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La lección que deberíamos aprender de la “diplomacia de las vacunas” china

Las vacunas chinas han estado en el ojo del huracán durante los últimos meses debido a las dudas sobre su eficacia y por su poca transparencia. No obstante, Occidente tiene una lección que aprender de la “diplomacia de las vacuna” china a pesar de todas las controversias.

La pandemia provocada por el COVID-19 ha cambiado completamente nuestras vidas, pero también ha supuesto un cambio en las relaciones internacionales y en la política exterior de los países. Para muchos expertos, estamos viviendo una nueva Guerra Fría. Así, China está usando su ayuda médica –y, ahora, sus vacunas– para mejorar su poder blando o incluso para aumentar su control geopolítico en el extranjero. En definitiva, para mejorar su imagen exterior tras el origen de la pandemia en Wuhan.

La diplomacia de la ayuda médica no mejoró en muchos casos la imagen exterior, dada las numerosas polémicas por la calidad de los productos médicos y sanitarios que proporcionó a numerosos países. Ahora, con las vacunas, busca revertir esta tendencia, sobre todo en los países de ingresos medios y bajos situados en Asia, América Latina, Oriente Medio y África del Norte y el África Subsahariana. Además, China ha prometido 10 millones de dosis para el programa Covax, la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud para el acceso equitativo a las vacunas.

Ventas
Indonesia155 millones de dosis
Turquía100 millones de dosis
México67 millones de dosis
Marruecos41 millones de dosis
Egipto40 millones de dosis
Fuente: Verónica Bablová. Link: https://merics.org/en/opinion/injecting-influence-chinas-vaccine-diplomacy-central-and-eastern-europe
Donaciones
Filipinas600.000 dosis
Pakistán500.000 dosis
Nepal500.000 dosis
Venezuela500.000 dosis
Zimbabue400.000 dosis
Fuente: Verónica Bablová. Link: https://merics.org/en/opinion/injecting-influence-chinas-vaccine-diplomacy-central-and-eastern-europe

China ha reiterado en numerosas ocasiones que las vacunas chinas iban a ser un “bien público global”. Según el South China Morning Post (SCMP), China parece estar dando mayor prioridad por el momento a la “diplomacia de las vacunas” que a la inoculación nacional. Así, según los datos del propio SCMP, China ha enviado al menos 46 millones de vacunas por el mundo, mientras que en el país sólo ha administrado 40,56 millones de dosis.

Los líderes chinos también han insistido en negar una doble intencionalidad en la “diplomacia de las vacunas”, no obstante, esta podría haberse vinculado en cierta manera al comercio. Por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores de Argelia, Sabri Boukadoum, dijo recientemente que su país estaba agradecido por la asistencia de vacunas chinas y expresó su voluntad de promover la Belt and Road Initiative.

En esta nueva diplomacia de la “pandemia”, Beijing ha priorizado principalmente Asia y, en concreto, el Sudeste Asiático. Nueve de los diez países de la ASEAN –con la excepción de Vietnam– están en camino de usar las vacunas chinas. China ha prometido donaciones a Brunei, Camboya, Laos y Myanmar. Filipinas recibió también una donación, que después se convirtió en una compra de vacunas chinas. Finalmente, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia compraron vacunas chinas directamente.

Indonesia fue uno de los primeros países en recibir las vacunas chinas (más de un millón) y ha sido el principal importador de vacunas chinas del mundo, con más de 100 millones de dosis ya compradas.

En África, las vacunas chinas también están entrando en juego. Varios países ya han expresado su interés por comprar vacunas chinas dada el limitado alcance del programa Covax de la OMS. Zimbabue, por ejemplo, tras recibir una generosa donación de vacunas chinas, ya ha encargado la compra de más de millón y medio de dosis de vacunas chinas a un precio preferencial.

Respecto a la región de Oriente Medio y el norte de África, los Emiratos Árabes Unidos fue el primer país fuera de China en aprobar las vacunas chinas, alcanzando además un acuerdo para fabricar la vacuna Sinopharm. Marruecos también ha llegado a un acuerdo para producir las vacunas y distribuirlas a otros países africanos.

América Latina ha sido el otro objetivo de las vacunas chinas. Dado que en Brasil se realizaron ensayos de las vacunas chinas, estas gozan de confianza dentro de la región. Prácticamente la totalidad de los países latinoamericanos han recibido donaciones o han comprado dosis a China, a excepción de aquellos países que aún reconocen a Taiwán.

La última de las regiones donde ha llegado las vacunas chinas ha sido a Europa. Serbia ya ha comenzado a administrar la vacuna Sinopharm, mientras que Bielorrusia, Bosnia Herzegovina, Montenegro, Macedonia del Norte y Ucrania están camino de hacerlo. Incluso dentro de la Unión Europea, sin haber sido aprobada por la Agencia Europea de Medicamentos, Hungría lo está usando, República Checa lo ha pedido y Polonia está considerándolo.

Las vacunas chinas han sido largamente difamadas en los medios de comunicación occidentales durante los últimos meses y acusada de ser utilizada como un medio para ganar influencia por parte de China. No obstante, hay que tener en cuenta que el principal destino de las vacunas chinas han sido los países de renta media y baja, mientras que Occidente lucha por quedarse con las vacunas para ellos mismos y los demás “que se busquen la vida”.

Thedos Adhanom, director general de la OMS, ya dio un toque de atención a los países más avanzados el 1 de marzo: “Es lamentable que algunos países sigan dando prioridad a la vacunación de los adultos más jóvenes y sanos con menor riesgo de enfermedad en sus propias poblaciones, por delante de los trabajadores sanitarios y las personas mayores de otro lugares”.  

Quizás, por una vez, toque mirarse el ombligo y hacer autocrítica. Mientras la Unión Europea anda peleándose con el Reino Unido por el número de vacunas sin dejar migas al resto del mundo, criticamos las donaciones de vacunas chinas a los países menos avanzados.

Independientemente de su “doble intencionalidad” –que seguramente las haya–, las vacunas chinas contribuyen a inocular a las poblaciones donde Occidente no ha permitido que lleguen las vacunas. Una rápida inmunización permitiría que puedan recuperar sus economías en el periodo post-COVID19.

Más sobre China

Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

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