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El papel de Estados Unidos en la Competición Diplomática entre Beijing y Taipéi

Desde la vuelta al poder de los independentistas en Taiwán, China ha relanzado una competición diplomática con el objetivo de aislar a la isla. No obstante, en el marco de la competición sino-estadounidense, Washington ha tomado cartas en el asunto, poniendo todo el peso en el asador con la ley TAIPEI.

En estos últimos años, sobre todo desde la llegada al poder en EE. UU. de Donald Trump y en Taiwán de Tsai Ing-wen, las relaciones bilaterales entre ambos países han mejorado hasta el punto de que han llegado a su mejor momento desde 1979. En el contexto de la competición sinoestadounidense, Taiwán se ha convertido en una pieza clave para contener y presionar a China, especialmente en relación a la ruptura entre Beijing y Taipéi tras la llegada al poder del Minchintang (MCT). Y es en este contexto donde ha surgido con fuerza una nueva área de cooperación entre EE. UU. y Taiwán como es el apoyo del primero a los esfuerzos diplomáticos del segundo.

Desde la constitución de la República Popular China (RPCh), ha existido una activa competición entre Taipéi y Beijing por ser reconocidos como la única China, aspirando ambos Gobiernos a representar el país en el escenario internacional. Si bien en un primer momento fue la República de China quien recibió un mayor reconocimiento, en los años 70, tras la visita de Richard Nixon a China, se produjo un giro de 180º, pasando a ser Beijing el país más ampliamente reconocido. Aun así, Taiwán, de la mano de su “diplomacia de chequera” —que al General Chiang Kai-shek le valió el mote de General, Cash My Check— por su poderío económico como tigre asiático logró mantener a varios de sus socios diplomáticos, especialmente en el Tercer Mundo, pero desde entonces tendría que competir activamente con la RPCh, que también usaba su propia “diplomacia de chequera”.

No obstante, de la mano de la conocida como “Tercera Cooperación” de 2005 entre el Kuomintang (KMT) y el Partido Comunista Chino (PCCh), en este caso contra el independentismo taiwanés, y la vuelta al poder del KMT con Ma Ying-jeou en 2008, ambos países firmaron una “tregua diplomática”, por la que dejaron de buscar socavar los socios diplomáticos del otro. Sin embargo, la llegada al poder de Tsai y su independentista MCT, que no reconoce el llamado “Consenso de 1992” —un acuerdo tácito entre el PCCh y el KMT por el que ambos reconocen la existencia de “una China” pero con interpretaciones distintas—, junto al cambio de rumbo que ha supuesto en el continente Xi Jinping, quien incluye la reunificación en su “sueño chino” y pone como fecha límite el centenario de la RPCh, 2049, —sin descartar el uso de la fuerza, especialmente ante acciones independentistas en la isla, como indica la Ley Antisecesión de 2005— han envenenado la relación y han generado toda una serie de tensiones, lo que en el ámbito diplomático se ha materializado en una reanudación de la competición.

Pero aquí surge un enorme problema para Taiwán, pues desde 2005 China ha despegado económicamente y ha aumentado su presencia en todos los ámbitos del globo. Con sus iniciativas como Go out/Go global y, sobre todo, con la reforma de la política exterior de la mano de Xi, quien, siguiendo al famoso internacionalista Yan Xuetong, ha dejado atrás la política de “mantener un perfil bajo”, cuyo objetivo principal era “enriquecerse”, para pasar a una de “luchar por el éxito”, cuyo objetivo principal es “hacer amigos”, por lo que China ha adoptado un enfoque mucho más político. Bajo este nuevo paradigma, se han producido los grandes planes chinos como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, con cuantiosas inversiones en infraestructuras por todo el mundo.

En este sentido, la RPCh se ha convertido en un socio mucho más atractivo que Taiwán en cuanto a sus incentivos económicos, lo que ha significado que, desde 2016, Gambia, Santo Tomé y Príncipe, República Dominicana, Panamá, Burkina Faso, El Salvador, Islas Salomón y Kiribati hayan abandonado a Taipéi para establecer relaciones con Beijing, lo que ha dejado a la isla, de momento, con únicamente 15 socios diplomáticos. Lo mismo sucedió con la participación taiwanesa en Organizaciones Internacionales, que de la mano de China se ha evaporado desde entonces, como en el sonado caso de la OMS, cuya exclusión se mantuvo incluso durante el contexto pandémico. Y, en este mismo sentido, China está haciendo valer la conocida como “diplomacia de las vacunas”, por la cual pone a disposición de los socios diplomáticos de Taiwán sus distintas vacunas —CanSino y Sinovac— a cambio de un cambio del reconocimiento, con casos sonados como Paraguay, Guatemala u Honduras, si bien de momento sin éxito.

Ante esta tendencia, EE. UU. se ha volcado en apoyar a la isla. Si Taiwán perdiese todos sus socios diplomáticos podría ayudar a justificar la tesis de “provincia rebelde” defendida desde Beijing y acercar una reunificación con la que China se podría desembarazar de un importante punto de presión. La respuesta de EE. UU. ha sido la ley TAIPEI (Taiwan Allies International Protection and Enhancement Initiative). Esta, aprobada en 2020, entre otras cosas, permite a EE. UU. modificar sus relaciones económicas, diplomáticas y de seguridad con aquellos países que lleven a cabo acciones que socaven la posición internacional taiwanesa, es decir que, llama a Washington a emplear una aproximación de “zanahorias y palos” para evitar que los socios diplomáticos taiwaneses cambien el reconocimiento a Beijing y para premiar a socios chinos que pasen a reconocer a Taipéi.

De esta forma, siguiendo a Xulio Ríos, “Washington se erige en “hermano mayor” de Taiwán al tiempo que humilla la capacidad soberana de terceros estados que ven coartada su libertad para decidir”. Así, EE. UU. niega a toda una serie de pequeños Estados los beneficios económicos que podrían obtener de establecer relaciones con la segunda economía del mundo todo ello a la vez que, por su parte, sigue adscribiéndose a la política de “una China” y las ventajas económicas que eso conlleva. En este sentido, para contrarrestar lo que uno de los coautores de la ley, el senador Chris Coons, llama “tácticas de intimidación” de China contra Taiwán, EE. UU. ha pasado a llevar a cabo sus propias tácticas de intimidación. Por tanto, si lo que EE. UU. busca es mejorar la posición internacional taiwanesa en vez de recurrir a la coerción, debería mejor seguir lo que Kelvin Chen del Taiwan News llama estrategia de “todo zanahorias y ningún palo”, por el que Washington apoyara diplomáticamente a la isla únicamente en base a incentivos.

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Por Manuel Fernández Illera

Graduado en Relaciones Internacionales con especial interés en Asia-Pacífico, Rusia y el espacio postsoviético, la región MENA y la UE.

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