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Justin Trudeau y su tormentosa relación con China

Hijo de Pierre Trudeau, su padre fue el primer ministro canadiense (1968-1979) que estableció relaciones diplomáticas con Beijing y tuvo un amplio conocimiento y conexión con China, algo que le permitió desarrollar unas excelentes relaciones con la República Popular de China (RPCh). Pierre Trudeau viajó en varias ocasiones a China antes de ser primer ministro, fue el primer primer ministro canadiense en visitar la RPCh e incluso coescribió un libro junto con Jacques Hébert titulado Two Innocents in Red China.  

Durante los primeros años de su primer mandato, Justin Trudeau buscó reformular la política hacia China de su predecesor conservador, Stephen Harper, que había sido algo accidentada. Al poco tiempo de acceder al poder en 2015, atendió una reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) en Manila, donde el presidente chino Xi Jinping le comentó que China siempre recordará las medidas tomadas por su padre para construir las relaciones entre ambos países y que “esa fue una visión política extraordinaria”. Por su parte, Justin Trudeau señaló que ambos tenían “la oportunidad de establecer un nuevo enfoque” en la relación bilateral y que trabajaría para el fortalecimiento de las “cuestiones económicas y los vínculos políticos y culturales”.

Al menos durante los dos primeros años de su mandato, las relaciones con China fueron muy positivas. Li Keqiang, primer ministro chino, llegó incluso a calificar las relaciones como una “nueva década dorada”. Justin Trudeau visitó China en agosto de 2016 y promovió la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre ambas naciones.

Sin embargo, las relaciones comenzaron a torcerse a finales de 2018, cuando China y Canadá se enzarzaron en una prolongada lucha política y judicial. El quid de la tensión bilateral fue el arresto en Vancouver de Meng Wanzhou, directora financiera del gigante tecnológico chino Huawei e hija de su fundador, Ren Zhengfei, debido a una solicitud de extradición de los EE. UU. bajo las sospechas de haber violado las sanciones del país contra Irán.

Inmediatamente tras su arresto, Beijing respondió con la detención de dos canadienses, Michael Kovrig y Michael Spavor, por cargos de espionaje y acusados de poner en peligro la seguridad del Estado. Posteriormente, China también ha aplicado sanciones económicas sobre Canadá al suspender las importaciones de aceite de canola, carne vacuna y porcina.

Desde entonces, tal y como señala Wendy Wu, Ottawa ha estado bajo una presión creciente tanto de Washington como de Beijing, su primer y segundo socio comercial respectivamente. Por un lado, Canadá se encuentra bajo una aumentada presión para bloquear a Huawei de su infraestructura de 5G, siendo el único miembro de los Five Eyes —la alianza en inteligencia más antigua del mundo que data de la Segunda Guerra Mundial, formada por EE. UU., Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido— que no lo ha bloqueado formalmente, aunque según señala David Ljunggren, lo ha hecho efectivamente, ya que las acciones de las operadoras canadienses han estado restringidas por las sanciones estadounidenses y, por tanto, han tenido que dejar de lado al gigante tecnológico chino.

Por otro, las tensiones paralizaron por completo las negociaciones del TLC, dificultadas en gran parte también por una disposición del Acuerdo EE. UU.-México-Canadá (una versión revisada del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, NAFTA en sus siglas en inglés), mediante el cual requiere que los países miembros se notifiquen mutuamente con seis meses de antelación antes de negociar con cualquier economía que no sea miembro del tratado. Aparentemente, esta disposición tendría como objetivo a China.

Tras un difícil inicio del año 2019, el gobierno de Justin Trudeau buscó apaciguar las tensiones entre Beijing y Washington. Uno de los ejemplos más recientes ha sido la abstención por parte de Trudeau y su gabinete en la votación en la Cámara de los Comunes de Canadá el 22 de febrero de 2021 para declarar que China está cometiendo un “genocidio” contra más de un millón de uigures en la región de Xinjiang.

En cambio, el principal partido de la oposición, el Partido Conservador, votó a favor de la moción. Su líder, Erin O’Toole, ha sido especialmente crítico con la política hacia China de Justin Trudeau y, durante su campaña electoral de 2020, prometió una línea más dura hacia Beijing.

Una posible elección de O’Toole como primer ministro canadiense, por tanto, supondría la vuelta a los primeros años de Harper, centrando su mirada en la moralidad por encima de los lazos comerciales y otros ámbitos, además de apostar por trabajar con “países de ideas afines para apoyar estos valores”.

En definitiva, el ascenso al poder de O’Toole supondría un mayor alineamiento con Australia o EE. UU. para una confrontación efectiva contra China, algo que tanto Justin Trudeau como sus predecesores, han tratado de evitar.

Aun así, las relaciones bilaterales no han terminado por mejorar en los últimos meses. China ha seguido calificando a Canadá como un “perrito faldero” de Estados Unidos. Li Yang, el cónsul general chino en Rio de Janeiro (Brasil), señaló en un tweet que el mayor logro de Justin Trudeau ha sido “arruinar las relaciones amistosas entre China y Canadá y ha convertido a Canadá en un perrito faldero de los EE. UU.”.

Además, las relaciones se han recrudecido aún más cuando el mes pasado, China, con el apoyo de Venezuela, solicitó a la ONU una investigación de los crímenes contra la población indígena de Canadá tras el estallido del escándalo del descubrimiento de los restos de más de doscientos niños indígenas en escuelas donde fueron internados forzosamente.

A pesar de los diferentes esfuerzos por mejorar las relaciones bilaterales durante estos últimos dos años, no ha habido un cambio radical respecto de la situación de finales de 2018. Con dos años más de mandato por delante, si la situación continúa por estos cauces, queda por ver si una posible victoria del Partido Conservador y su líder Erin O’Toole podría suponer una total ruptura de la tradicional política canadiense de compromiso hacia la República Popular de China.

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Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

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