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El reto de la vacunación en el Sudeste Asiático

Durante el año pasado, varios países de la región del Sudeste Asiático recibieron numerosos elogios por su hábil manejo de la pandemia de la COVID-19. A pesar de haber registrado el primer caso fuera de China en enero de 2020, por lo general, la región fue capaz de contener el virus en la primera ola, registrando una baja incidencia durante casi todo el año.

No obstante, el año 2021 está siendo mucho más difícil de lo esperado. La relajación por parte de los ciudadanos y la expansión de nuevas variantes más infecciosas del virus, principalmente de la variante Delta procedente de la India, han disparado el número de casos en la región. En Indonesia, por ejemplo, la variante Delta ya constituye más del 97% de las nuevas infecciones, es decir, la práctica totalidad de los nuevos casos registrados en este país.

Ante esta situación, los diversos gobiernos regionales han tratado de acelerar sus campañas de vacunaciones. Singapur lidera holgadamente esta carrera. Por el momento, el 61,68% de su población ya ha recibido al menos una dosis y el 37,13% ha recibido la pauta completa.

El resto de los países aún se encuentran lejos de las cifras de su vecino y la mayoría se sitúan alrededor del 10% de población inoculada. Camboya sería el país que más se acercaría, con el 27,51% de población con al menos una dosis y un 19,92% con la pauta completa. El país jemer ha movilizado a su ejército para vacunar a sus ciudadanos y ha sorteado entre cada millón de inoculados 10 millones de rieles camboyanos (2.075€).

Malasia, tras imponer un nuevo confinamiento en la primera mitad de junio después de registrar un récord de casos, ha acelerado su programa de vacunación registrando diariamente nuevos récords de inoculaciones y ha abierto numerosos mega centros de vacunación por todo el país. El 20,35% de una población de aproximadamente 30 millones de personas ya ha recibido al menos una dosis y el 8,45% de la población ha recibido la pauta completa.

Indonesia, que ya ha puesto más de 30 millones de dosis, ha inoculado con al menos una dosis a 11,81% de su población y a un 5,13% con la pauta completa. Además, ha solicitado asistencia técnica a China para ayudarlo a convertirse en un centro de producción regional de la vacuna para la COVID-19.

Tailandia, que está considerando un nuevo confinamiento por el aumento exponencial de los contagios en el país, ha puesto más de 7 millones de dosis de vacunas, por lo que el 11,18% de la población ha recibido al menos una dosis y el 4,26%, la pauta completa. La empresa local, Siam Bioscience, ha sido contratada para fabricar 61 millones de dosis de la vacuna de Astrazeneca desde junio, con el que el gobierno tailandés busca inocular a su población de aproximadamente 66 millones para finales de año.

Muy por detrás se situarían Vietnam y Myanmar, que se encuentran en la cola de la lista con un 3,75% y un 3,38% de la población con al menos una dosis y un 0,22% y un 2,81% con la pauta completa, respectivamente.

En Myanmar, el golpe militar producido en febrero de 2021 ha tenido un efecto negativo en la vacunación, provocando una inestabilidad que ha exacerbado los problemas ya existentes en un sistema de salud ya sobrecargado. Asimismo, muchas personas en el país rechazan la vacunación por la gran desconfianza existente hacia la junta militar para administrar, almacenar y transportar las vacunas.

La desinformación: un límite a los programas de vacunación

La desinformación y la propaganda anti-vacunación, unido a lucha por conseguir vacunas, han tenido un efecto negativo en el avance de los programas y ha ralentizado la vacunación, principalmente en países como Filipinas, Tailandia o Indonesia.

En Filipinas, el 68% de la población no está segura de vacunarse o no.

Millones de personas en la región consideran que no tienen prisa o, directamente, no desean vacunarse influenciados por la desinformación, que se ha expandido a través de las redes sociales tanto por fuentes locales como por movimientos anti-vacunación de Estados Unidos.

A pesar de las altas tasas de contagio de algunos países de la región, varias encuestas recientes han demostrado que muchas personas dudan sobre si ponerse la vacuna o no. En Filipinas, el 68% de las personas no están seguras si vacunarse o no según una encuesta de la empresa Social Weather Stations.

En Tailandia, un tercio de la población tiene dudas o se niega a vacunarse, mientras que una encuesta en Indonesia mostró que casi una quinta parte de la población no está segura de vacunarse.

La competencia geopolítica

Otro de los factores dentro de los programas de vacunación regionales ha sido la competencia geopolítica entre China y Occidente. En su “diplomacia de las vacunas”, China ha priorizado a la región del Sudeste Asiático. Nueve de los diez países de la ASEAN —con la excepción de Vietnam— ya están utilizando vacunas chinas o están en camino de hacerlo.

Además, China ha donado vacunas a Brunéi, Camboya, Laos y Myanmar. Filipinas recibió también una donación, que después se convirtió en una compra de vacunas chinas. Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia compraron vacunas chinas directamente. Indonesia fue uno de los primeros países en recibir las vacunas chinas (más de un millón) y ha sido el principal importador de vacunas chinas del mundo, con más de 100 millones de dosis ya compradas.

Por su parte, Estados Unidos ha anunciado recientemente que va a donar siete millones de vacunas a Asia Meridional y sudoriental, además de que se espera que el G-7 done mil millones de dosis de vacunas a los países más pobres del mundo. Japón donó un millón de dosis de la vacuna de Astrazeneca a mediados de junio a Vietnam. Además de considerar nuevas donaciones a Vietnam, también tiene planes de realizar similares donaciones a Indonesia, Malasia, Filipinas y Tailandia para este mes de julio.

La dependencia en las vacunas puede reforzar a largo plazo la posición de China en la región.

Otro actor, menos importante que Estados Unidos y que China, pero que también juega a la “diplomacia de las vacunas” es Rusia, que está movilizando su propia vacuna, la Sputnik V, con recientes importantes contratos con Malasia, Myanmar, Filipinas y Vietnam, lo que podría representar una alternativa para estos países para acelerar la vacunación —con una vacuna, además, más segura y menos opaca que sus homólogas chinas—, si bien existe un temor fundado a las posibilidades de retraso, como está sucediendo ya en Filipinas.

Dado que ningún país de la región posee una patente de vacuna local, todos dependen en gran medida de las vacunas procedentes del exterior y esto podría decantar la balanza en la creciente competición sinoestadounidense en la región del Sudeste Asiático. Según el Dr. Kevin Sy Tan, investigador principal visitante del Instituto ISEAS -Yusof Ishak, aunque es demasiado pronto para determinar si la diplomacia de vacunas de China conducirá a cambios geopolíticos significativos, “si la pandemia se prolonga y otras fuentes de vacunas son de alguna manera limitadas, naturalmente habrá una mayor dependencia de las vacunas chinas” y tal dependencia puede reforzar a largo plazo la posición de China entre las naciones del Sudeste Asiático.

En definitiva, la región se encuentra ante un gran desafío para inocular a su población lo antes posible para poder regresar a la normalidad y avanzar hacia una recuperación económica. La carrera hacia la inmunidad de rebaño necesitará de un gran esfuerzo por parte de los gobiernos locales para hacer frente a los diversos problemas surgidos como la escasez y la dificultad para conseguir vacunas, los brotes provocados por variantes más infecciosas y la resistencia por parte de una cierta parte de la población que no desea vacunarse.

Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

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