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Shinzo Abe y los cinco principios para la política exterior japonesa hacia la ASEAN

Debido a unas cuestiones de salud, en agosto de 2020, Shinzo Abe renunció a su cargo. Abe ha sido el primer ministro que más tiempo ha estado en el cargo desde el establecimiento del nuevo Japón tras la Segunda Guerra Mundial y, seguramente, el más reconocible internacionalmente. El legado que deja tras sí respecto a su política exterior es incierto, aunque ha acelerado exponencialmente el papel protagonista de Japón en la sociedad internacional que ya se venía gestando desde principios de la década de los noventa.

A pesar de su gran importancia económica, en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, esta importancia no se correspondió con una importancia dentro de las relaciones internacionales. De esta forma, Japón ha jugado un rol especialmente pasivo desde el final de la guerra, centrando su mirada en su desarrollo económico interno. 

Sin embargo, este papel pasivo comenzó a ser revertido tras la Guerra Fría y la ASEAN ha sido, sin duda, un punto central para el cambio de paradigma en la política exterior japonesa como constató la primera participación de las Fuerzas de Autodefensa japonesas en el extranjero en las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU en Camboya en 1992.

Tanto es así, que desde los años 90, la política exterior japonesa ha centrado sus esfuerzos, principalmente, en estrechar sus relaciones con la región del Sudeste Asiático, tanto en el ámbito de la seguridad como en los ámbitos políticos y económicos.

Los cinco principios y la cooperación en seguridad

Tras varios años de inestabilidad política tras el mandato de Jun’ichirō Koizumi, Shinzo Abe obtenía un segundo mandato (tras su breve paso durante los años 2006 y 2007) en 2012. Abe escogió como su primer viaje oficial un viaje a Indonesia, Tailandia y Vietnam, lo que ya sugería la importancia que se le iba a conceder a la región del Sudeste Asiático.

En un discurso en enero de 2013 en Yakarta (Indonesia), el primer ministro japonés Abe formulaba cinco principios por los cual se regiría la diplomacia japonesa hacia la ASEAN:

  1. La protección y promoción conjuntamente con los Estados miembros de la ASEAN de los valores universales como la libertad, la democracia y los derechos humanos básicos. 
  2. Asegurar que los mares permanezcan libres y abiertos, se rijan por leyes y reglas y dar la bienvenida a la presencia reequilibrante de Estados Unidos en la región.
  3. Perseguir economías libres, abiertas e interconectadas, es decir, la promoción del comercio y la inversión, así como el flujo de bienes, capitales, personas y servicios, a través de diversas redes de asociación económica.
  4. Promover la cooperación y la conexión intercultural entre Japón y la región. 
  5. Promover el intercambio entre las generaciones más jóvenes para fomentar el entendimiento mutuo. 

La seguridad ha tenido un gran peso en las relaciones exteriores de Japón durante el mandato de Abe. Durante su mandato, aunque ya se estaba gestando con anterioridad, se añadió la vertiente bilateral a la diplomacia de seguridad multilateral. Japón, de forma global, buscó asociaciones estratégicas con países que tuvieran conflictos con China o que tuvieran una relación de cooperación con los Estados Unidos.

De esta forma, dentro de la ASEAN, estableció asociaciones estratégicas con Vietnam y Filipinas, ambos con conflictos con China en el Mar del Sur de China. Ambos países fueron los principales receptores de AOD japonesa de la región del Sudeste Asiático, recibieron transferencias de equipo militar y Japón financió y entrenó a los guardacostas vietnamita y filipinos para hacer frente mejor a las incursiones chinas en el Mar del Sur de China.

La administración Abe tampoco descuidó la seguridad multilateral. Así lo constatan sus viajes a todos los Estados de la ASEAN en 2013. Dichos viajes brindaron una oportunidad para que Japón mantuviera un diálogo bilateral sobre la cooperación futura, culminando en la Declaración Conjunta de la Cumbre Conmemorativa ASEAN-Japón en 2013. 

En 2016, en un viaje a Nairobi, Abe lanzaba su gran proyecto de política exterior, el Free and Open Indo-Pacific (FOIP), que buscaba dotar a Japón de un rol protagonista en las relaciones internacionales. Rossiter señala a este proyecto como la “gran idea organizativa de la política exterior contemporánea de Japón”. La lógica de este proyecto, sin embargo, corresponde a contrarrestar al mastodóntico proyecto chino de la Belt and Road Initiative y a establecerse como una alternativa.

La estrategia del Free and Open Indo-Pacific, según Borja Llandres Cuesta,tiene tres objetivos principales

  1. Promover y apoyar el principio de legalidad, la libertad de navegación y el libre comercio. 
  2. Promover la prosperidad económica.
  3. Compromiso por la paz y la seguridad. 

Los objetivos que propugna tienen como punto central la seguridad. Aunque no se mencionan dentro de las declaraciones de la FOIP las asociaciones militares, es posible que dado el enfoque del concepto de mar abierto (especialmente en su concepción de la libertad de navegación), establecer alianzas militares es una necesidad para promover un sistema marítimo basado en una red de seguridad. Dos posibles alianzas se establecen como fundamentales en este aspecto.

En primer lugar, el diálogo cuadrilátero (conocido como “Quad”) conformado por India, Australia y Estados Unidos, estableciendo un “diamante de la seguridad democrática” en el Indo-Pacífico. Sin duda, para que el FOIP prospere es fundamental un gran compromiso y una fuerte cooperación entre estos cuatro países. Este diálogo se acabó en 2017, pero recientemente, en 2019, el diálogo ha vuelto y, en marzo de 2021, se han vuelto a reunir.

La llegada de Trump y su guerra comercial contra China –y ahora, el compromiso por parte de Biden–, los continuos vaivenes de Scott Morrison (primer ministro australiano) con China y el reciente resurgir de la conflictividad fronteriza entre China e India, han facilitado un mayor progreso del diálogo cuadrilátero, lo que revitaliza el Quad y el proyecto del FOIP. 

Por otro lado, la otra región clave para Japón es la ASEAN. La ASEAN es uno de los socios más importantes del FOIP de Japón en términos de elaboración de reglas y establecimiento de normas. En noviembre de 2016, el ministro de Defensa japonés, Tomomi Inada, anunció la “Visión de Vientiane”, un principio rector de la cooperación en defensa de Japón con la ASEAN, en la segunda reunión informal de ministros de defensa de la ASEAN y Japón celebrada en Laos en 2016. La visión enfatizó en que “Japón apoya los esfuerzos de la ASEAN para defender los principios del derecho internacional, especialmente en el campo del espacio marítimo y aéreo”.

Cuatro años después del lanzamiento de la “Visión de Vientiane”, en la sexta cumbre de los ministros de defensa ASEAN-Japón, la iniciativa fue rebautizada como la Visión de Vientiane 2.0, incluyendo tres novedades: 

  1. Introducción de los tres principios de la cooperación ASEAN-Japón: cooperación de corazón a corazón, cooperación duradera y personalizada, cooperación igualitaria y abierta. 
  2. Introducción del concepto de resiliencia para apoyar la centralidad y unidad de la ASEAN.
  3. Propulsar la sinergia entre las perspectivas de la ASEAN en el Indo-Pacífico y la FOIP de Japón. 

El proyecto de inversión en infraestructuras japonés

En el ámbito económico, Japón pretende posicionarse como el líder económico del libre comercio en el Indo-Pacífico, estableciendo una alternativa a la creciente hegemonía económica china y apuntalando y transformando el sistema comercial (en varios dominios como propiedad intelectual, empresas estatales, derechos laborales, comercio electrónico o inversión extranjera) en uno ajustado a las necesidades de la economía japonesa en las próximas décadas.

La inversión en infraestructuras será uno de los principales ejes contrarrestando la BRI (Fondo de la Ruta de la Seda), el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB en sus siglas en inglés) y los bancos chinos de propiedad estatal, China Exim Bank y China Development Bank.

Japón no quiso quedarse atrás y, ya en 2013, comenzó a diseñar estrategias para incrementar las inversiones japonesas en toda Asia con un enfoque especial tanto en la calidad como en la cantidad.

Los cuatro pilares para Japón son la expansión y aceleración de la asistencia a través de JICA (Agencia de Cooperación Internacional de Japón), una mayor colaboración con el Banco Asiático de Desarrollo (dentro del cual Japón tiene una amplia influencia), una mayor participación del JBIC (Banco de Japón para Cooperación Internacional) en proyectos con un perfil de alto riesgo y la promoción de la importancia de una infraestructura de calidad a nivel mundial mientras se desarrollan estándares internacionales.

A través de este esquema, Japón tiene la intención de movilizar más de 110 mil millones de dólares estadounidenses para la financiación de infraestructura. Entre estos proyectos podemos mencionar, por ejemplo, las Zonas Económicas Especiales de Thilawa y Dawei (ambas en Myanmar) o el puerto de Patimban en Java Occidental. Con esta perspectiva, Japón busca establecer una serie de prioridades como la resiliencia, la seguridad social, el medio ambiente o el desarrollo de recursos humanos. 

El legado de Abe en el Sudeste Asiático

A pesar de toda esta serie de proyectos, la iniciativa japonesa del FOIP ha despertado recelos en el seno de la ASEAN y ha generado una cierta división de opiniones entre los distintos países de la región. En primer lugar, los países de la ASEAN temen que este proyecto desplace la centralidad de la región del Sudeste Asiático. El FOIP no ha sido acogido con entusiasmo en el seno de la ASEAN y lanzó en 2019 su propia visión, la “ASEAN Outlook on the Indo-Paficic”, buscando evitar que la creciente competición para contrarrestar el creciente poder chino en la región pudiera derivar en un juego de suma cera que en, última instancia, fuera devastador para el Sudeste Asiático.

Por otro, algunos señalan que esta iniciativa es una iniciativa excluyente, es decir, debido a su nacimiento como estrategia para hacer frente a la creciente importancia de China y para contrarrestar el proyecto de la Belt and Road Initiative, temen que esto obligue a los países de la ASEAN a posicionarse con uno u otra potencia, promocionando una nueva guerra fría (China-EE. UU./Japón) y generando una división en el seno de la ASEAN. 

En conclusión, la administración de Shinzo Abe ha acelerado un proceso que se inició tras el final de la Guerra Fría, buscando un papel más proactivo en la sociedad internacional, sobre todo en el ámbito de la seguridad y en el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales.

A pesar de un significativo avance en las relaciones con la ASEAN y de toda una serie de proyectos, la iniciativa japonesa del FOIP no ha ganado precisamente demasiados amigos dentro del Sudeste Asiático. Sin embargo, los grandes planes de inversión japoneses contribuyen a una diversificación de la inversión en la región, lo que, por una parte, limita una excesiva dependencia de China y, por otra, permite a los países de la región, especialmente aquellos con un menor desarrollo económico, tener más opciones para desarrollar una infraestructura que en algunos casos ha limitado su desarrollo económico.

Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

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