Categorías
Artículos Indonesia Islam Sociedad Sudeste Asiático

Breve historia del Islam político en Indonesia durante el siglo XX: un fenómeno duradero e inestable (II)

La primera parte de este artículo está disponible en el siguiente enlace: https://opasiapacifico.com/2021/04/23/breve-historia-del-islam-politico-en-indonesia-durante-el-siglo-xx-un-fenomeno-duradero-e-inestable-i/

El declive del Nuevo Orden de Suharto

Aunque la caída del régimen de Suharto se suele atribuir a la profunda crisis económica que experimentó el país durante la segunda mitad de los noventa, también se explica por el agotamiento del propio régimen del Nuevo Orden. El declive económico fue un agravante de la crisis de legitimidad a la que se enfrentaba Suharto, que había vuelto a renovar su longevo mandato en marzo de 1997. Para salvar la economía indonesia, Suharto puso en marcha una serie de controvertidas reformas, que provocaron la movilización de la población contra el régimen, sobre todo del sector estudiantil, que lideró las protestas en varias ciudades del país.

En sus últimos años en el poder, Suharto respondió a la amenaza que hacía temblar los cimientos del nuevo régimen: un cada vez más fortalecido sector musulmán, representado por la Asociación Indonesia de Intelectuales Musulmanes (Ikatan Cendekiawan Muslim Indonesia, ICMI) que había aumentado su visibilidad gracias al activismo de algunas figuras prominentes como Imaduddin o Amien Rais. La ICMI, fundada en 1990 por B. J. Habibie, operaba como un grupo de presión que buscaba la marginación política de la comunidad católica y de la china.

Suharto pronuncia su discurso de renuncia como presidente de la República de Indonesia, 21 de mayo de 1998.

Durante las elecciones de 1998, un millar de intelectuales musulmanes recomendaron a Amien Rais, entonces líder de Muhammadiyah, como candidato alternativo a Suharto. Suharto, contemplando la amenaza que suponía para la supervivencia del régimen una posible victoria de Rais, logró expulsar a Rais de la ICMI. Esto provocó que buena parte de los sectores del islam político se desvincularan del régimen del Nuevo Orden y comenzaran a promover el aperturismo democrático. Durante esos años, Suharto también se había enfrentado al tándem que formado por el Partido Democrático (Partai Demokrasi Indonesia, PDI-P) y Nahdlatul Ulama, organizaciones lideradas, respectivamente, por Megawati Sukarnoputri y Abdurrahman Wahid. Similarmente, Suharto se las ingenió para apartar de la presidencia del PDI-P a la hija del antiguo gobernante, pero no consiguió lo mismo con Wahid.

Los únicos sectores musulmanes que permanecieron fieles a Suharto fueron los burócratas y los representantes del Consejo Indonesio de Propagación Islámica (Dewan Da’wah Islamiyah Indonesia, DDII) y del Comité Indonesio para la Solidaridad con el Mundo Musulmán (Komité Indonesia untuk Solidaritas dengan Dunia Islam, KISDI), que estaban bajo el patrocinio de su yerno, el general Prabowo Subianto. Al mismo tiempo, las élites de la administración que habían sido fieles al Nuevo Orden —Golkar y las Fuerzas Armadas (Tentara Nasional Indonesia, TNI)— se fueron distanciando de Suharto.

Finalmente, el 21 de mayo de 1998, Suharto, quedando solo a su suerte, se vio obligado a ceder ante las presiones, tanto internas como externas, y renunciar a su cargo, entregando la presidencia a su vicepresidente Jusuf Habibie.

La reformasi y el nuevo mapa político de Indonesia

Estatua de B.J. Habibie frente a la puerta principal del aeropuerto Jalaluddin en Isimu, Gorontalo (Wikimedia Commons)

A su llegada al poder, Habibie se enfrentaba a un doble desafío: realizar una transición hacia un orden democrático más estable e impulsar la recuperación de una economía que estaba devastada por la crisis financiera asiática. Para resolver el primer problema, Habibie reforzó las debilitadas estructuras políticas del país, liberalizó los partidos políticos y liberó a algunos prisioneros políticos.

Estas medidas fueron toda una sorpresa para los críticos del régimen de Suharto, que, con la llegada al poder del tecnócrata y mano derecha del dictador, vaticinaban una prevalencia del statu quo. Habibie entendía que, para lograr estos dos objetivos —estabilidad política y recuperación económica—, era necesario revestir de legitimidad al gobierno. De esta manera, tras impulsar una reforma del sistema político y electoral, mediante la promulgación de diversas leyes y decretos, y siendo consciente de que no contaba con el apoyo firme del legislativo, convocó elecciones para junio de 1999, acortando un mandato que debería haber durado otros tres años más.

Durante este período, una de las leyes más importantes para el sistema político indonesio fue la Ley Nº 2/1999 sobre Partidos Políticos. Esta ley eliminó todas las restricciones a los partidos políticos que se establecieron durante el régimen de Suharto. Uno de los requisitos que constreñía la creación de nuevos partidos políticos fue la doctrina Asas Tunggal, por la cual todos los partidos debían adoptar la pancasila como única ideología. De esta manera, aunque la pancasila continuaba siendo la ideología oficial del Estado, los partidos políticos podrían adscribirse a otras ideologías.

Con el inicio de reformasi, la proliferación de nuevos partidos políticos fue asombrosa. Se conformaron 184 partidos y 141 lograron oficializarse. El islam político, que había tenido un papel marginal durante buena parte del Nuevo Orden de Suharto, consiguió hacerse un hueco en la política indonesia. En las elecciones de 1999, 21 partidos políticos de los 48 que se presentaron, eran islámicos o tenían su base en el islam. Dentro de este sector, los partidos más importantes fueron el partido de Nahdlatul Ulama, el Partai Kebangkitan Bangsa (Partido del Despertar Nacional, PKB), y el Partai Amanat Nasional (Partido del Mandato Nacional, PAN), fundado por Amien Rais.

Sin embargo, esta liberalización del sistema político provocó un daño colateral, la creación de varios grupos yihadistas militantes, como la milicia Laskar Jihad, el Front Pembela Islam (Frente de Defensores Islámicos), o el Majelis Mujahideen Indonesia (Consejo de Muyahidines de Indonesia) —organización creada por Abu Bakar Ba’asyir, fundador de Jemaah Islamiyah—. Esto haría resurgir una forma de islam más radical, el islam militante, que contrasta con el islam civil de aquellos partidos musulmanes dentro del sistema. Aunque es cierto que este tipo de activismo islámico radical ya había sido revivido por Suharto durante la última década de su mandato para justificar la adopción de medidas represivas, con la reformasi los grupos militantes empezaron a recurrir a acciones violentas dirigida principalmente contra la población cristiana. En este periodo, se producirá un aumento de la actividad terrorista en el país.

Si atendemos solamente al islam civil, es decir, a aquellos partidos de ideología islámica que se adaptaban al sistema democrático para lograr sus objetivos, cabe señalar que no lograron obtener un apoyo significativo de la población. Estos partidos consiguieron hacerse con el 37,3% de los votos, con el Partido Unido del Desarrollo representando el 12,62%. Los grandes ganadores de las elecciones fueron el Partai Demokrasi Indonesia Perjuangan (Partido Democrático Indonesio-Lucha, PDI-P), liderado por Megawati Sukarnoputri, y el Golkar, de Akbar Tandjung, que obtuvo el 56,1% de los votos. A pesar de la victoria apabullante del PDI-P (33,76% de los votos), el que ocupó el cargo de presidente fue Abdurrahman Wahid (conocido popularmente como Gus Dur), del tercer partido más votado, el PKB, y Megawati Sukarnoputri ocupó el cargo de vicepresidenta.

En 2001, con un estado físico muy deteriorado y habiendo perdido buena parte de su apoyo parlamentario, Gus Dur fue objeto de una moción de censura (591 votos a favor, 0 en contra), y la vicepresidenta Megawati le sucedió en el cargo. Megawati Sukarnoputri debió su presidencia al sector del islam más radical del parlamento, liderado por Hamza Haz. Haz ocuparía el puesto de vicepresidente durante el gobierno de Megawati.

El declive del islam civil en el sistema político indonesio

Monumento a las víctimas de los atentados de Bali del 2002, erigido en la ciudad de Kuta.

Los atentados del 11-S y la intensificación de la actividad terrorista en la región del Sudeste Asiático llevaron inevitablemente a que Megawati se adhiriera a la Guerra contra el terrorismo (War On Terror) encabezada por Estados Unidos. Desde el año 2000 ya se habían sucedido varios atentados en el país como el atentado a la Bolsa de Valores de Yakarta en septiembre o los atentados de Nochevieja.

El 12 de octubre de 2002, los atentados de Bali perpetrados por el grupo yihadista Jemaah Islamiyah fueron el golpe más duro que sufrió la sociedad indonesia. Tras estos atentados, Megawati concentró sus esfuerzos en la lucha contra el radicalismo islámico, consiguió aprobar la primera ley anti-terrorismo, y detuvo a más 30 sospechosos, incluyendo al líder espiritual de Jemaah Islamiyah, Abu Bakar Ba’asyir. Esto fue en parte gracias al apoyo del FBI y la policía australiana.

Durante este período de reforma del sistema político indonesio, los principales partidos islámicos abandonaron sus aspiraciones políticas de establecer la sharía en todo el territorio indonesio y esto se debió a dos razones. Por un lado, el fracaso que supuso la iniciativa de revivir la Carta de Yakarta en las sesiones de la Asamblea Deliberativa del Pueblo (Majelis Permusyawaratan Rakyat, MPR), cuya tarea era realizar enmiendas a la Constitución. Las formaciones islamistas más radicales—el Partido para la Unidad y el Desarrollo (Partai Persatuan Pembangunan, PPP) y el Partido de la Estrella Creciente (Partai Bulan Bintang, PBB)— impulsaron la adopción de la sharía en el país con la modificación del primero de los principios de la pancasila, reflejado en el Artículo 27. Aunque estos partidos islámicos contaban con el apoyo de algunos sectores de la sociedad indonesia, se encontraron con una fuerte oposición del resto de los partidos y de las dos principales organizaciones islámicas —NU y Muhammadiyah—. Esto condenó inevitablemente al fracaso de la iniciativa.

El segundo factor fue la progresiva descentralización del sistema político indonesio. Gus Dur inició un período de descentralización que terminó por facilitar la independencia de Timor Oriental en 2002, y dotó de mayor autonomía a la provincia de Aceh, donde el gobierno ampliaría sus competencias y se acabaría instaurando un sistema judicial autónomo, de acuerdo con los preceptos de la sharía.

Desde el inicio de la reformasi hasta la actualidad, el protagonismo de los partidos islámicos en la política indonesia se ha reducido. En las tres últimas elecciones legislativas, el islam político apenas ha rozado el 32% de los votos. Sin embargo, esto no se ha traducido en una pérdida de influencia de la religión musulmana en la política indonesia. El gobierno indonesio está siempre a merced de la sociedad civil musulmana. Así se demostró en 2016, cuando miles de indonesios salieron a las calles a protestar contra las declaraciones del entonces gobernador de Yakarta, Basuki Tjahaja Purnama —apodado como Ahok—, aliado del presidente Joko Widodo. El gobernador —perteneciente a dos minorías del país: chino y cristiano— citó varios versos del Corán en un discurso dirigido a la población de las Islas Seribu, que fueron malinterpretadas por los indonesios musulmanes. Tjahaja Purnama perdió consecuentemente el apoyo de Joko Widodo, y fue juzgado y condenado por blasfemia, pasando dos años en prisión.

En conclusión, como se ha podido analizar, el islam en la política de Indonesia es un elemento constante, y desde su independencia, ha tratado de hacerse un hueco en los distintos regímenes que se han sucedido. Durante la era de Sukarno, el islam de Nahdlatul Ulama sí se pudo integrar, de cierta forma, en la Democracia Guiada. A la llegada al poder de Suharto, el islam político pasó a un plano aún más bajo, pero poco a poco adquirió protagonismo, dada la necesidad de Suharto de encontrar aliados alternativos. Se crearon organizaciones islámicas como ICMI y creció nuevamente la influencia de NU, y otros sectores musulmanes moderados. Con el fin del régimen del Nuevo Orden, el islam político experimentó una explosión, con la formación de nuevos partidos políticos. La presidencia de Wahid parecía vaticinar un nuevo ocaso del islam en las instituciones políticas indonesias, pero la pancasila se acabó imponiendo, convirtiéndose un reclamo de una sociedad indonesia conmocionada por la violencia del islam radical militante. Indonesia, un modelo de Estado donde rige el pluralismo religioso —primer principio de la pancasila—, no puede permitirse el lujo de ignorar a una sociedad mayormente musulmana. Aunque el islam político no domina la política directamente, sí lo hacen sus agendas, que reflejan la voluntad de la mayor parte de la sociedad.

Más sobre el Sudeste Asiático

Por Omar Benaamari Hedioued

Estudiante del Máster en Periodismo Internacional (URJC). Interesado en la política de los países del Sudeste Asiático y Asia Central y la genealogía del Islam en el conjunto de los países del continente asiático.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s