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La tensión escala: el papel internacional en Myanmar

Ya van más de 60 personas fallecidas desde el inicio de las protestas tras el golpe militar de principios de febrero y la detención de los líderes de la Liga Nacional para la Democracia (LDN), incluyendo su líder, Aung San Suu Kyi.

Las presiones internacionales aumentan, pero el Tatmadaw –como es conocido el ejército de Myanmar– parece que no va a ceder y, los protestantes, tampoco. Las potencias occidentales han sancionado a los líderes militares y han congelado sus activos, pero por el momento, estas sanciones han tenido poco efecto. Mientras tanto, la ASEAN ha intentado negociar sin demasiado éxito con la junta militar.

Durante la jornada del martes, los ministros de Asuntos Exteriores de la ASEAN se reunieron para tratar la cuestión de Myanmar, pero al parecer, la junta militar no ha estado muy receptiva en cuanto al establecimiento del diálogo según comentó el ministro de Asuntos Exteriores de Indonesia.

Los países de la ASEAN se encuentran preocupados por la escalada de la violencia en Myanmar, ya que supone una desestabilización de la región y muchos de ellos tienen fuertes intereses en el país. Por ejemplo, Singapur tiene una especial preocupación en calidad de ser primer inversor extranjero de Myanmar.

La particular forma de proceder de la organización y el principio sacrosanto de “no interferencia en asuntos internos” les deja atados de pies y de manos. Retno Marsudi, ministra de Asuntos Exteriores de Indonesia, señaló que el principio de no injerencia es un deber y ningún país de la ASEAN tiene intenciones de violar este principio.

No obstante, durante las últimas dos semanas ha subido el nivel de condena por el uso de fuego real contra la población civil en Myanmar por parte de los países de la ASEAN. Hishammuddin Hussein, ministro de Asuntos Exteriores malayo, sugirió tres propuestas : la creación de un grupo de “personas eminentes” para supervisar los asuntos electorales que están en el centro de la disputa militar con Aung San Suu Kyi; una visita a Myanmar del secretario general de la ASEAN, Lim Jock Hoi, y el sultán Hassanal Bolkiah de Brunei (actual presidente de la Asean); y el establecimiento de una “Troika de la Asean” para el compromiso entre la Asean, Myanmar y las potencias externas. Por el momento, estas propuestas no han llegado a buen puerto.

Estados Unidos, por su parte, ha condenado firmemente el golpe y ha establecido sanciones y ha congelado activos de los militares burmas en territorio estadounidense. En el futuro próximo, busca establecer nuevas sanciones.

Ned Price, portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., señaló además la necesidad de un mayor compromiso por parte de China, ya que considera que tiene una mayor influencia en la junta militar de Myanmar. En sus palabras: “China tiene influencia en la región. Tiene influencia con la junta militar. Hemos pedido a los chinos que utilicen esa influencia de una manera constructiva, de una manera que promueva los intereses del pueblo de Birmania ”.

El caso de China es particular. Aunque el embajador chino en Myanmar, Chen Hai, señaló no era en absoluto lo que China quería ver en Myanmar, China no ha condenado firmemente el golpe a diferencia de los países occidentales. Los medios de comunicación chinos calificaron el golpe como una simple “reorganización del gabinete”. Asimismo, bloqueó un borrador de condena propuesto por el Reino Unido en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptando finalmente un documento mucho más comedido. El principio de “no interferencia” parece prevalecer en este sentido.

Algunos señalan que China podría haber tenido algo que ver en el golpe militar ayudando al Tatmadaw. Así los mostraron los manifestantes, que también se han concentrado a las puertas de la embajada china en Myanmar exigiendo a los chinos retirar su ayuda a la junta militar. No obstante, no parece probable un interés chino por apoyar a la junta.

La última experiencia de gobierno militar en Myanmar optó por distanciarse de la influencia china. El primer gobierno civil, bajo el mandato de Thein Shein –del Partido de la Unión, Solidaridad y el Desarrollo, apoyado y creado por los militares– continuó con la política de distanciamiento de China legado de los últimos años de dictadura militar.

La llegada de la LND en 2015, para sorpresa, supuso un cambio de dirección, mostrándose más favorable a China. Su líder, Aung San Suu Kyi, se mostró entusiasta con el proyecto chino de la Belt and Road Initiative (BRI) y agradeció el apoyo chino en la cuestión Rohingya cuando Myanmar fue condenada internacionalmente. Por tanto, es probable que los chinos prefieran el mantenimiento del statu quo en Myanmar y seguir tratado con la LND.

Japón se ha mostrado extremadamente cauto. Al igual que Singapur, Japón tiene unos fuertes intereses económicos y comerciales en Myanmar, dado que es uno de sus tres mayores inversores extranjeros. El creciente interés de Japón en maximizar su influencia en Asia con el fin de contrarrestar la influencia china hace que surja un dilema en cuanto al establecimiento de sanciones como ya han hecho los europeos o Estados Unidos.

En este sentido, Anthony Khun señala: “Japón se enfrenta a un dilema multifacético: si sanciona al ejército en nombre de una política exterior basada en valores, como lo ha hecho EE. UU., puede perder el acceso y la influencia sobre los líderes militares de Myanmar. Como inversor extranjero clave en Myanmar, también puede perder intereses comerciales. Y puede perder la ventaja en la competencia geopolítica con China.”

En esta tesitura, por el momento, parece complicado que el papel internacional tenga sus efectos en la restauración de la democracia. Las sanciones de las potencias occidentales no están surtiendo el efecto deseado. La ASEAN no está dispuesta a romper sus principios de “no interferencia”, así como China. Japón se encuentra en un dilema y ha adoptado un papel parecido al de los países de la ASEAN o China, del que difícilmente salga hacia una postura parecida a la de las potencias occidentales. Mientras tanto, el Reino Unido ha vuelto a pedir una reunión de emergencia en el Consejo de Seguridad de la ONU para tratar la cuestión de Myanmar. La cuestión de Myanmar va para largo.

Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

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