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Las relaciones exteriores entre Corea del Sur y España: una simbiosis histórica

España fue uno de los primeros países en establecer relaciones con Corea del Sur en el año 1950. Este prematuro reconocimiento obedeció principalmente a causas ideológicas y al esfuerzo de la dictadura franquista por posicionarse en contra de cualquier expresión de comunismo y alinearse internacionalmente junto con los intereses estadounidenses. Las relaciones entre ambos países han resultado cuanto menos simbióticas a lo largo de los más de 70 años de vida.

Hasta los años 90, estas estaban puramente basadas en el apoyo político ligado a las dinámicas de la Guerra Fría. Sin embargo, la llegada de una era más tecnológica e hiperconectada trajo consigo dos repercusiones principales. Por una parte, la expansión de la cultura coreana dentro de la sociedad española, sobre todo a través de la cultura K-Pop, y, por otra parte, el aumento del volumen de las relaciones comerciales a consecuencia del aumento de la necesidad de material informático.

España y Corea del Sur han firmado numerosos tratados de diferente índole a través de los cuales ambos países se prestan ayuda en diferentes ámbitos como la asistencia judicial, la cooperación militar o el intercambio cultural entre naciones. Esta intensa actividad internacional ha favorecido que las relaciones exteriores entre los dos países sean percibidas como importantes y beneficiosas a partes iguales. Muestra de ello fue el Memorándum de Entendimiento (MoU) de diálogo político firmado en el año 2009.

Esta relación tan cercana y afianzada beneficia a Seúl en cuanto a la defensa de sus intereses y reclamaciones en lo que se refiere a las disputas con Pyongyang. Este hecho tiene su reflejo en la casi nula relación existente históricamente entre Corea del Norte y España, sin relaciones diplomáticas hasta el año 2001 con el establecimiento de una embajada en Madrid, la cual fue cerrada en el año 2017, tras declarar al embajador persona non grata como sanción a los ensayos nucleares por aquel entonces realizados. A España no le ha temblado el pulso a la hora de elegir según sus intereses a cuál de las dos naciones otorgar prioridad dentro de sus relaciones exteriores.

Las relaciones internacionales culturales juegan un papel enorme dentro de las relaciones entre Madrid y Seúl. El establecimiento del instituto Cervantes o la financiación de cursos de coreano son solo dos ejemplos de cómo se ha reforzado e intensificado la aproximación cultural a lo largo de los últimos años. Tanto es así que, desde hace 5 años, España es el principal destino turístico extranjero para los surcoreanos.

En este sentido, el pasado 16 de junio, el presidente Moon Jae-in realizó una visita oficial a España con el fin de ahondar y afianzar las ya duraderas y robustas relaciones. El presidente fue recibido con honores por parte del Rey Felipe VI, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y el alcalde de la ciudad de Madrid, José Luis Martínez-Almeida.

De la reunión con el ejecutivo, se formalizó la constitución de un foro económico bilateral enfocado en el desarrollo turístico como forma de potenciación económica. Sin embargo, ello no fue el hecho más destacado de la visita, la cual se tornó en incómoda para el gobierno español tras la visita del mandatario surcoreano al palacio del Senado.

En ella, se le invitó a observar un mapa de la dinastía Joseon (1392-1910), en la cual los islotes de Dokdo se especifican como parte del territorio coreano. El problema de esta observación es que dichas islas se encuentran disputadas actualmente entre Corea del Sur y Japón, país con el que España también guarda unas profundas y estrechas relaciones. Las declaraciones del presidente Moon manifestando el detalle en rueda de prensa pusieron en un pequeño aprieto al Ministerio de Asuntos Exteriores español, al producirse un hecho del todo inesperado que, pese a no tener gran trascendencia, se podría haber evitado fácilmente. 

En definitiva, las relaciones entre España y Corea del Sur siguen teniendo una relevancia elevada para las dos partes, ya sea por el apoyo internacional que se presta o por las relaciones comerciales cada vez mayores. Inequívocamente, estas relaciones bilaterales han jugado y juegan un papel importante a diferentes niveles en cuanto al conflicto intercoreano se refiere y, por ende, también dentro de la política internacional desarrollada en Asía-Pacífico. Irónicamente, la división de la península de Corea se erige como uno de los últimos vestigios de una sociedad internacional ya olvidada, que orbitaba en la bipolaridad y en la política de bloques.

 La necesidad de Seúl, por tanto, de seguir contando con socios estrechos se entiende tomando en cuenta dicha perspectiva, la cual parece alejada en el tiempo ya desde Occidente y sobre todo desde Europa. Lo que en primera instancia nació a raíz de una necesidad de posicionamiento internacional, se ha convertido en unas relaciones muy fructíferas. Mientras siga existiendo el mismo nivel de entendimiento, así como la generación de beneficios tanto políticos como económicos, Seúl seguirá interesada en ver a España como un país importante para la consecución de sus intereses nacionales e internacionales.

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