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¿Qué es la ambigüedad estratégica estadounidense hacia Taiwán y cuál es su papel en la competición con China?

La ambigüedad estratégica es la principal política estadounidense en materia militar hacia la isla de Taiwán. Durante décadas se ha mantenido relativamente intacta, pero en estos últimos años cada vez más voces piden su abandono, aumentando las tensiones entre EE. UU. y China.

Desde la ruptura de las relaciones bilaterales entre EE. UU. y Taiwán en 1979, y con ello la denuncia estadounidense del Tratado de Defensa Mutua de 1955 que convertía a los dos países en aliados militares, la política estadounidense hacia la defensa de Taiwán se ha guiado por la llamada “ambigüedad estratégica”uno de los dos pilares de la política de Washington hacia Taiwán junto a la política de “una China”—. Esta es una política por la que EE. UU. no adopta una posición explícita en cuanto a si intervendría militarmente o no para defender a la isla de un ataque externo, buscando así disuadir a la China continental pero también preservar buenas relaciones con esta y evitar una declaración de independencia de Taipéi. Esta política se ve completada por las disposiciones de la Taiwan Relations Act, que establece la continuidad de los contratos armamentísticos hacia la isla y el compromiso con sus capacidades de autodefensa.

No obstante, en los últimos años ha aumentado notablemente la tensión en el Estrecho. Beijing ha declarado una y otra vez su objetivo de la reunificación con una fecha límite del 2049, es decir, el centenario de la República Popular China (RPCh), enfatizando la vía pacífica, pero sin renunciar al uso de la fuerza, como indica la Ley Antisecesión de 2005, por la cual una declaración de independencia de la isla será considerada por Beijing como un casus belli.

Al mismo tiempo, las capacidades del Ejército Popular de Liberación (EPL) chino no han hecho sino aumentar, haciendo una operación anfibia contra la isla un hecho cada día más factible, incluso frente a una intervención de EE. UU. —los propios juegos de guerra del Pentágono muestran cada vez peores resultados en los enfrentamientos de EE. UU. con China en el Estrecho—. Además, esta deriva ha venido acompañada de un progresivo deterioro en las relaciones a través del Estrecho y entre EE. UU. y la RPCh.

Esta situación puede generar una tormenta perfecta que desencadene un conflicto. Así lo vislumbra The Economist, que llevó recientemente en portada el Estrecho como “la zona más peligrosa del mundo”. Este nuevo contexto ha generado un gran debate en Washington sobre la ambigüedad estratégica con opiniones de todo tipo entre “halcones”, que defienden abandonar esta política para disuadir a Beijing, y “palomas”, que afirman que esta política es, en sí misma, la mejor forma de preservar la autonomía taiwanesa. En lo que prácticamente todos están de acuerdo es en la idea de preservar el apoyo a Taiwán como socio democrático, clave en la Estrategia del Indo-Pacífico y “portaaviones insumergible” frente a China. 

Previamente, Donald Trump, dentro de la mayor asertividad y conflictividad de su Administración frente a Beijing, adoptó una posición mucho más pro-taiwanesa que sus antecesores, elevando los compromisos en materia defensiva a través de contratos armamentísticos de elevada importancia y patrullas marítimas por el Estrecho de Taiwán dentro de la idea de un Indo-Pacífico libre y abierto (Free and Open Indo-Pacific). De esta forma, tensionó la idea de «ambigüedad estratégica» como no se había visto en mucho tiempo, pero no llegó a romper con la política pese a todo.

La Administración Biden, por su parte, a día de hoy, también parece haber suscrito la “ambigüedad estratégica”, pero manteniendo un compromiso “sólido como una roca” con la autodefensa de la isla, preservando y expandiendo los contratos armamentísticos para reforzar las capacidades taiwanesas y manteniendo las patrullas a través del Estrecho como señal de advertencia a Beijing. Es decir que, en esta cuestión, hay más elementos de continuidad que de cambio entre Trump y Biden.

Nadie sabe a ciencia cierta si Beijing atacará la isla, si se producirá una independencia o si habrá una reunificación pacífica, pero será conveniente que los distintos actores mantengan la moderación para evitar errores de cálculo que puedan derivar en un conflicto que enfrente a las dos principales potencias de nuestros tiempos, con consecuencias impredecibles.

Por Manuel Fernández Illera

Graduado en Relaciones Internacionales con especial interés en Asia-Pacífico, Rusia y el espacio postsoviético, la región MENA y la UE.

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