Categorías
Artículos China Diplomacia Indonesia Sudeste Asiático

Los límites de las relaciones China-Indonesia

En 2020 se celebró el 70 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre la República de Indonesia y la República Popular China (RPCh) en un momento en el cual se encuentran en su punto más álgido desde la época de Sukarno. En los últimos años, los lazos entre Beijing y Yakarta han aumentado considerablemente no sólo en el ámbito comercial y económico, con China afianzándose como el principal socio comercial y segundo inversor, sino también en el ámbito cultural y de la defensa.

Un vector clave para el desarrollo de los lazos ha sido la convergencia de intereses entre la Iniciativa de la Franja y la Ruta –Belt and Road Initiative (BRI)– china y la política del “Fulcro Marítimo Global” –Global Maritime Fulcrum (GMF)– indonesia propuesta por el presidente Joko “Jokowi” Widodo en 2014.

Para China, Indonesia juega un papel fundamental dentro de sus ambiciones respecto a la versión marítima de la BRI debido a su particular situación geográfica, pues es imposible concebir el éxito sin una importante participación de este archipiélago. No es de extrañar, por tanto, que en el año 2013 Xi Jinping anunciara este proyecto en el Parlamento indonesio. Desde entonces, Beijing ha priorizado la inversión en este país y, bajo el paraguas de la BRI, se han desarrollado varios proyectos como el tren de alta velocidad Yakarta-Bandung.

Para Indonesia, la BRI supone una oportunidad para aumentar la inversión extranjera directa (IED) en el país y el comercio, además de ser una oportunidad para el desarrollo de infraestructuras destinadas a la interconectividad dentro de las islas y promover su ambición de convertirse en un punto estratégico para el comercio global bajo la política del GMF.

La crisis sanitaria mundial del COVID-19, según señalan los expertos, ha fortalecido aún más los lazos bilaterales. Indonesia fue uno de los primeros países en recibir las vacunas chinas –1,2 millones– en diciembre y ha sido el principal importador de vacunas chinas del mundo, con 50 millones de dosis de Sinovac y 60 millones de dosis de Sinopharm ya compradas. Asimismo, Jokowi ha sido el primer líder mundial importante en recibir una inyección de una vacuna china.

Las islas Natuna y el Mar de China Meridional

No obstante, a pesar del incremento de los lazos, las relaciones se encuentran con varias problemáticas que limitan el avance hacia unas relaciones, en términos de Xi, de “amistad férrea”. Al igual que otros países dentro de la región, las reclamaciones chinas en el Mar de China Meridional (MChM) suponen un gran desafío para las relaciones. En el caso de Indonesia, la “línea de los nueve puntos” china alcanza en su punto más meridional su Zona Económica Exclusiva (ZEE), al norte de las Islas Natuna.

La creciente asertividad china en sus reclamaciones ha creado algunos choques recientes como ocurrió en 2016, cuando varios barcos pesqueros chinos fueron interceptados por la Armada indonesia; o en enero de 2020, cuando en plena crisis del coronavirus, varias flotas pesqueras se adentraron en territorio indonesio en el MChM con el apoyo de la guardia costera china, lo que condujo a una enérgica protesta diplomática ante la ONU.

En respuesta a las incursiones chinas de 2020, en una demostración de fuerza, la Armada indonesia llevó a cabo un ejercicio militar de cuatro días en julio cerca de las islas Natuna y el país aumentó el número de patrullas destinadas a lo que es conocido en Indonesia como el Mar del Norte de Natuna.

El sentimiento anti-chino

La otra gran problemática es el persistente sentimiento anti-chino en la sociedad indonesia. Aunque podemos trazar sus inicios durante la colonización holandesa en el siglo XVIII, tuvo su gran auge durante la dictadura de Suharto. El “miedo rojo” que llevó a la suspensión de las relaciones diplomáticas con la RPCh desde finales de los años 60 hasta los 90, también llevó a una prohibición de la enseñanza del chino, la celebración de festividades chinas e incluso a la obligación de adoptar nombres indonesios.

El culmen del sentimiento anti-chino tuvo lugar en las protestas originadas por la crisis financiera asiática de 1997, cuya violencia tuvo como una de sus principales dianas a la minoría étnica china del país, dejando más de 1.000 indonesios de origen chino muertos y cientos de comercios y fábricas chinas saqueadas y quemadas.

Los manifestantes consideraron a este grupo étnico como uno de los principales causantes de la crisis económica. El fundamento principal era la suposición generalizada de que los indonesios chinos controlan el 70% de la economía a pesar de que constituyen únicamente el 3% de la población, es decir, la presunción de que los indonesios chinos dominan los círculos comerciales y acaparan la riqueza a expensas de los primubi o los indonesios nativos.

La base de esta afirmación se encuentra en un discurso pronunciado por Suharto a finales de los años 60 en Tokio, aunque no existe ninguna investigación sólida que lo demuestre.  No obstante, el hecho de que al menos la mitad de las 20 personas más ricas del país sean de origen étnico chino es un buen indicador de su fuerte presencia en la economía.

Paradójicamente, la gran violencia de 1998 dio paso al reflorecimiento de la cultura china. Los primeros presidentes democráticos retiraron las prohibiciones impuestas por Suharto y la cultura china volvió a las calles de Indonesia.

De igual forma, con la apertura democrática, los indonesios chinos fueron incorporándose paulatinamente a la vida pública y política del país. Pronto emergieron nuevas figuras políticas de origen étnico chino como los ministros Kwik Gian Gie o Mari Pangetsu.

El gran problema que surgió –y que sigue latente en la sociedad– es el cuestionamiento de la lealtad de estos nuevos políticos. Con el creciente auge de China, muchos se preguntan si estos complacerán al gobierno chino a expensas de los intereses nacionales. Esto aparece ejemplificado en las fake news que circulaban por las redes sobre el supuesto origen chino de Jokowi como causa del mayor acercamiento a China. Este miedo se ha exacerbado aún más con la detención de Dickson Yeo, un ciudadano singapurense que confesó ser un espía de China en Estados Unidos.

Las reticencias han provenido principalmente de los sectores más conservadores –principalmente islámicos– de la sociedad, algo que se apreció en las protestas de 2016 contra el exgobernador de Yakarta de origen étnico chino, Basuki Thahaja Purnama –más conocido como Ahok–, donde los protestantes salieron con banderas negras islámicas en respuesta a unas declaraciones llamando a hacer caso omiso a un precepto islámico. Otra cuestión subyacente al sentimiento anti-chino en los sectores islámicos es el tema de los uigures, que ha captado un creciente interés internacional.

Siguiendo esta línea, la principal figura de la oposición y aglutinador del voto conservador, Prabowo Subianto –ahora en el puesto de ministro de Defensa–, ha adoptado un discurso de confrontación frente a China frente a la postura más conciliadora de Jokowi. Por el momento, la retórica anti-China de Prabowo no ha ganado la suficiente importancia en el país, pues Jokowi ganó holgadamente las elecciones de 2019. No obstante, en términos generales, a pesar de la creciente interdependencia y los intereses compartidos, las relaciones bilaterales se verán constreñidas por el difícil equilibrio que tiene que ejercer el presidente indonesio entre la posibilidad de unos lazos más estrechos con Beijing y el aumento del sentimiento anti-chino tan persistente en la sociedad.

De la misma forma, el tamaño tanto territorial como económico –las previsiones sitúan al archipiélago indonesio como la cuarta potencia económica mundial en 2050–, la importancia geoestratégica y el anhelo de convertirse en una potencia intermedia también suponen un límite al estrechamiento de los lazos, dada su aspiración a una política exterior independiente tanto de China como del resto de potencias. Como el principal país de la región, Yakarta ha jugado un rol esencial en el planteamiento del “ASEAN Outlook on the Indo-Pacific” en respuesta al Free and Open Indo-Pacific (FOIP) de Estados Unidos y Japón, buscando mantener la centralidad de la ASEAN y, por tanto, mantener un equilibrio en la creciente competición sino-estadounidense.

Publicado originalmente en el Observatorio de Política de China. Link: https://politica-china.org/areas/politica-exterior/los-limites-de-las-relaciones-china-indonesia

Más sobre el Sudeste Asiático

Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s