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Corea del Sur y Japón: unas relaciones marcadas por la historia

Los últimos tres años han sido, quizás, los tres peores años en las relaciones entre Corea del Sur y Japón tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en el año 1965. El detonante de la escalada en las diferencias entre ambos países dio inicio con una sentencia del Tribunal Supremo coreano por el cual ordenaba a las empresas japonesas Nippon Steel y Mitsubishi Heavy a pagar compensaciones a los trabajadores forzados durante la invasión japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Mitsubishi Heavy se negó a acatar la decisión, lo que llevó a una congelación de activos japoneses en Corea del Sur. 

El problema que aquí surge es que Japón considera que estas cuestiones quedaron completamente resueltas con la firma del Tratado de 1965, mediante el cual, Japón entregaba a Corea 500 millones de dólares en forma de subsidios y préstamos por los cuales, a cambio, Corea del Sur ponía fin de forma definitiva a las reclamaciones históricas. Por tanto, para Japón, la sentencia fue inaceptable, además de considerarla como contraria al Derecho Internacional.

Por su parte, la percepción surcoreana es que este tratado se produjo en una época de asimetría en cuanto al desarrollo económico entre ambas naciones y, por tanto, estas cantidades se consideran insuficientes. Asimismo, muchos afectados por la colonización japonesa señalan que las cantidades entregadas en el tratado de 1965 no fueron indemnizaciones individualizadas, sino que fueron a parar al desarrollo económico del país. 

Esta trifulca sobre cuestiones no resueltas de la Segunda Guerra Mundial escaló notablemente en agosto de 2019, cuando Japón decidió unilateralmente retirar a Corea del Sur su estatus de socio comercial preferente e imponer controles a las exportaciones coreanas en el sector electrónico, uno de los sectores fundamentales para la economía coreana. Por su parte, como respuesta, Corea del Sur decidió finalizar con el tratado por el cual se compartía información relativa a la inteligencia, ya que consideraban que las acciones japonesas suponían un peligro a su seguridad nacional. 

La guerra comercial declarada por Japón generó un gran rechazo por parte de la población coreana. Dio lugar al inicio de un boicot a los productos japoneses y a un gran número de protestas anti-japonesas. Además, se dejaron de consumir productos japoneses, el turismo coreano a Japón se desplomó e incluso la industria de ocio –películas, series, manga, videojuegos, etc. – se vio gravemente afectada. Un ejemplo fue la empresa textil japonesa Uniqlo, que vio caer en Corea del Sur un 40% su negocio durante el año 2019.  

Además de la cuestión de los trabajos forzosos, otra importante fricción entre ambos países es la cuestión de las denominadas “mujeres de confort”, es decir, mujeres que fueron esclavizadas sexualmente por las tropas imperiales japonesas durante la II Guerra Mundial. Este problema se resolvió durante la administración de Park Geun-hye en 2015 por el cual el Japón de Abe aceptaba compensar con la cantidad demandada por la parte surcoreana (aproximadamente unos 9 millones de dólares). Sin embargo, este acuerdo se echó abajo tras la negativa de las diferentes asociaciones de las “mujeres de confort», que señalaban no haber sido lo suficientemente consultadas. 

La aceptación de la compensación fue acompañada por una disculpa por parte de la administración japonesa, aunque ya se había realizado otra disculpa pública en los años sesenta. No obstante, varios hechos suscitan las sospechas sobre la sinceridad de las disculpas. Por un lado, las continuas visitas de Shinzo Abe al polémico santuario Yasukuni, un santuario creado en 1865 para honrar a los soldados caídos. La inclusión de 14 soldados que son considerados como criminales de guerra ha generado una gran tensión tanto con Corea del Sur, como con China. Por otro lado, la revisión de los libros de texto durante la administración Abe que suavizan la historia imperial de Japón e incluso niegan la existencia de las “mujeres de confort”. Estos factores dificultan en gran medida la generación de una confianza sobre la sinceridad de las disculpas oficiales ofrecidas por Japón, lo que genera un sentimiento anti-japonés en varios países asiáticos que fueron víctimas del expansionismo y la colonización japonesa. 

Toda esta trifulca también ha tenido sus consecuencias para las relaciones internacionales y sobre todo para la región de Asia-Pacífico. El empeoramiento de las relaciones bilaterales entre Japón y Corea afecta a la posible adhesión por parte de Corea del Sur al proyecto abanderado por Abe, el Free and Open Indo-Pacific (FOIP). No obstante, hay que tener en cuenta que el presidente surcoreano, Moon Jae-in, ha centrado sus esfuerzos principalmente en la resolución de la cuestión de la península coreana o, al menos, en la mejora de relaciones con su vecino del norte. En este sentido, Moon ha llevado a cabo una política exterior mucho más discreta que Japón y Estados Unidos en la región respecto del ascenso de China. Para la administración de Moon, China es un vector fundamental para la cuestión norcoreana debido a su condición de principal socio de Corea del Norte. Por tanto, siempre ha procurado ser cauteloso a la hora de abordar las cuestiones relacionadas con China. 

Con la llegada de Yoshihide Suga (también Partido Liberal Democrático) como primer ministro en sustitución de Shinzo Abe en Japón, parece que las tensiones han tenido a relajarse. No obstante, la previsión de que Suga siga una línea continuista respecto de la política exterior japonesa de Abe dificulta en gran medida una resolución a corto plazo de las diferencias con Corea del Sur. La negativa por ambas partes para ceder en sus posturas dificulta enormemente una resolución. En enero de 2021 se añadió otro obstáculo más a la resolución de este conflicto, cuando un tribunal de Seúl publicó un veredicto por el cual requería al gobierno japonés pagar 91.00 dólares a 12 mujeres de confort. 

En conclusión, si la relación bilateral no tiende a mejorar en los próximos años, tendrá una gran impacto en el desarrollo geopolítico y de poder en Asia-Pacífico, y las capacidades de los esfuerzos japonés y estadounidense para limitar el poder chino en la región. La recientemente elegida administración de Biden va a tener un arduo trabajo por delante para solucionar una cuestión que afecta a dos de sus aliados más fieles en la región y a sus crecientes esfuerzos por contener la expansión de la influencia china en Asia.

Por Bienvenido Tingyi Chen Weng

Co-fundador del OPAP. Interesado en la política exterior china y del Sudeste Asiático, así como las relaciones intra-Asia Pacífico.

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