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El retiro de Merkel y ¿el adiós a la política alemana hacia China?

Un artículo de Bienvenido T. Chen Weng y Manuel Fernández Illera

Cuando Angela Merkel inició su andadura en la cancillería alemana en 2005, a diferencia de su predecesor, el socialista Gerhard Schröder, puso el foco en el ámbito de los Derechos Humanos en su relación con China. A los seis meses de asumir el cargo, realizó un viaje a Beijing en mayo de 2006, exponiendo ya este punto de vista: “No sólo seguiremos el desarrollo de la sociedad civil de China, sino que también usaremos formas de diálogo para tratar de desarrollarlo en una dirección que signifique más apertura y más libertad”.

Un año después, en septiembre de 2007, Merkel recibiría al Dalai Lama en la cancillería alemana. Esta reunión —la primera entre un jefe de gobierno alemán y el líder espiritual tibetano— fue ampliamente criticada desde Beijing y, durante varios meses, las relaciones estuvieron congeladas.

Sin embargo, la crisis financiera mundial iniciada en el año 2008 lo cambió todo. El mercado chino fue un salvavidas para la economía alemana y las exportaciones de Alemania a China se dispararon más del 70% entre 2009 y 2011. Además, a medida que la crisis financiera se transformó en una crisis del euro, China se convirtió en un valioso inversor en bonos de la eurozona, en especial de aquellos que se encontraban en mayores dificultades. La ayuda china durante este periodo es algo que Merkel ya ha señalado en más de una ocasión que aprecia y que no va a olvidar.

Gráfico 6.2. Fuente: elaboración propia a partir de los datos de World Integrated Trade Solution y Statistisches Bundesamt (Destatis)

Desde entonces, la política de Merkel hacia China pasó a ser extremadamente pragmática, apostando por el diálogo frente a la confrontación. Así, la Canciller alemana ha sido capaz de mantener una relación estable y predecible con Beijing a pesar de haber seguido siendo fiel a sus valores. Por ejemplo, cuando se ha dado la oportunidad, Alemania no ha dudado en ofrecer refugio seguro a los disidentes chinos, desde el artista Ai Weiwei hasta el activista por la democracia de Hong Kong Nathan Law.

Según Noah Barkin, la aproximación de Merkel a China se debe a tres razones principales. En primer lugar, Alemania y sus empresas son demasiado dependientes de China como para que Berlín se arriesgue a alienar el liderazgo del Partido Comunista de China (PCCh) en Beijing. Así, Barkin afirma que si “fuerzas a las grandes empresas alemanas a elegir entre China y EE. UU., ahora mismo, muchos elegirían China, a pesar de las preocupaciones de la mano del PCCh en la economía”.

En segundo lugar, Merkel ha dejado claro que ve Alemania muy vulnerable ante un creciente mundo hostil en el que se asienta una competición entre grandes potencias. En este sentido, para Merkel, la Unión Europea (UE) tiene unas grandes vulnerabilidades geográficas, dada su vecindad con Rusia y el creciente alineamiento de esta con los intereses chinos.

En tercer lugar, Merkel ve en Alemania una potencial fuerza mediadora en el cada vez mayor enfrentamiento entre EE. UU. y China. Para la canciller alemana, a diferencia de otros líderes de Occidente, el diálogo con China es fundamental y, en su opinión, los intentos de aislar y contener a Beijing sólo pueden conducir al desastre.

Este pragmatismo se puede ver en las decisiones de la Alemania de Merkel: a pesar de las presiones —principalmente de EE. UU.— y a diferencia de otras capitales europeas, Berlín no ha tomado una decisión final sobre el papel de Huawei en las nuevas redes en Alemania; ha adoptado un papel secundario con respecto a la situación en Hong Kong y Xinjiang, algo que suscitó una amplia crítica desde la oposición, y ha expresado su apoyo al Instituto Confucio en 2019, en un momento en el cual diversos países occidentales los estaban cerrando, acusándolos de “herramientas de propaganda” del PCCh.

También ha proseguido con el apoyo al fortalecimiento de los lazos económicos entre la UE y China. En este sentido, Angela Merkel ha sido la líder comunitaria que más ha buscado acelerar las negociaciones del Acuerdo Comprehensivo en Inversión (CAI, en sus siglas en inglés) entre la UE y China y, tras más de siete años de negociaciones, la Canciller alemana jugó un papel fundamental para que se llegara a un principio de acuerdo en diciembre de 2020.

Para Merkel, se trataba de asegurar un mejor trato para las empresas de la UE en China, algo que le generó un gran número de críticas, no sólo por ignorar las preocupaciones de Derechos Humanos, sino por hacer lo propio con una petición del equipo de Joe Biden de esperar a que este llegase a la Presidencia para poder consultarse mutuamente sobre el CAI.

Sin embargo, no existe un consenso político respecto a la estrategia hacia China, ni dentro de la UE ni dentro de Alemania, si bien ha habido un endurecimiento de las posturas hacia Beijing relativamente generalizado, por lo que su aproximación hacia China es cada vez más minoritaria. Reinhard Bütikofer, eurodiputado alemán de los Verdes y líder de la Delegación para las relaciones con China del Parlamento Europeo, ha llegado a señalar que “Merkel se ha convertido en un obstáculo para la política que la UE necesita con China”.

El mejor ejemplo han sido las recientes sanciones a China por la violación sistemática de Derechos Humanos en la región de Xinjiang, que han constituido las primeras sanciones de la UE a China desde las protestas de Tiananmen en 1989. Por el momento, la ratificación del CAI se encuentra en punto muerto por las contra sanciones impuestas por China.

En unos pocos meses, el gobierno de Merkel llegará a su fin. La longeva Canciller se retirará tras 16 años al frente del país germano, pero sus ideas en política exterior —incluyendo su pragmatismo hacia China— seguirán vivas por lo menos en la CDU/CSU de la mano de su sucesor, Armin Laschet, quien representa el continuismo.

Laschet derrotó en las primarias de la CDU a Friedrich Merz, el gran rival histórico de Merkel y la línea más derechista del partido quien, además, representaba la línea más dura contra China dentro del partido. Posteriormente, ganó la nominación a las elecciones por la coalición CDU/CSU al Ministro presidente de Bavaria, Markus Söder, quien, no obstante, coincidía con Laschet en defender un continuismo de la política alemana hacia China.

No obstante, las encuestas alemanas dejan entrever un escenario político inédito. No parece que a CDU/CSU le haya sentado bien la salida de Merkel, pues se ha disuelto como un azucarillo. Laschet no es un candidato popular y parece que por primera vez en 16 años podemos tener un Canciller alemán perteneciente a otro partido, si bien CDU/CSU sigue siendo uno de los favoritos.

Uno de los grandes candidatos son los Verdes, quienes, como se ha mencionado anteriormente, han sido críticos con la política de Merkel hacia China, reclamando una aproximación basada en valores, especialmente en torno a la Democracia y los Derechos Humanos. No obstante, está por ver si esta retórica se podría mantener una vez llegasen al poder y se encontrasen con la enorme importancia de la relación económica con el gigante asiático y, sobre todo, la gran relevancia de China para cumplir su principal objetivo, esto es, atajar la emergencia climática.

El otro gran candidato a liderar el Gobierno —y que ahora mismo parece favorito— es el propio SPD, liderado por Olaf Scholz, el cual se puede decir que tiene una posición sobre China muy similar a la de CDU/CSU, por lo que no es un Partido proclive a introducir importantes cambios en este sentido.

En cualquier caso, no podemos olvidar que pase lo que pase el nuevo Gobierno alemán necesariamente tendrá que salir de una coalición y tomando todas las posibilidades —la coalición “Kenia”, la coalición “Jamaica”, la coalición “Alemania”, la coalición “rojo, rojo, verde”, la coalición “semáforo” y la coalición “negro y rojo, rojo y negro”— es imposible que surja un Gobierno en el que todos los socios tengan una posición anti-China que diste mucho de las ideas de Merkel —de los dos otros Partidos que podrían entrar en el Gobierno Die Linke cuenta con la posición más pro-China de el espectro político alemán y puede entrar por primera vez en un Gobierno alemán; mientras el FDP tiene una posición similar a Los Verdes, pero un Gobierno que incluya solo a estos dos últimos es prácticamente imposible—.

Por lo tanto, podemos esperar un continuismo de la política de Berlín hacia Beijing, lo que posiblemente irritará a socios como EE. UU., Australia o Japón. La cuestión, en todo caso, sería si el sucesor de Merkel podría tener la misma influencia de esta en cuanto a dar forma a la política europea hacia China. Incluso en caso de un improbable derrumbamiento de la influencia alemana ante la llegada de un líder más “débil”, es de esperar que países como la Francia de Emmanuel Macron, la Italia de Mario Draghi o incluso la España de Pedro Sánchez recogerán el testigo del pragmatismo hacia el gigante asiático.

Nota: Finalmente, de las elecciones ha surgido un Gobierno bajo la fórmula de la “coalición semáforo”, es decir, SPD, FDP y Verdes. Aquí serán los socialdemócratas, con su línea continuista con respecto a la política hacia China, quienes lideren el Gobierno por lo que no podemos esperar que, de la parte alemana, surjan grandes cambios con respecto a Beijing.

Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

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