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Los intereses de Nueva Delhi en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS)

El 2 de diciembre de 2020, India acogió por primera vez la reunión de los Jefes de Gobierno de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) –la segunda en importancia– tras su adhesión a la organización.

En 2017, India y Pakistán se unían a la vez a la OCS en un movimiento que generaba dudas sobre sus consecuencias: ¿era el inicio de una distensión en las relaciones India-Pakistán? ¿podría el “Espíritu de Shanghái” aliviar las tensiones fronterizas de la India? ¿qué interés podría tener la India para meterse en la casa del “enemigo”?

La respuesta rápida a las dos primeras preguntas es que no. Las tensiones fronterizas han seguido marcando las relaciones de India con sus vecinos China y Pakistán. En el año 2019, las tensiones con Pakistán escalaron en la región de Cachemira y, en junio de 2020, el conflicto fronterizo entre China y la India en la región de Ladakh elevó las tensiones bilaterales al máximo en la que fue la peor escalada en décadas.

Hasta entonces, en los últimos años, la rivalidad sino-india se había limitado a la “compra de influencia” en diferentes países de Asia Meridional como Sri Lanka o las Maldivas.

Para numerosos expertos, la adhesión india a una organización que incluye a dos de sus principales rivales (China y Pakistán) respondía a tres intereses principales: promover las relaciones económicas con Asia Central, mejorar las conexiones con Asia Central y cooperar en la lucha contra el terrorismo.

Estos tres objetivos se han encontrado con varios obstáculos. En primer lugar, las relaciones comerciales entre India y Asia Central son aún bastante limitadas, llegando solamente a los 2 mil millones de dólares, comparado con el comercio con China que, en el año 2018, llegaba a una cantidad superior a los 25 mil millones de dólares, es decir, más de diez veces más. Por el momento, Nueva Delhi se encuentra en negociaciones para un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Económica Euroasiática (UEE) –liderada por Rusia–.

En segundo lugar, el comercio también se ve limitado por el ámbito geográfico, pues una de las principales limitaciones se encuentra en que India se encuentra separada geográficamente de la región de Asia Central por su acérrimo enemigo pakistaní y por una Afganistán extremadamente inestable –probablemente aún más con la retirada de las tropas estadounidenses y de sus aliados–.

A pesar de esta limitación geográfica, Nueva Delhi ha rechazado en varias ocasiones participar en la Belt and Road Initiative china, lo que le permitiría un mayor acceso a la región. Precisamente en la reunión del 2 de diciembre, India no se unió al resto de miembros de la OCS para respaldar la iniciativa de la BRI. Como contrapartida, Nueva Delhi ha apostado por el Corredor de Transporte Internacional Norte-Sur, que conectaría India con Asia Central y Rusia a través de Irán.

En tercer lugar, en la cooperación en la lucha contra el terrorismo –uno de los principales objetivos de la OCS–, no está muy claro la participación india. Por un lado, ha participado en varias actividades de contraterrorismo y la Estructura Regional Antiterrorista (RATS en sus siglas en inglés) puede tener un interés para India debido a que puede reducir las capacidades de los talibanes y otras organizaciones islamistas radicales. Por otro, esta cooperación puede quedar limitada por su antagonismo tanto con China como con Pakistán.

En la máxima de “mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”, a pesar de los limitados beneficios que Nueva Delhi pueda obtener, la OCS sirve como un foro de diálogo.

Será más o menos efectivo, pero es un espacio común para exponer las diferencias. Al fin y al cabo, ese es precisamente el “espíritu de Shanghái” que marca la identidad de la Organización: una cooperación de buena fe en aras de solucionar las tensiones y enfatizar la colaboración.

Si en un futuro la rivalidad entre Nueva Delhi e Islamabad-Beijing puede ser contenida o al menos limitada, es probable que se le pueda dotar de cierto contenido efectivo a la organización.

Por ahora, la retirada de las tropas estadounidenses y de sus aliados de Afganistán y su probable inestabilidad en un futuro próximo podría generar un punto común de preocupación que conciba un espacio para la cooperación.

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Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

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