Categorías
Artículos Asia Oriental China Economía Taiwán

La industria taiwanesa de chips y la guerra tecnológica sinoestadounidense

Apple, Sony, Tesla o Airbus son empresas multinacionales mundialmente conocidas, pero pocos conocen la existencia de la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC). Sin embargo, esta empresa taiwanesa es clave para la tecnología que consumimos a diario ya que es el principal productor mundial de semiconductores, más conocidos como chips, representando más de la mitad de la cuota del mercado.

El confinamiento en una gran parte de los países del mundo derivado de la pandemia de la COVID-19 frenó en seco la producción de la industria automovilística. No obstante, la demanda de semiconductores fue absorbida por un incremento en la producción de la industria tecnológica de la mano de una mayor demanda de productos tecnológicos como ordenadores o tabletas, originada por el teletrabajo.

El problema surgió después cuando las empresas automovilísticas retomaron su actividad y se encontraron con que las empresas manufactureras, como la TSMC, no podían satisfacer su demanda de chips, pues había sido sustituida por la de las empresas tecnológicas, dando lugar así a una escasez de semiconductores que ha obligado a algunos fabricantes automovilísticos incluso a tener que interrumpir sus cadenas de producción.

La situación de escasez ha hecho saltar las alarmas de las grandes potencias, pasando a considerar el asunto en términos de Seguridad Nacional. Ahora bien, esta cuestión no es nueva. Los semiconductores, como la piedra angular de la tecnología en la era de la inteligencia artificial y el internet de las cosas, han sido una pieza clave en la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China, así como la relación de ambas naciones con Taiwán, situando a la TSMC en el centro de la disputa.

Para algunos analistas, que la República Popular China (RPCh) no haya descartado la invasión de lo que consideran una “provincia rebelde” se debe, en una parte, al acceso del control efectivo de la cadena de suministros de semiconductores. Por el lado contrario, el mayor acercamiento de EE. UU. hacia Taiwán —y el posible abandono de su ambigüedad estratégica en sus relaciones con Taipéi— también responde en gran modo a asegurar su suministro de semiconductores.

En esta guerra ambos tienen vulnerabilidades estratégicas, pues dependen en gran medida de terceros para su suministro de chips. La RPCh, que ya gasta más dinero en importar chips que petróleo, ha invertido miles de millones de dólares para desarrollar su propia industria a través de la estrategia Made in China 2025 para reducir su dependencia. No obstante, aunque China posee una de las principales empresas productoras de chips del mundo, la Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC), aún se encuentra lejos de ser capaz de producir los chips más avanzados del mercado.

La Administración Trump trató de explotar esta vulnerabilidad a través de la imposición de sanciones cada vez más estrictas a la venta de tecnología estadounidense. De esta manera, buscó cercar y limitar las capacidades chinas para evitar, o al menos retrasar lo máximo posible, el sorpasso chino a su primacía tecnológica y económica. Entre estas medidas se incluyó la exigencia a empresas extranjeras como la TSMC de obtener una licencia antes de poder vender chips que contuvieran software o componentes estadounidenses, limitando así el acceso de las empresas chinas a los semiconductores más avanzados.

Uno de los objetivos de las sanciones fue Huawei, que vio cómo EE. UU. presionó a la TSMC para que le dejara de suministrar semiconductores, lo que provocó, entre otras cosas, que la empresa china tuviera que dejar de incluir en sus teléfonos móviles los procesadores de última generación Kirin (de diseño propio) debido a que se utilizaba maquinaria estadounidense para su fabricación. 

Por otro lado, a pesar de que EE. UU. es líder indiscutible en el diseño y tiene el mayor número de patentes de semiconductores, también posee una gran vulnerabilidad estratégica en su cadena de suministro, puesto que sus empresas han externalizado la mayor parte de la manufactura en empresas surcoreanas, chinas, taiwanesas y japonesas especializadas en ello como la TSMC. El resultado es que EE. UU. tiene muy poca capacidad para producir localmente sus semiconductores. Para atenuar esta debilidad, Biden busca ahora proporcionar 50 mil millones de dólares en fondos para la producción e investigación en semiconductores para abordar la escasez global. También se han creado incentivos para establecer el proceso de manufacturación en suelo estadounidense.

Con las crecientes tensiones en el Estrecho de Taiwán, la industria taiwanesa de semiconductores se ha visto cada vez más arrinconada en medio de una competición sinoestadounidense al alza y ha sido prácticamente obligada a elegir bando entre sus dos principales clientes. Los efectos de las sanciones estadounidenses ya se han dejado notar. Por ejemplo, la empresa taiwanesa Alchip Technologies, que diseñaba semiconductores para algunas de las empresas chinas incluidas en la reciente actualización de la lista negra estadounidense, ha perdido una cuarta parte de su valor desde que Washington actualizó su lista.

Sin embargo, la extremada dependencia de ambos de los semiconductores taiwaneses hace que, por el momento, un conflicto abierto sea muy poco probable, al menos en el futuro más inmediato, a pesar del objetivo chino de incorporar Taiwán antes del centenario de la constitución de la RPCh en 2049. A corto plazo, como señala el analista canadiense Angel Katsoras, lo más probable es que tanto Washington como Beijing soliciten –o incluso obliguen– a la TSMC y otras empresas taiwanesas de semiconductores a instalarse en su propio territorio, exigiendo que su cadena de suministro excluya la tecnología del otro. Por el momento, la TSMC ha invertido en la apertura de dos plantas en China continental y ha realizado una inversión de 12.000 millones de dólares en una planta de Arizona.

Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s