximo de gasto se ubica en el último año del periodo —2019—, con un valor absoluto de 266.449 millones de $ (a precios constantes del año 2018), y el mínimo en el año de partida —1989—, con un valor absoluto de 20.132 millones de $ (a precios constantes del año 2018). Esto nos deja el siguiente dato: el gasto de defensa chino en 2019 es 13 veces más que en 1989. Esto supone que ha crecido en 1.224%. De este modo, si el gasto chino en 1989 era similar al de cualquier potencia intermedia —por ejemplo, España—, ahora supone el 14% del gasto militar mundial, siendo así la segunda potencia que más invierte en Defensa, solo tras EE.UU.

Porcentaje de EE.UU., China y el resto de países en el gasto de defensa mundial, año 2019. Fuente: elaboración propia a partir de la base de datos de gasto militar del SIPRI.

Diversos expertos, como Augusto Soto, apuntan a que esta vertiginosa evolución se debe al rápido crecimiento económico que China ha experimentado en las últimas décadas. Efectivamente, podemos apreciar un claro paralelismo entre la evolución del PIB y la evolución del gasto en Defensa: una tendencia al alza ininterrumpida a lo largo de los últimos 30 años. Así, por ejemplo, la tasa media de crecimiento anual del PIB entre 1989 y 2019 se sitúa en 9.5% —calculada a partir de la base de datos de crecimiento anual PIB del Banco Mundial—.

Sin embargo, el porcentaje de gasto de defensa en el PIB de China se ha mantenido siempre por debajo del 2,5% —y en los últimos 15 años por debajo incluso del 2%—. Por ende, ha de descartarse la posibilidad de incrementos en el gasto de defensa debidos a un aumento de su proporción en el PIB. El valor absoluto de gasto en Defensa ha aumentado, pero siempre en correlación al crecimiento económico. Por ello, se ha mantenido el mismo porcentaje en el PIB durante todo el periodo. Así pues, el desarrollo económico chino ha dado lugar a un incremento ininterrumpido de los recursos públicos, pudiéndose invertir los recursos adicionales en la Defensa. Esto finalmente explica lo que señalan los expertos: el creciente gasto militar de China se debe a su progreso económico.

En el fondo, en cuanto a gasto de defensa, se observa calma y confianza hasta que China ascienda pacíficamente por medio de la economía, confiando que a futuros pueda disponer de un presupuesto más elevado. Ello nos dice mucho acerca de la diplomacia del “dragón rojo”, aún en cierta medida influenciada por los 24 caracteres de Deng Xiaoping.

Por lo tanto, el gasto militar chino no ha comprometido las cuentas públicas al contrario que en EE.UU. En ese plano, Beijing podrá seguir ampliando su gasto en Defensa sin hacer ninguna clase de sobreesfuerzo, ello siempre y cuando mantenga el ritmo de crecimiento económico que ha conservado en las tres últimas décadas. En cambio, EE.UU. tiene más limitaciones a la hora de hacerlo, con más sobrecostos y más restricciones por parte de su clase política. En consecuencia, es plausible que a largo plazo China pueda alcanzar a Norteamérica en gasto militar. Ello recrudecerá más la competitividad estratégica ya manifiesta entre ambos, sobre todo, porque hará palidecer la ventaja que ahora mismo Washington disfruta en el ámbito militar.

En conclusión, en otro aspecto más —el gasto militar— podemos apreciar cómo se está gestando el cambio en el orden mundial, y cómo el poder se está polarizando hacia Asia-Pacífico, en general, y hacia China, en particular.

Por Rubén Fuster Leal

Licenciado en el Máster Universitario de Seguridad, Defensa y Geoestrategia, y doble graduado en Historia y Ciencia Política. Apasionado de las ciencias sociales, especialmente de la política y las relaciones internacionales. Analista de seguridad y defensa como vocación, investigador como hobby.

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