Categorías
Artículos Asia Central Economía Política Sociedad

Karakalpakstán, la República olvidada

Asia Central es una región marcada por una gran diversidad. Las cinco etnias principales (kazajos, uzbekos, kirguisos, turkmenos y tayikos), que constituyen cada una de ellas un Estado propio, se encuentran a lo largo de toda la región, a la vez que coexisten con toda una serie de minorías sin Estado como los rusos, los dunganos, los koryo-saram, los tártaros, los uigures, los pamiris… Sin embargo, en Uzbekistán, paradigmáticamente existe otra minoría con Estado, pero dentro de un Estado, los karakalpakos.

Los karakalpakos —cuyo nombre significa “sombrero negro” (qaraqalpaq)— son un pueblo túrquico tradicionalmente nómada que en el siglo XVIII se asentó en la región de Amu Darya, al sur del Mar de Aral. Este pueblo, culturalmente más cercano a los kazajos que a los uzbekos, fue incorporado a la Rusia zarista a finales del siglo XIX, mientras que en 1925 las nuevas autoridades soviéticas establecerían en sus territorios un Oblast Autónomo dentro de la República Autónoma Socialista Soviética (RASS) Kirguisa —luego renombrada RASS Kazaja—, por entonces dentro de la República Socialista Federativa Soviética (RSFS) Rusa. Posteriormente, en 1932, sería promocionada al rango de RASS y en 1936 sería incorporada a la RSFS Uzbeka.

Mapa 1: Los Sujetos Federales de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas

Fuente: Britannica. Link: https://www.britannica.com/place/Soviet-Union/images-videos#/media/1/614785/3893

Así, una vez se estabilizó el mapa político soviético, Karakalpakstán —también conocido como Karakalpakia o Karakalpakistán— pasó a ser la única RASS de toda Asia Central, mismo estatus que regiones como Chechenia-Ingushetia, Abjasia, el Tartaristán o el Daguestán —muchas de ellas escenario de conflictos tras la disolución soviética—. Esto significaba formalmente un amplio grado de autonomía, aunque algo menor que las RSFS, si bien de facto la URSS se regía por una extrema centralización.

El Sistema Político postsoviético

Posteriormente, en 1990, como otras tantas RSFS —prácticamente todas, incluida la propia Rusia— y RASS —como el Tartarstán o Najichevan—, al calor de la perestroika, el Sóviet Supremo karakalpako adoptó una Declaración de Soberanía Estatal, la cual permitía alcanzar la independencia del territorio tras un referéndum. No obstante, en 1993 la república fue oficialmente reincorporada a Uzbekistán, pero con un estatus especial: el de República Soberana. Así, la Constitución de Karakalpakstán, adoptada en ese mismo año, afirma en su artículo 1 que “Karakalpakstán es una república democrática soberana que es parte de la República de Uzbekistán […] las [r]elaciones entre la República de Uzbekistán y la República de Karakalpakstán deberán estar gobernadas por acuerdos y tratados entre [los dos]”.

Pero, lo que es aún más sorprendente, siguiendo con el artículo 1, es que Nukus —capital del país, que usaremos como sinécdoque para la región, al igual que Tashkent para Uzbekistán— “tiene el derecho de secesión de la República de Uzbekistán sobre la base de un referéndum general [en Karakalpakstán]”. Es decir, formalmente, Karakalpakstán es un Estado soberano dentro de otro, con un derecho inalienable a la independencia. Estas mismas disposiciones, además, quedan reflejadas en la Constitución de Uzbekistán (1992) en sus artículos 74 y 75. Adicionalmente, en el mismo año 1993, para asegurar la lealtad de las élites locales, Tashkent y Nukus acordaron que un referéndum sobre esta cuestión sería celebrado en 20 años, es decir, en 2013.

No obstante, no hubo ningún referéndum en 2013 ni en ningún otro año, siendo las ideas independentistas, prácticamente, un tabú en la región. En este sentido, el régimen de Islom Karimov parece ser que se guio por la necesidad de cooptar a las élites locales en un momento delicado para el país, recién independizado, pero una vez que logró reforzar su posición se olvidó de sus promesas y comenzó a perseguir cualquier disidencia independentista. Su muerte en 2016 no parece haber abierto un hilo de esperanza para la celebración del prometido referéndum, pues la ejecutiva de Shavkat Mirziyoyev —primer ministro de Karimov entre 2003 y 2016— , pese a su ímpetu reformista, también se ha olvidado de las promesas del pasado.

En cuanto al sistema político, el poder legislativo está basado en el parlamento local, llamado el Jokargi Kenes, elegido por sufragio universal cada cinco años. Es reseñable que ni en el Jokargi Kenes ni en el Oliy Majlis —el parlamento nacional uzbeko— hay un partido karakalpako, sino que en ambos están representados los mismos cinco partidos y en ambos la mayoría descansa sobre el partido de Mirziyoyev. De esta forma, uno de los escollos para la formación de una organización política local es la propia ley de partidos uzbeka, por la que para que un partido político se pueda registrar debe tener secciones por lo menos en siete regiones distintas del país, imposibilitando la formación de partidos regionales.

El Jokargi Kenes, por su parte, elige a su Presidente, quien, siguiendo el artículo 80 de la Constitución, es “el líder de la República […] y su oficial de mayor rango”. Por su parte, el ejecutivo está liderado por el Presidente del Consejo de Ministros, quien es elegido por el Jokargi Kenes a recomendación de su Presidente y tras la aprobación del Presidente de Uzbekistán, y quien también forma parte del gabinete de ministros a nivel nacional.

Pero más allá de esta estructura formal, las autoridades locales no cuentan con una autonomía real que dote de contenido su supuesta soberanía. Como sucedía en la época soviética, en la actualidad, las decisiones no se toman en Nukus, sino que existe un intenso control centralizado desde Tashkent que hace que el Gobierno y el Jokargi Kenes karakalpakos no sean sino un apéndice de las estructuras de poder a nivel nacional. Además, atendiendo a las estructuras de poder informal uzbekas en torno a los conocidos como “clanes”, tampoco el clan karakalpako juega un papel relevante, estando subyugado a los principales clanes del país: el clan de Samarcanda, el clan de Tashkent y el clan de Ferganá.

Quizás el único aspecto donde las autoridades locales juegan un papel importante es en las cuestiones culturales, especialmente en torno a la lengua karakalpaka, cuya singularidad es respetada desde Tashkent y protegida por la Constitución de 1993, si bien activistas locales denuncian intentos de asimilación de la población karakalpaka por parte de las autoridades uzbekas e incluso de la esterilización forzada de mujeres —una práctica que, durante el gobierno de Karimov, estuvo relativamente extendida por todo el país—.

Una región subdesarrollada

Karakalpakstán está situado al oeste de Uzbekistán, en el área del delta de Amu Darya. Gran parte del territorio —alrededor de un 80%— está ocupado por desiertos, mientras que por el norte se encuentra —o se encontraba— bañado por el ahora seco Mar de Aral.

Esta república constituye aproximadamente un tercio del territorio total uzbeko, aunque su población apenas llega al 5% del total del país, siendo en buena medida un desierto demográfico. Al no haberse conducido ningún censo oficial en el Uzbekistán independiente, las figuras varían entre unas fuente y otras. No obstante, aproximadamente podemos afirmar que en la región un tercio de la población son de etnia karakalpaka, otro tercio uzbeka y otro tercio kazaja, por lo que los karakalpakos no componen una mayoría de la población. Por su parte, se estima que un gran número de karakalpakos reside en Kazajstán y en Rusia, habiendo emigrado en busca de oportunidades.

Mapa 2: Karakalpakstán

Fuente: The Guardian. Link: https://www.theguardian.com/world/2015/feb/05/uzbek-separatist-movement-threatens-ancient-culture

Y es que Karakalpakstán vive un nivel de desarrollo muy inferior al de otras regiones del país y una de las razones se debe al desastre medioambiental del Mar de Aral. Siendo los karakalpakos una población que principalmente vivía de la agricultura y la pesca, la desaparición de este mar —así como de los ríos, oasis y otras fuentes acuíferas locales—, por el cambio climático y su uso excesivo para el riego, ha tenido efectos devastadores para su economía.

Al mismo tiempo, el Mar de Aral ha dejado tras de si un desierto de sal y desechos químicos —como fertilizantes o insecticidas—, los cuales son transportados por el viento hacia las zonas cercanas, destruyendo buena parte de las restantes tierras de cultivo locales y haciendo de Karakalpakstán una de las regiones del mundo más golpeadas por el cáncer, las enfermedades pulmonares o la mortalidad infantil.

Mapa 3: Desaparición del Mar de Aral

Fuente: Britannica. Link: https://www.britannica.com/place/Aral-Sea/Environmental-consequences#/media/1/31983/8524

Por otro lado, la región cuenta con importantes reservas de petróleo y gas —actualmente se están explorando potenciales nuevos yacimientos, incluido en el antiguo fondo del Mar de Aral, donde podría haber yacimientos de enorme tamaño—, lo que podría hacer pensar que esto podría suponer un alivio para los karakalpakos. No obstante, los beneficios generados por estos yacimientos —explotados por la empresa estatal Uzbekneftegaz y otros socios internacionales, sobre todo la rusa Lukoil— no van a parar a Nukus, sino a Tashkent. Al mismo tiempo, estos sectores, en buena medida, emplean y están bajo el control de personas de etnia uzbeka, dificultando aún más la cuestión para los karakalpakos.

La independencia, ¿vientos de cambio?

Ante este panorama tan desolador, los ecos de la independencia aún no han desaparecido. Habiendo existido algunos pequeños grupos con anterioridad, en 2013, ante el incumplimiento de la promesa de la celebración del referéndum surgió con fuerza un grupo de ciberactivistas que con el tiempo pasaron a llamarse Alga Karakalpakstan (“Adelante Karakalpakstán”).

La anexión rusa de Crimea galvanizó al grupo, que se reforzó e incluso pasó a buscar el apoyo del Kremlin y llegó a anunciar la disposición del país de ser anexionado a Rusia —lo que no deja de ser absurdo, viendo la situación geográfica de Karakalpakstán—, coincidiendo todo ello con un momento de enfriamiento en las relaciones entre Moscú y Tashkent a partir de 2012, aunque esto, lógicamente, quedó en nada.

Al frente de Alga Karakalpakstan se encuentra Aman Sagidullayev, quien había huido de Uzbekistán hacia Kirguistán en 2011 tras ser acusado de robar alrededor de un millón de dólares de una compañía de tractores, acusaciones que para Sagidullayev fueron fabricadas y que se debían a su rol como líder independentista. Este mismo, en 2019, autoproclamó el Gobierno en el exilio karakalpako, que desde entonces hace una oposición activa al Gobierno uzbeko, denunciando todo tipo de abusos.

Este movimiento parece haber avanzado hacia una línea política prodemocrática y en defensa de los Derechos Humanos —si bien con algunas ideas un poco polémicas como su defensa del derecho a portar armas o su condena a las cuarentenas y medidas contra la COVID-19—. Mientras, los trazos pro-rusos del pasado han sido sustituidos por una defensa a ultranza de Occidente, condenando a Rusia como responsable de las “atrocidades que Karakalpakstán sufre de la mano de Uzbekistán” y solicitando el apoyo de EE. UU. a su independencia a cambio de su entrada en la OTAN.

Bien es cierto que la relevancia real de este grupo —imbuido en teorías conspiranoicas como que el Gobierno uzbeko protagoniza ataques terroristas en Rusia, que extendió por vía postal la COVID-19 por el mundo, o que patrocina al DAESH— es, en el mejor de los casos, mínima, lo que no quiere decir que el sentimiento independentista no exista.

Así, el subdesarrollo económico, las promesas políticas incumplidas y la crisis medioambiental del Mar de Aral podrían ser la tormenta perfecta en la que en un futuro estas ideas adquiriesen un peso mucho más importante, generando un clivaje en Uzbekistán y en la región. Pero en todo caso, hasta que eso ocurra, algo poco probable a corto plazo, Karakalpakstán seguirá siendo uno de los casos más curiosos de regionalismo postsoviético y la república olvidada de Asia Central. Olvidada por Tashkent, olvidada por los actores regionales y olvidada por la comunidad internacional.

Por Manuel Fernández Illera

Graduado en Relaciones Internacionales con especial interés en Asia-Pacífico, Rusia y el espacio postsoviético, la región MENA y la UE.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s